“Para unos era una monja laica, una matrona sin sexo, una virgen infinita con niños descalzos a sus pies. Para otros, una profesional del drama, una artista del fingido desgarro. En algún lugar, entre las dos cosas, estaba ella. Fumaba bárbaramente desde los 14, odiaba el frío y los lugares llanos, medía más de un metro ochenta, usaba el pelo atado en la nuca, vestía con severidad exasperante, tan igual a sí misma a lo largo de décadas que, más que un desinterés por su aspecto, parecía un calculadísimo mensaje”. Leila Guerriero
“Gabriela Mistral tomó la palabra ‘desolación’ para entenderla, toda la enormidad de relaciones conceptuales que ello implica, como descubrimiento o imposición, después de la muerte de un anterior Dios y el silencio de escritura que a esa muerte sigue, de otro Dios, vale decir, de otra escritura”. Patricio Marchant
“Esta Gabriela Mistral no es sólo otra maldita escritorucha a la que los bobos suecos dan un premio… Gabriela sabía algo que no tenían que decírselo”. Ezra Pound
Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga (pseudonym: Gabriela Mistral), a Chilean poet, educator, diplomat, and feminist, was awarded the Nobel Prize in Literature in 1945 "for her lyric poetry which, inspired by powerful emotions, has made her name a symbol of the idealistic aspirations of the entire Latin American world." Some central themes in her poems are nature, betrayal, love, a mother's love, sorrow and recovery, travel, and Latin American identity as formed from a mixture of Indian and European influences.
Ay, Gabriela, nunca la había leído y qué bien puesto tiene el nombre este libro: Desolación. Es dolor a carne viva, desamor fuerte, herida abierta. Algo que me sorprendió mucho fue ver el cristianismo y la religiosidad de la Mistral, no tenía idea de que fuese tan creyente. Cada vez que exclama al cielo de dolor, invoca a Dios o al Señor o Algo Superior Cristiano, escribe poemas sobre el dolor de Cristo en la cruz, escribe poemas que repasan pasajes de la biblia. Impresionante. Obviamente, tiene versos bellos, lúcidos, punzates, que tocaron mi corazón, acá algunos extraídos de distintos poemas:
Ya en la mitad de mis días espigo esta verdad con frescura de flor: la vida es oro y dulzura de trigo, es breve el odio e inmenso el amor.
¡Tengo una vergüenza de vivir de este modo cobarde! ¡Ni voy en tu busca ni consigo olvidarte!
Tengo miedo y tengo amor.
Me alejaré cantando mis venganzas hermosas.
Quisiera hacer las marchas sonriendo y confiando ahora que has venido; pero hasta en el dormir estoy temiendo y pregunto entre sueños: "¿No te has ido?".
Dulce en la gravedad, severa en el amor.
Cien veces la miraste, ninguna vez la viste.
Cabe el mundo entero en una canción: se trenza hecha mirto con el corazón.
pero lloro por mí, mezquina e indecisa, que me mancho si caigo y que vacilo si ando.
Creo en mi corazón siempre vertido pero nunca vaciado.
Madre mía, pero tú sabes: más me hirieron de lo que herí.
Aun era heroica y fuerte, porque aún te tenía.
¿Con esta pobre boca que ha mentido se ha de cantar?
Es difícil de leer igual, tiene una prosa poética sobre el sentir muy universal con la que a veces me cuesta enganchar. Me gustó que haga rimas, porque cuando intento escribir poesía también me sale así. Bacán la Mistral, bacán leerla y que siga aquí.
Terminé desolada. No leía poesía desde el 2019, año en que abusé del género y quedé media atiborrada por lo que el 2020 decidí volver a las novelas o crónicas. Aparte a la Mistral le tenía demasiado respeto; como dice el Nico "A Mistral hay que leerla con el diccionario al lado", entonces me daba un poquito de miedo leerla y no entender nada, por eso la patié harto (Lagar lo he comenzado 2 veces y no he podido terminarlo). Solo puedo decir que si hubiera leído Desolación el año pasado, hubiera encontrado muy grata compañía y entendimiento, pero como ese no fue el caso, tuve que evocar un poco a la Victoria del pasado para inmiscuirme con la intensidad de Mistral. A pesar de no encontrarme en su mismo mood, viví cada uno de sus poemas y por primera vez sentí que este sería un libro que me gustaría releer eventualmente. Y aunque sea una patudez compararme con Mistral, me gusta creer que siento igual de profundo que ella.
Con el mentón caído sobre la mano ruda, el Pensador se acuerda que es carne de la huesa, carne fatal, delante del destino desnuda, carne que odia la muerte, y tembló de belleza.
Y tembló de amor, toda su primavera ardiente, y ahora, al otoño, anégase de verdad y tristeza. El "de morir tenemos" pasa sobre su frente, en todo agudo bronce, cuando la noche empieza.
Y en la angustia, sus músculos se hienden, sufridores. Cada surco en la carne se llena de terrores. Se hiende, como la hoja de otoño, al Señor fuerte
que le llama en los bronces... Y no hay árbol torcido de sol en la llanura, ni león de flanco herido, crispados como este hombre que medita en la muerte.
Es el primer acercamiento que tengo a Mistral después de haber terminado la escuela. Sus poemas me parecieron sublimes y de fuerte carga religiosa, donde hay figuras que se repiten (la sangre, la carne que duele, la maternidad, la vida y la muerte). Tal vez no sean de mi gusto particular, pero son muy buenos y no dudo que a mucha gente le pueden llegar a gustar más. Me quedo con algunos poemas, como “La maestra rural”, “Interrogaciones” y “La oración de la maestra”.
Pocas veces he sentido éxtasis al leer un libro. Al pasar por la sección "Dolor" y "Prosa" sentí lo que dijo Mistral en el poema 'El ruego', es decir, tener "el corazón entero a flor de pecho". Dios santo, ¡qué hermosura! Es que realmente no puedo describir lo que sentí mientras leía Desolación. Creo que no hay nadie como Mistral al momento de describir el dolor de los seres humanos por el desamor y la muerte. Con esos poemas ella logró estremecer cada centímetro de mi cuerpo, me hizo llorar, suspirar y admirarla aún más.
¿Qué habría sido de mi vida si hubiese tenido una profesora así? Y no es por ser injusta con mis maestras de primaria (que eran muy buenas, todas ellas normalistas), pero me encantaría haber tenido esa experiencia, haber conversado de poesía y literatura con ella, y de tantas otras cosas. No sabía que Mistral también escribió cuentos. En este libro hay algunos muy bonitos, como "Por qué las cañas son huecas".
A continuación, les dejo mis poemas favoritos de esta obra:
- Volverlo a ver - Coplas - El ruego - Poema del hijo - La oración de la maestra - Poemas del éxtasis - El niño solo - A la virgen de la cocina -Credo - Gotas de hiel - Tribulación - Interrogaciones - Vergüenza - Balada de la estrella - Encantamiento -Poemas de la madre más triste
Desolación es una obra, a mi parecer, y como no puede ser de otra forma en la poesía, muy personal de su autora. Sus obsesiones respecto a Dios y la religión, la maternidad, la vida, la muerte y la asociación del amor con el dolor están presentes en todas y cada una de las piezas de la poetisa que aquí se muestran.
En esta colección de poemas, Gabriela escribe sobre el dolor y pesar, transmitidos con tanta sensibilidad que amé su manera de escribir. Mis poemas favoritos fueron: “Los tres Sonetos de la muerte”, “Nubecitas blancas” y “Coplas”. Qué bonitos. (bien por mi hermana terminarlo, ella ya no soportaba escucharme leer en voz alta)
These poems are so imbued with the Christian religion that most of the time we seem to have chosen the wrong book. In a context of post-war, where most authors were likely either not producing anything or not their best Mrs Mistral was a Nobel laureate. Today this would be overkill.
Desolación es la palabra que se viene a la cabeza de una joven Gabriela Mistral observando la Patagonia. Poemario magistral de la primer premio Nobel de Latam. Mujer, poeta, profesora, diplomática, viajera, aventurera... extraordinaria, pero muy poco valorada.
Me fascinó la prosa casi bíblica de Gabriela Mistral y como a partir de bellos poemas expone sus más profundos sentimientos hacia el amor, la religión y la triste filosofía que ambas llevan detrás. También desnuda su alma a un escribir erotico y consciente de la magia de la poesía y como a través de ella podía ser su propia expresión del sentir.
Expone breves discursos sobre la maternidad, el ser y el existir tanto del ser humano como de la naturaleza, y lo hace delicadamente enfocándose en el sentir y el pensar.
La vida y la muerte son protagonistas de sus más sentidos poemas y sus palabras son perfectas para repensar la fe, el deseo y la inspiración detrás de mentes prodigiosas como la suya. Hermoso, intenso, lleno de significado y mucho más que un poemario, Desolación es un tratado sobre los sentimientos y conceptos que a veces escapan a nuestro vacío entendimiento.
Mistral no es una autora que tenga muy presente, aunque lo que he leído de ella me ha gustado las veces que se me ha puesto delante. Me embarqué en esta lectura sin saber que fue el primer libro publicado de la autora. Tiene mucho contenido sobre el papel de la mujer, más que nada como madre y maestra; y también hay mucho de religión, se nombra a Dios, la Virgen y los ángeles. Tiene una sección de prosa poética y de poemas, en ambos casos se observa profundidad y llegan a producir cierto análisis interior. Algunos textos en particular me trasladaron a situaciones de la infancia y al cómo aprendí ciertas cosas. También recalco que el inicio me convenció más que el final.
Resalto: Viernes Santo, In memoriam, Mis libros, Caperucita Roja, entre otros.
«Haz el ánfora de los miserables, tosca, cual un puño, desgarrada de dar, y sangrienta, como la granada. Será el Ánfora de la Protesta.
Y haz el ánfora de Leopardi, el ánfora de los torturados que ningún amor supo colmar. Hazles el vaso en que miren su propio corazón, para que se odien más. No echarán en ella ni el vino ni el agua, que será el Ánfora de la Desolación. Y su seno vaciado inquietará más que si estuviera colmado de sangre, al que lo mire.» Las ánforas
Desolación fue publicado en 1922 y fue el primer libro de Gabriela Mistral, pseudónimo de la autora Lucila Godoy de Alcayaga, su nombre no literalesco. Lo que encuentro y no amparo es la religiosidad de Gabriela: «Y es religioso todo mi corazón, desde que lleva el misterio.»
Decía: «He elegido este tema para mí en esta noche de conferencia porque pienso que las discusiones más actuales de la política y de la teoría política no dan suficiente cuenta de la psicología. Los hechos económicos, las estadísticas de población, las disposiciones constitucionales, y otras coordenadas, son puestos al alcance de todos a cada minuto.», en «¿Qué deseos son políticamente importantes?» (1951)
Esperanza en las nuevas generaciones, en los niños. En el futuro.
Poemas de las madre (Sabiduría, El dolor eterno, La quietud, El amanecer) y poemas de la madre más triste (Arrojada, ¿Para qué viniste?) nacen de la anécdota de Gabriela Mistral en una de las calles de Temuco: «—Una tarde, paseando por una calle miserable de Temuco, vi a una mujer del pueblo, sentada a la puerta de su rancho. Estaba próxima a la maternidad, y su rostro revelaba una profunda amargura. Pasó delante de ella un hombre, y le dijo una frase brutal, que la hizo enrojecer. Yo sentí en ese momento toda la solidaridad del sexo, la infinita piedad de la mujer para la mujer»
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Y ella no está y por más que hay sol y primaveras es la verdad que soy más pobre que una mendiga. Aunque en febrero esponjánse las parvas en las eras, el sol es menos sol y menos luz la espiga.
Era la mansa, la silenciosa, la escondida, y de la carne sólo llevaba la apariencia; pero cuando ella hablaba era honda la vida y el saberla en el mundo limpiaba la existencia.
Tenía aquellos ojos enormes que turbaron como dos brechas trágicas del infinito. Pienso que arriba donde se abren de nada se asombraron: todo lo habían visto, lo mínimo y lo inmenso.
Estaba más cansada que el que marchase treinta siglos por una estepa que el sol tremendo inunda. Era todas las fuentes y se hallaba sedienta; era también la fuente y estaba moribunda.
Yo no pregunto ahora si es lámpara o ceniza. Como la sé gloriosa la canto sollozando; pero lloro por mí, mezquina e indecisa, que me mancho si caigo y que vacilo si ando.
Su huesa aroma más que esta acre primavera; su rostro es el sereno del que por fin ha visto. Sé que limpiase mi alma si hacia mí lo volviera; sé que si abre los ojos me entrega entero a Cristo."
bueno comenzamos los poemas no me gustaron. obsesionada con cristo y la religión, están siempre presentes, lo cual se hace un poco repetitivo y cansino. Obsesionada con la muerte también. Lo cual, de nuevo, se hace cansino sobre todo con metáforas sobre la naturaleza. Entiendo que digan (las gentes) que puede parecer infantil. Pero bueno cuando estas hablando de suicidarte constantemente no se qué tiene de infantil.
Su persona sin embargo mucho más que ofrecer, hay una pequeña introducción al poemario que me gustó mucho, quizá no elegí el mejor poemario. En Tala, otro poemario, habla más de culturas precolombinas. Ella estaba obsesionada también con el budismo. Era bollera, bueno bisexual.
"Para unos era una monja laica, una matrona sin sexo, una virgen infinita con niños descalzos a sus pies. Para otros, una profesional del drama, una artista del fingido desgarro. En algún lugar, entre las dos cosas, estaba ella. Fumaba bárbaramente desde los 14, odiaba el frío y los lugares llanos, medía más de un metro ochenta, usaba el pelo atado en la nuca, vestía con severidad exasperante, tan igual a sí misma a lo largo de décadas que, más que un desinterés por su aspecto, parecía un calculadísimo mensaje”
Considero que los mejores de poemas de Gabriela Mistral se concentran en este libro. De hecho, leí algunos poemas al azar, pero ninguno se podía comparar con los de Desolación (aunque, no estoy diciendo que en algún otro momento no lea sus demás libros de poesía). Los temas son tristes y hasta crudos en algunos casos. Se mezcla el pensamiento de la autora y su melancolía, dentro de poemas con una estructura bastante rígida y clásica para la época. Depuró todos sus sentimientos dentro de esta poesía, y eso se siente al leer. Mis poemas favoritos fueron: Mis libros, Desolación y El pensador de Rodin.
Dejo una cita de Mis libros: "¡Libros, callados libros de las estanterías, vivos en su silencio, ardientes en su calma; libros, los que consuelan, terciopelos del alma, y que siendo tan tristes nos hacen la alegría!" (...) "Nobles libros antiguos, de hojas amarillentas, sois labios no rendidos de endulzar a los tristes".
Mi parte (¿capítulo?) favorita fue sin duda la de Naturaleza. Bellas metáforas y melodías, como suele ser mi poesía preferida <3, así que consideré subir mi calificación a 4 estrellas solo por esta, pero el resto no me fascinó tanto como esperaba. En general me gustó; hay muchos poemas que marqué y que me parecieron bonitos, pero por partes me aburría y en lo personal me fastidió el exceso de alabanzas a Cristo y la religión y Dios y bla bla bla. (Nada en contra, pero a mi gusto se hace tedioso). No ha sido de mis poemarios favoritos, pero seguiré leyendo a la autora. Siento también que es sencillo para iniciar a leer poesía.
No suelo leer poesía pero en este caso me gustó bastante esta obra. Con posterioridad pude saber la autora la publicó y ha sido revisada en función de la época (número de años) que abarcan los poemas, y en cuento a su temática coinciden con los propios del mundo cultural del país originario de la Sr. Gabriela Mistral.
"Desolación" es un texto clásico de Mistral, que había leído parcialmente en mi período escolar. En esta nueva lectura durante mi adultez, me parecieron particularmente interesantes algunos poemas, aunque confieso que la Mistral de "Desolación" no es la que más disfruto.
Un bello poemario con el amor, la naturaleza y la tristeza como ejes temáticos. Mistral nunca decepciona, es genial su poesía en verso, pero también esa probadita en prosa al final de la obra.
Nunca había leído un libro de poemas entero, por querer leerlo. Mucho menos uno de Gabriela Mistral. Uno tiene esa idea bien infantil-maternal de ella, su figura bien censurada de educadora y de creyente, pero sus poemas tienen tanto dolor y tanta crueldad como la vida injusta para una persona de raíces humildes que llega lejos por escribir de la naturaleza siempre presente, de la precariedad, la necesidad, el dolor y el duelo constante.
La muerte como algo natural, como algo que nos deja sufriendo a nosotros con nuestra moral y reglas es algo bien bonito (y triste) en sus poemas. Que bacán ver a la Gabriela más allá de los piececitos de niño.
Padre Nuestro que estás en los cielos, ¡por que te has olvidado de mí!
siento que entrar a opinar sobre esta tremenda obra, siendo tan ignorante en el mundo de la poesía, es una labor patúa por decir menos. pero lo voy a intentar porque, al final del día, el libro me hizo sentir y reflexionar muchas cosas y creo que sería maleducado ahorrármelas por no sentirme docta.
desolación le hace muchísimo honor a su nombre. en cada uno de sus poemas o relatos, verso o prosa, independiente si se refiere a hechos de la vida misma de la autora, de la maternidad, de Dios, de la educación, hay una puñalada en el centro del corazón que no deja de doler con cada latido. se adivina en cada palabra un sentimiento arrastrado, meditado y sentido por mucho tiempo, una necesidad constante de querer escapar (tanto del lugar físico donde se está como del cuerpo y alma misma) para poder huir de él. Gabriela Mistral escribe, en pocas palabras, un libro muy triste, muy profundo, muy melancólico. muy Desolador.
me llama muchísimo la atención su insistencia en asignar a la mujer en los roles de esposa y madre como una obligación, dos roles que ella no llevó (al menos no al mismo tiempo y no de la forma tradicional). no sé si irá evolucionando en sus siguientes obras, pero hay una insistencia de retratar ambas posiciones tan género normativas como la salvación de su dolor. como si ser esposa, ser madre, le fuera a traer el consuelo que tanto necesita.
por otro lado, ¡me sorprendió lo autocompasiva y ¿egoísta? de su escritura! a Gabriela siempre te la pintan como una mujer entregada a la educación, les niñes y los derechos de las mujeres. pero, al menos en desolación, sólo encuentro a una mujer penosa que sólo logra verse como una miserable, que desea tener un hijo para que le de el consuelo de la falta de su amado, y ser el universo completo de dicho infante. me shockeó la verdad. una necesidad crónica de querer ser amada, deseada, necesitada.
ya refiriéndome más al texto mismo, creo que hay poemas y versos genuinamente bellos. el léxico de Gabriela es rico y diverso, convirtiendo sus poemas en verdaderos viajes al diccionario con tal de poder absorberlos bien. por otro lado, creo que hay algunos que, sencillamente, no son tan buenos, o que, al lado de algunos brillantes, se ven demasiado opacados y poco interesantes. y por último, debo decir que igual ya hacia el final mi energía estaba súper drenada y sólo quería terminarlo. los poemas son largos, densos y llenos de sentimiento. es un libro que se aprecia mejor leyéndolo de a poquito.
quedo satisfecha con esta lectura. este año me propuse (al peo, pero bueh) leer más poesía, ya que estoy muy pegada a la prosa, a la novela, al ensayo. pero no sé si podré hacerlo tan seguido como quisiera. después de desolación se viene Isabelita y 25 romcoms. necesito volver a producir serotonina. pero volveré a ti, Gabriela, y volveré a ti, verso. más temprano que tarde me verán volver.
Gabriela Mistral's early collection, Desolation, is a beautiful, swirling, epic journey. Beginning with themes of romance, religion and woman and moving into realms of Patagonian landscape, Mistral has a sense of grandeur and drama that inject her poems with life. Many of the poems, especially in the first half of the collection, revolve around God and Jesus and show themselves as a product of the times Mistral lived in. They are not outdated, but these are not poems in Plath's realms of innovation. The language is elevated and classical in tone, but strangely accessible, even to the non-Spanish speaker. Religious symbolism intertwines with imagery of the body and of love and, while Christianity plays an important linguistic role in Mistral's poetry, it is mercifully free of specific Classical or Christian references, meaning that the poems are enjoyable and understandable when separated from that context.
Some favourites: "La Mujer Fuerte", which combines femininity with the land to create an image of strength, "Futuro", weaving the seasons into a poem of mourning and longing, "Credo", the most effective of the religiously structured poems, taking the repetitive mantra "Creo en mi corazon..." to form a questioning, doubting lament, "Elogio de la Cancion", one of numerous poems influenced by Mexican indigenous cultures, a song-like tone typical of Mistral's best poetry. The middle of the collection focusses on sublime emotions, with short, powerful, first-person poems like "Desvelada", "Vergüenza" and "Nocturna" among the best. "Interrogaciones" is one of the best poems in the entire collection, a searching, question poem that balances Mistral's belief and doubt precariously. Longer poems, like "Poema del Hijo", are often too long-winded. It was to the shorter, punchier poems that I found myself drawn.
By far the best part of the collection is the final section - "Naturaleza" (Nature). It opens with the sprawling "Paisajes de Patagonia" and allows Mistral to be freed of her more conservative cultural ties and burst into the wealth of beauty, history and culture that her land provides. Again, it was the shorter poems that caught my attention - "A Las Nubes" is one of the best. In poems like "La Lluvia Lenta", Mistral breaks out of more constrained forms of poetry. Expressing herself through language and nature seems to give her a sense of freedom. While the beginning of the collection can be a bit tiresome, the final part is a liberations. I enjoyed my first experience of Gabriela Mistral's poetry - difficult, sometimes dusty but with an eye for beauty and a wealth of language that can send you travelling to far off places. 6
This book emerges from grief, exile, and spiritual yearning, offering a lyric counterpoint to Yeats’s intellectual monumentality and Gide’s moral provocation.
Written in the aftermath of personal loss—including the suicide of Mistral’s beloved—and shaped by her experiences as a teacher and expatriate, the collection transforms private suffering into a shared human lament. Where Yeats builds towers and Gide dismantles codes, Mistral kneels before pain and sings.
The dominant note of Desolación is sorrow, but it is a sorrow disciplined by form and faith. Mistral’s poems are steeped in biblical cadence and rural imagery, drawing on the landscapes of Chile to articulate loss and endurance.
Nature in her work is not idyllic; it is harsh, maternal, and indifferent, mirroring the emotional terrain of the speaker. Yet this harshness does not lead to nihilism. Unlike Gide’s pursuit of selfhood at all costs, Mistral’s lyric voice remains ethically anchored, seeking meaning through compassion.
Motherhood—both literal and symbolic—is a recurring theme. Many poems mourn the absence of children, transforming maternal desire into metaphysical longing. This stands in stark contrast to Michel’s exploitative fascination with youth and Yeats’s symbolic transcendence of the body. For Mistral, the body is sacred precisely because it suffers.
Pain becomes a form of knowledge, not something to be escaped or rationalised.
Stylistically, Desolación blends simplicity with incantation. The language is direct, almost austere, yet charged with emotional intensity.
Mistral’s use of repetition and prayer-like rhythms gives the poems a communal resonance, as though grief itself were a shared liturgy.
Her lyric “I” is porous, absorbing collective sorrow rather than asserting dominance over it.
In comparison with The Tower, Desolación rejects grandeur in favour of humility. Where Yeats seeks permanence in artifice, Mistral finds dignity in endurance. Compared to The Immoralist, her work insists on relational ethics, reminding us that freedom divorced from care becomes hollow.
Together, these three works map early twentieth-century modernism’s divergent responses to crisis: Yeats fortifies meaning through myth, Gide interrogates it through desire, and Mistral redeems it through sorrow.
Their differences sharpen their shared urgency—the need to reimagine the self in a fractured world.
Gabriela Mistral es una escritora excepcional. Considero que uno de los aspectos que enriquecen su obra es el resaltar aquello que pasamos por alto: los detalles más pequeños, que pudieran parecer insignificantes, ella los describe a la perfección. No solo utiliza un vocabulario muy vasto, sino que lo hace de manera precisa en cada contexto. En sus poemas, la métrica y la rima tienen una minucia sorprendente. Esto último me hace preguntar cuánto tiempo habrá pasado buscando sinónimos y homófonos durante sus procesos creativos. La prosa me gustó también, a veces se siente como si ella te estuviera hablando personalmente.
Su obra es tan amplia porque no se encierra específicamente en un solo tema; le escribe al amor, al dolor, a la espiritualidad, a los objetos, al hogar, a la naturaleza, a los niños, a las madres, a Dios, etc. Inclusive escribió cuentos que presentan moralejas o reflexiones implícitas, como por ejemplo: “¿Por qué las rosas tienen espinas?”, “La raíz del rosal”, “La charca”, entre otros.
Abre como un constante grito de dolor, donde se entremezclan el suicidio, la maternidad, el miedo al callar y al silencio. Luego aparecen imágenes de las rondas infantiles, que me recordaron con frecuencia al libro "Ternura" (que leí antes que Desolación).
Lo que no esperaba era encontrar la parte religiosa o de fe que sin duda está aquí presente. Me hace imaginar una relación de amor y de odio hacia Dios o la imagen de Cristo, por momentos de fuerte devoción y en otros de amarga desesperanza.
Ya estoy bien encaminado en leer el resto de la obra de Mistral y creo que será un viaje provechoso.
Me sorprendió como los escritos le hacen sentido al título, no pensé encontrar una prosa que describa tanto dolor y plegaria, no sabía que Gabriela era tan creyente, en cada uno de ellos le habla a Dios o a la Virgen y siento que eso la hace aún más humana, sin duda merece su renombre, se denota como exploradora y profesora, con arcaísmos que hacen añorar días pasados. Una lectura muy linda y grata, cercana a la naturaleza y a la familia.
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[...] A la azul llama del pino que acompaña mi destierro, busco esta noche tu rostro, palmo mi alma y no lo encuentro [...]