El día comienza como otro cualquiera en un campus de Japón: un grupo de estudiantes discuten sobre el tema de su trabajo de investigación, en la cafetería un hombre que va a casarse acaba de descubrir que su exnovia está embarazada, los amigos de los prometidos preparan un baile para la boda, un padrastro recién salido de prisión va a buscar a su hija al hospital universitario… Hasta que de pronto todos los personajes empiezan a morir uno tras otro sin causa aparente.
¿No queda nadie vivo? es una obra de nuestro tiempo que retrata la sensación diluyente de la muerte en la sociedad actual: los muertos convertidos en números en las noticias, la prohibición de visitas en los hospitales donde los enfermos de coronavirus mueren en soledad, la glorificación de la belleza y la juventud en los anuncios, las respuestas evasivas cuando se habla de la muerte… Vivimos evitando esta realidad cuando es la que nos hace conscientes de estar vivos.
Por eso, en esta obra el escenario se convierte en un espacio abierto, donde ningún elemento escenográfico nos impide asistir a la muerte de los personajes.
Dentro de la tradición del teatro del absurdo no existía una aportación significativa de la dramaturgia japonesa; sin embargo, ¿No queda nadie vivo? busca remediar esta situación.
En esta obra asistimos a un día cualquiera dentro de una universidad en Japón. Ahí, en la cafetería y en el hospital universitario, se entrecruzarán los caminos de 18 personajes y su destino, morir, en circunstancias poco claras, pero inexorables.
Hay algunos momentos dignos de reconocerse en esta obra; ciertas violaciones en términos del momento y el lugar donde ocurre la acción que me parecen ingeniosas y aun notables. Sin embargo, el tono de toda la obra —y cómo los personajes encaran la muerte— está lejos de ser solemne o grave, salvo en un par de ocasiones, y el tono se alinea con lo que el género pide para este tipo de historias.
Naturalmente lo que ocurre en este universo dramático está abierto a interpretaciones y exégesis, pero eso sería arruinarles la experiencia a los posibles lectores.
Seguimos con la racha de lecturas rápidas y ahora toca el turno a otra obra de teatro. ¿No queda nadie vivo? De Shiro Maeda del 2008, es una obra experimental donde hay 18 personajes en escena dentro del contexto universitario en su mayoría estudiantes que tienen diferentes acciones por realizar.
Son tantos los protagonistas y las interacciones que está obra se vuelve un poco desquiciante. Tenemos a los futuros esposos a una mujer embarazada a un padre y a su hija a los amigos que preparan una actividad para los esposos, al chico de la cafetería al afamado Doctor Pez entre otros mas.
La historia pese a tener muchas historias y directrices la línea que sigue es la muerte repentina de los personajes a causa de un posible virus (leyenda urbana) aunque muchos de los personajes al principio viven su vida , poco a poco este extraño suceso hace que las personas vayan muriendo, hasta queda una sola al final .
Es un gran misterio, aunque es claro que todo ser vivió en la faz de la tierra ya no estará. Es para mí una obra que te hace consciente de los problemas del mundo y que cada uno vive su vida, que la enfrenta de diferentes formas y que algo es seguro la muerte. Al momento de terminar de leerlo me quedo con un vacío y con mucho que reflexionar. Algo interesante que se lee rápido pero lentamente.
Está curiosito la verdad, es muy rápido de leer, y hay varias cosas que dan mucho para pensar, como el aceptar la muerte, el aferrarse a no morir solo, el miedo a morir o el dejarse llevar por la idea de matar a alguien, pero de una manera cómica y ligera. Como dije, está curiosito.
La historia del absurdo me pareció buena; sin embargo me molestó el uso de jerga española en la traducción, le quita la atmósfera de relato japonés. Hubiesen optado por un español neutro.