A veces la vida pasa entre uno y otro chale. Así le ocurre a Axel, protagonista de Díganle adiós al ratón, quien lucha por mantener un empleo y olvidar a su exnovia. Sin embargo, esa calma depresiva es un lujo en estos tiempos, y a sus problemas no tardará en sumarse un misterio: los gatos muertos que aparecen alrededor de su casa. Vía el humor y la ternura, en la primera novela de Zauriel conviven narcos, alumnos de talleres literarios, policías, un fantasma y el gatito Darion. Díganle adiós al ratón es una investigación (y una ampliación) de las posibilidades de la novela de aprendizaje.
Zauriel ha logrado en estas 100 páginas presentar una novela fresca como pocas, que coquetea abiertamente con el cuento y es vertiginosa, innovadora, lúcida y que —al igual que los géneros musicales en boga y las redes sociales— dará voz a toda una generación que la Kultura sistemáticamente invisibiliza.
En esta narración —muy guanajuatense, por cierto— vemos a Axel, alumno de talleres literarios y todo un chavo de esos que el canon suele ver por encima del hombro, abrirse ante las (contadas) perspectivas que la vida le ofrece trabajando en una cafebrería después de cortar con su novia, Isabel, entre nubes de drogas, ansiedad, cruda, depresión e incertidumbre.
Acompañado por Darion, su gato, la novela se desarrolla con una seguridad impresionante a lo largo de múltiples escenas —poéticas a veces, chuscas otras, escalofriantes por su honestidad la mayoría— que describen con sobrada perfección la vida de miles de jóvenes que despiertan a la precariedad de nuestro país, sin dejar de adentrarse en lo sobrenatural, la crítica social y la denuncia. Al final, Zauriel nos obliga a preguntarnos en este país violento, secuestrado por el narco y donde el Estado ha fallado en brindar la más mínima seguridad social en sectores amplios de la población, ¿qué futuro podría esperarle a Axel?
Y él mismo nos responde: no importa lo que digas o pienses, créeme, la vida siempre puede ser peor.
Durante la presentación digital de Díganle adiós al ratón (2022), Zauriel inicia resaltando que el génesis de la novela fue un diario. No se necesita una gran inteligencia para deducir ello. El carácter confesional del libro y sus divagaciones individuales ofrecen pistas con respecto a la relación de Alex, el personaje, y la biografía del joven escritor. La difusión del libro intenta precisar que Díganle adiós al ratón es una bildungsroman, una novela de aprendizaje. La ñoñeza académica, que tan bien se lee en los clásicos de la literatura, no le sienta bien a una obra juvenilmente desafiante y a la vez inmadura. No hay un camino de aprendizaje. No hay una reflexión sobre lo sublime. Lo único que comparte esta novela con Werther es el desenlace de su protagonista.
El personaje es incapaz de tomar una buena decisión. Al final, la muerte se le presenta como única medida de escape contra un mundo terrible. En este sentido, me parece que triunfa la narración, puesto que presenta un fresco sobre un joven que no logra encajar en los engranajes del capitalismo tardío. Su mala suerte en el amor es complementada por el autosabotaje y el alcoholismo. El fracaso social también se comparte con otros personajes, igual de ahogados en esa cultura de la autorealización y el éxito a la que no pueden pertenecer. A pesar del esfuerzo de Alex por conseguir un trabajo, su incompetencia en los terrenos de la felicidad terminan por obligarlo a la venta de LSD. E incluso ahí termina siendo humillado por los demás.
No obstante este acierto, Díganle adiós al ratón falla en su manera de exponer las cosas. Creo que el cambio de diario personal a ejercicio de novela no resultó para nada sutil. Se notan las costuras en el texto, ante todo frente al final de la novela. Tampoco son correctos los ritmos incómodos ni las transiciones extrañas. Si bien el desorden tiene su encanto, se resiente la torpeza del narrador al momento de cerrar su historia. Eché de menos la irreverencia poética del autor, que en sus primeras páginas se hace presente y resulta efectivo. Al final el autor abandona esa inquietud para dar paso a una trama sobre narcos que es demasiado patética. A nivel de lenguaje, la edición terminó por perjudicarle a Zauriel. No solamente hay demasiados errores que evidencian lo verde del texto. También hay oportunidades desaprovechadas, como utilizar diálogos en lugar de un formato que aluda directamente al WhatsApp o al Messenger. Le faltó modernidad e inteligencia a la edición del libro, así como experimentación y atrevimiento formal al autor. Por aquí hay una reseña que da en el blanco: es una novela mamona, aunque no en el sentido despectivo de dicha palabra. Creo que sus resoluciones desembocan en algo mamón, un sentimiento absurdo, ridículo, exageradamente increíbe y, por lo mismo, incapaz de tomarse tan en serio.
"La vida es una putada, pero hay que disfrutar los intervalos entre putada y putada". 800 Balas, Álex de la Iglesia
Para nuestro protagonista, la vida es eso que ocurre entre un chale y otro chale. Pero más que disfrutarlos, es sobrellevarlos, peor aún, sobrevivirlos. Entre tener qué trabajar con sueldos ojetes, perder a su gato, quien era lo que lo anclaba a un vínculo sano, ir a terapia porque las pérdidas de las relaciones significativas, así como de la cordura en un mundo con gente tan miserable, apariciones de un chaneque, el suicidio del amigo, lidiar con eso y más para sobrevivir. Los chales en la vida de Axel, no dan tregua alguna entre uno y otro. Drogarse o no, ya no es un dilema, luchar o no, ya no resulta un dilema... y, pues ¡chale!
Este año lector ha comenzado más que bien y, haber leído a Zauriel fue un grato descubrimiento. Este libro está escrito de manera fluida y no lo podrán soltar, estoy segura que lo leerán de un tirón en un par de horas. No dejen de adquirirlo.
Notita para los amigos del Bajío: la trama transcurre en San Luis, Guanajuato y San Pancho. Los chales no les serán indiferentes.
Que sus intervalos entre chale y chale, y su comprensión lectora les acompañen.
Este libro me atrapó por la portada de Nicholas Forero. La novela en sí se siente como una versión moderna de _La Tumba_, de José Agustín, sólo que con lenguaje centennial en vez de habla de chavorruco y muchas referencias a memes y programas modernos de _Los Simpson_ a _La rosa de Guadalupe_. Lo que salva un poco a este libro, sobre un joven drogadicto suicida con ambiciones literarias, de ser una cosa derivativa de la Onda, y de ser otro ejemplo más de obra de un acólito de Kerouac, Bukowski y Bolaño, es la intrusión de lo sobrenatural y una serie de asesinatos misteriosos de gatos con una resolución tan mamona como toda la novela. Eso sí, entretiene de principio a fin. Puede ser de particular interés para la gente de Guanajuato y especialmente para los de San Francisco del Rincón y San Luis de la Paz.
La historia de un chico como hay muchos en el país, en medio de la violencia y la pobreza vive en un mundo que no soporta, que le entristece y que no le da opciones para salir de ese agujero donde la mente a veces nos mete… y donde a veces la opción más fácil es escapar de la realidad con lo que se tiene a mano. Las drogas en este caso parecen ser la opción más fácil y es ahí donde comenzarán los problemas en una espiral que llevarán a este chico a vivir lo más crudo de una sociedad donde a veces pareciera que estar fuera de la legalidad puede ser el camino correcto.
Es una historia cruda, con un toque de humor negro que te aliviana las partes más duras. Me gustó mucho, está escrito de manera sencilla, coloquial y en varias ocasiones Axel me sacó una carcajada con sus ocurrencias. ¡Muchas felicidades al autor!
Una novela corta, ágil y entretenida. Me gusta el estilo sencillo del autor, no se preocupa por crear una historia gigante, sino tomar la historia de un chico y narrarla muy "cotidianamente" sin filtros ni una prosa con muchos arreglos. Se siente como una lectura cercana.
Esta novela corta es un eterno chale en el que la vida del protagonista se mantiene a la deriva. Refleja en un individuo los problemas sociales generalizados de violencia mientras él busca cómo seguir en un mundo que no lo quiere ahí. "En cualquier momento alguien se me iba a acercar y me diría 'no puedes estar aquí'. No sé por qué. O iban a escupirme en la cara."
Coincido con otra crítica que leí por acá con que se siente algo "verde". Creo que un poco mas de edición pudo mejorarla, pero aún así se lee bastante bien porque concide su tono con el del protagonista.
Casi no me meto con las novelas alocadas porque siempre acaban por distorsionar bien feo mi percepción de la realidad. En esta ocurrió eso, en apariencia es una historia de un morro tristón al que todo parece irle mal y que siempre tiene hay cosas sórdidas en su alrededor que le afectan porque está bien guey.
Tiene mucho de realismo sucio, de pero alterado, con toques de fantasía y rareza que le da un toque único. Obviamente el lenguaje es de la chaviza, mezcla de referencias pop, cábula y poesía urbana. Funciona, sobre todo, que no sea enfadosa, los capítulos son breves, brevísimos incluso. El personaje dice lo que tiene que decir y no se enreda con divagaciones.
Me parece que el protagonista es muy honesto aunque pudiera parecer un arquetipo de estos que se hacen los malditistas. Quizá porque las cosas que le pasan no se las espera uno de alguien como él: el asesinato de gatos o su amigo fantasma gay. Todo esto le da un equilibrio para que la novela tenga una propuesta fresca y desparpajada.
Como ya lo deben sospechar, la historia tiene un humor tipo don Quijote, se ríe uno de sus desgracias pero a la vez uno nota el dolor y la profundidad del desdichado. En definitiva, uno se la pasa bien con las peripecias de este tipo y cuando uno cierra el libro se queda como de qué pedo. Me gusta pero me asusta.
3.5✨ Este libro me sorprendió. A pesar de no ser para nada el estilo de literatura que suelo consumir, lo disfruté bastante. Creo que, sobre todo, lo que me atrapó fue esa forma tan casual de describir situaciones crudas o difíciles sin quitarles necesariamente la importancia. En varias partes del libro, pude verme reflejada en el protagonista de la historia, a pesar de no haber pasado exactamente por las mismas circunstancias, y creo que eso es algo bastante importante pero también muy difícil de lograr a la hora de conectar con el lector.