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Quand les plantes n'en font qu'à leur tête: Concevoir un monde sans production ni économie
Partons à la découverte de fraises, de tomates – jamais hors-sol –, de choux, d'herbes aromatiques, de plantes d'agrément... qui obligent leurs partenaires humains à respecter leurs exigences pour grandir et prospérer. Les paysans et paysannes avec lesquels l'auteur va désherber, cueillir ou rempoter ne parlent jamais des rapports qu'ils entretiennent avec leurs plantes en termes de " production ". Dusan Kazic nous initie à leurs côtés à un monde où se tissent des liens qui donnent naissance à des familles multispécifiques. Les plantes ne sont pas (que) des êtres mangeables, mais des maîtres d'apprentissage, des êtres d'amour, des êtres de travail, des êtres de jeux, des êtres qui parlent à leur manière. Écoutons ces histoires que l'auteur raconte avec passion !
Les paysans " animent " les plantes en tissant avec elles des liens sensibles qu'elles et ils cultivent en agriculture biologique, en conventionnelle, ou encore en agriculture " raisonnée ".
Si l'on veut éviter que les terres ne tombent définitivement en ruine, chercher à " produire autrement " ne suffit pas. Il ne s'agit pas d'arrêter de nourrir les humains mais de commencer à penser une agriculture au travers des rapports coévolutifs que les humains entretiennent avec les plantes, une agriculture des relations. Dans l'héritage de Pierre Clastres, James Scott et Donna Haraway, l'auteur propose de rompre avec le paradigme de la production issu du savoir économique, qui mène à la destruction des paysans et de cette Terre, pour concevoir une agriculture et plus largement un monde sans production et sans économie.
Les paysans " animent " les plantes en tissant avec elles des liens sensibles qu'elles et ils cultivent en agriculture biologique, en conventionnelle, ou encore en agriculture " raisonnée ".
Si l'on veut éviter que les terres ne tombent définitivement en ruine, chercher à " produire autrement " ne suffit pas. Il ne s'agit pas d'arrêter de nourrir les humains mais de commencer à penser une agriculture au travers des rapports coévolutifs que les humains entretiennent avec les plantes, une agriculture des relations. Dans l'héritage de Pierre Clastres, James Scott et Donna Haraway, l'auteur propose de rompre avec le paradigme de la production issu du savoir économique, qui mène à la destruction des paysans et de cette Terre, pour concevoir une agriculture et plus largement un monde sans production et sans économie.
509 pages, Kindle Edition
Published January 6, 2022
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Community Reviews
Displaying 1 - 1 of 1 review
August 29, 2026
Cultivar algo quizás sea aceptar que no tienes tanto control como pensabas.
Cuando las plantas hacen lo que les da la gana me hizo mirar de otra manera algo aparentemente sencillo: plantar no significa que el resto de la naturaleza vaya a colaborar con mi planificación.
Puedes preparar la tierra, sembrar, regar y cuidar. Después la planta crecerá —o no— según un montón de cosas que no dependen completamente de ti.
Y llegarán las babosas.
Las babosas son un dolor de cabeza, sí. Pero también hacen lo que hacen las babosas. Forman parte de ese mismo sistema y quizás la respuesta no siempre tiene que ser eliminarlas: a veces puedes proteger tus plantas y simplemente darles otra cosa para comer.
Eso cambia bastante la idea de una huerta.
Deja de sentirse como un espacio que tengo que controlar y empieza a parecerse más a un lugar donde tengo que aprender a convivir y negociar con otras formas de vida que también están haciendo cosas.
Yo puedo decir “cultivé esto”, pero en realidad puse condiciones, cuidé y acompañé un proceso que no hice completamente yo.
Y después está probablemente mi parte favorita: cosecharlo y comerlo.
Hay algo especialmente rico en comer algo sano que tú misma cuidaste. Sabes de dónde salió, viste cuánto demoró, estuviste pendiente de lo que necesitaba y conoces toda la historia anterior a ese plato.
Quizás por eso sabe distinto.
No porque hayas conseguido dominar la naturaleza.
Más bien porque, por un rato, conseguiste trabajar con ella.
Incluso con las babosas.
Cuando las plantas hacen lo que les da la gana me hizo mirar de otra manera algo aparentemente sencillo: plantar no significa que el resto de la naturaleza vaya a colaborar con mi planificación.
Puedes preparar la tierra, sembrar, regar y cuidar. Después la planta crecerá —o no— según un montón de cosas que no dependen completamente de ti.
Y llegarán las babosas.
Las babosas son un dolor de cabeza, sí. Pero también hacen lo que hacen las babosas. Forman parte de ese mismo sistema y quizás la respuesta no siempre tiene que ser eliminarlas: a veces puedes proteger tus plantas y simplemente darles otra cosa para comer.
Eso cambia bastante la idea de una huerta.
Deja de sentirse como un espacio que tengo que controlar y empieza a parecerse más a un lugar donde tengo que aprender a convivir y negociar con otras formas de vida que también están haciendo cosas.
Yo puedo decir “cultivé esto”, pero en realidad puse condiciones, cuidé y acompañé un proceso que no hice completamente yo.
Y después está probablemente mi parte favorita: cosecharlo y comerlo.
Hay algo especialmente rico en comer algo sano que tú misma cuidaste. Sabes de dónde salió, viste cuánto demoró, estuviste pendiente de lo que necesitaba y conoces toda la historia anterior a ese plato.
Quizás por eso sabe distinto.
No porque hayas conseguido dominar la naturaleza.
Más bien porque, por un rato, conseguiste trabajar con ella.
Incluso con las babosas.
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