Con la sabiduría y sensibilidad características de la poesía de Robin Myers, Tener concentra los materiales de los que estamos hechos, los espacios que llamamos nuestros. ¿Qué nos hace humanos? ¿Cuáles son las experiencias que nos forman y quizás más importante que nos deforman? La voz de Tener es una, pero conoce varias la del desierto, con su voluntad particular; la de las hormigas y sus dientes diminutos; el parpadeo incesante de las luciérnagas; la de los verduleros que descargan sandías de una camioneta. Este libro no resuelve las observa con alegría o con vergüenza según el caso, consciente de que el rango de respuestas es demasiado amplio, demasiado complejo como para llegar a conclusiones apresuradas sobre cualquier cosa. Inventario particular de anhelos y pequeñas manías, Tener pone sobre la mesa del lector aquellas formas que, sin haber visto nunca, lo constituyen.
3.5⭐️ Me molesta que la traducción esté en masculino. La voz narrativa es indudablemente femenina. “Yo sufrí tan poquito, a fin de cuentas, teniendo en cuenta, en la comparación, el fin. Lo de siempre, muertes como estrellas, muertas, arrojando su frágil luz sobre mí durante la porción de eternidad de la que me toque estar al tanto; amores que empiezan y terminan porque para eso están, y alimentarse inevitablemente del cuerpo que se come a sí mismo, que es tu cuerpo y el mío”.
Escribe hermoso Myers. Había leído algunos de sus poemas sueltos en internet y me había gustado, pero la experiencia de leerla en un libro que sigue, a pesar de su carácter antológico, una línea, es muy distinta, mucho más intensa y envolvente. Por lo demás, se agradece lo cuidado de las ediciones de Bisturí 10. Son hermosas, también.