¿Qué pretende este escrito, que se suma a tantos otros sobre la vida y doctrina de santa Teresita? Sencillamente presentar el itinerario del amor al Amado en cada etapa de su vida. Nos sorprenderá observar cómo la gracia actúa en una niña de diez, once años; cómo continúa invadiéndola en su adolescencia -trece, catorce-, para hacerse más profunda la jovencita de quince y dieciséis años, probada al mismo tiempo con dolores morales y oscuridades del alma. Y cómo esa gracia madura en los años oscuros de su noviciado, ya para entonces sumida en arideces interiores. A las que vendrán a añadirse, en el ocaso de su vida, la noche oscura del espíritu y los terribles sufrimientos de la tuberculosis. Pero, nos preguntamos con Benedicto XVI, “¿cuál es ese amor que colmó toda la vida de Teresa, desde su infancia hasta su muerte? Queridos amigos, este amor tiene un rostro, tiene un nombre: ¡es Jesús! La santa habla continuamente de Jesús” (Audiencia 6 de abril 2011).
Vivió sólo 24 años, 7 meses y 28 días. Al Amado no le hacía falta esperar más. Ella no tuvo -ni tiene- otro deseo que continuar amándolo, y hacerse presente sobre la Tierra para que muchos descubran el Amor que ella descubrió. Hagamos la prueba. Llamémosla, orémosle, pidámosle una gracia o digámosle sencillamente que queremos su amistad. Muy pronto daremos testimonio de que nunca se le pide en vano.