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307 pages, Paperback
First published September 23, 2016
Estaba oscuro. Un mundo entero de nada más que oscuridad. Con su mente tan aturdida, cualquier pensamiento que intentaba formular simplemente se le escapaba del cerebro. ¿Dónde es esto? ¿Quién soy yo? ¿Qué pasó para que fuera así?
—Te amo.”
En esa oscuridad total, una voz penetró profundamente en su corazón. La voz era terriblemente fugaz. Los susurros desgarraron su corazón, llenándolo de tanto anhelo que amenazaba con destrozarlo. Escuchar palabras tan hermosas como para quemar su alma le hacía sentir como si se fuera a volver loco.
Si tuviera dedos, te tocaría. Si tuviera una boca, diría tu nombre. Si tuviera brazos, te abrazaría. Si tuviera pies, correría a tu lado. Si tuviera un cuerpo, nunca volverías a estar sola. Pero ninguno de estos deseos podía ser concedido. No tenía dedos, boca, brazos, pies o cuerpo para dar.. Sus emociones eran tan fuertes que finalmente se convirtieron en pecados. Pereza, porque no puedo secar tus lágrimas. Lujuria, porque quiero que nos fundamos y nos convirtamos en uno. Gula, porque quiero consumirte, tomarte toda para mí. Codicia, porque quiero tener todo lo que amo. Ira, porque no puedo perdonar lo absurdo de todo esto. Orgullo, porque desprecio todo lo que no eres tú. Celos, porque eso es todo lo que siento por el mundo que te abraza. Con esta realización, el mundo envuelto en negro se llenó de una abrumadora sensación de amor.
—Subaru.
Pensó en ese muchacho alegre y sensible que siempre estaba desesperado por ayudar a los demás, y sólo un poquito delirante, preguntándose qué estaba haciendo en ese momento. La intensa discusión entre ellos en el palacio, su rostro torturado, las cosas que había dicho, las palabras que no había querido escuchar, pero que había escuchado de todas formas, Emilia sintió que nadie podía ser culpado por esas cosas… excepto ella misma.
—… Pero es lo mejor, ¿no?
Era mejor para ellos seguir caminos diferentes. El lugar al que pertenecía Subaru no estaba a su lado. Al fin y al cabo, Emilia era una persona a medias, el objeto del odio de todos. Cualquiera que la apoyara soportaría el mismo odio. Ese chico de buen corazón no sería una excepción. Como lo que sucedió en la batalla contra Julius. Ella no quería que el pasara por eso de nuevo.
—¿No puedes asignarme otro carruaje de dragones para montar? Quiero decir, los niños estarían mejor con eso…
—¿Asumes que a cualquiera le disgustaría tener que ir contigo? ¿Has consultado con estos niños para saberlo? ¿O decidiste que te odiaban y detestaban por tu cuenta? Un carruaje de dragón, seis niños… ¿cómo se harán realidad tus deseos si ni siquiera puedes manejar esto?
—¡Así que los que están en el bosque, realmente son…!
—¿Qué le pasa a nuestro señor? ¡¿No previó que esto pasaría?!
—¿Por qué el Señor habló en apoyo de un semielfo… de un medio demonio…?
Probablemente no pudo eliminar una mentalidad discriminatoria tan arraigada en ese momento.
—La chica que conozco, se hace la dura, es obstinada, cabeza dura… y le preocupa que alguien vea que está sola.
—...
—Ella siempre elige hacerse daño por el bien de alguien más. Aunque se lastima tan fácilmente, siempre escoge el camino que termina con su herida. Es gentil y amable de corazón, se preocupa por las cosas como un niño pequeño, tiene los ojos llorosos incluso cuando no se ha comido un bepper verde, hace una cara tan linda cuando sonríe…
—¿De qué estás hablan—?
—Hablo de Emilia, la semielfa de la mansión. Entiendo por qué estás preocupado. También que usted piensa que la causa de todo es R… Maestro Roswaal, su señor, y su apoyo a una chica semielfa en la selección real. El nombre de esa chica es Emilia. En serio, todos ustedes ya la conocen, ¿no? Es la chica que ha estado pasando meses a tu lado. Entiendo que estén preocupados y asustados. También entiendo que cuando las cosas no van bien, se siente bien culpar a algo que es fácil de entender. Estoy seguro de que todos ustedes lo entienden. Poner tus preocupaciones en otra persona no mejorará las cosas. Esa chica es alguien que sonrió con todos. Esa chica es alguien que quiere reírse con todos. Lo sé. Ella lo ha dicho. Quiero que dejes de ignorar eso y dejes de lastimarla.
Había sido traicionada, repudiada, distanciada; para ella estas eran cosas naturales y esperadas. Ella quería ser confiada, aceptada, buscada; pero para ella estas cosas eran imposibles. Por eso, cuando Subaru se comportó de forma amable con ella, ella le había rechazado incluso a él, y toda la amabilidad que él le ofrecía. No era que ella no pudiera creer que él estaba siendo considerado con ella. Que ella era digna de su compasión—esta Emilia no podía creerlo. Si ella amontonaba expectación tras expectación, el golpe cuando todo se derrumbara sería insondable. Por lo tanto, si algún día se distanciara de ella, sería mejor que ella se distanciara de él… …antes de que la pila entre ellos subiera lo suficiente como para derrumbarse. Y sin embargo, ¿por qué…?
—Subaru… ¿vino a la aldea? ¿Él… regresó?
Evacuar a los aldeanos y a Emilia, enviarlos adelante mientras él se quedaba con la fuerza expedicionaria para lidiar con la amenaza, era muy parecido a Subaru. Las acciones eran demasiado parecidas a las del Subaru Natsuki que Emilia conocía.
—¿Por qué…?
Si todo esto era el resultado de las acciones de Subaru, habían cambiado poco desde antes—demasiado poco. Ella le había hecho daño, le había alejado, y sin embargo, aun así, Subaru había permanecido igual.
—Le hice tanto daño, y le puse esa cara triste… ¿Por qué Subaru volvió a…?
Ella no sabía por qué había intentado salvarla.
—¡Espera…! Subaru, ¿por qué…?
Se había reunido con Emilia, teniendo la oportunidad de hablar con ella, y tenía una montaña de pensamientos y sentimientos que quería compartir. Por mucho que lo intentara, nunca sería suficiente para cubrirlo todo. Muchas, muchas palabras flotaron en sus pensamientos, llenando su garganta, pero ahí es donde desaparecieron. Contenía una avalancha de emociones e ideas, pero en ese momento todo su cuerpo y su alma anhelaban una cosa. ¿De qué hablar? ¿Qué decirle a ella? ¿Qué palabras elegir? ¿Cómo la enfrentaría?
Y entonces, en una sola frase, Subaru le dijo. Le dijo la única cosa que le dio sentido a su vida, incluso cuando estaba cubierto de todas esas heridas.
—Te amo, Emilia.
Nada más que oscuridad se extendía ante él en un sueño efímero, que olvidaría cuando despertase.
—Te amo.
Pero en ese mundo vacío, había una encantadora "persona" a la que no podía ver en ningún otro lugar. Siempre le daba a Subaru un sentimiento suave y entumecido, como si estuviera lleno de anhelo por su abrazo.
—Te amo.”
Una silueta de sombras se formó, acercándose a Subaru. Subaru no podía ver su rostro, pero seguramente estaba lleno de angustia. Quería que lo tocaran. Quería que le añoraran. A su vez, el corazón de Subaru fue atraído. Quería responder a su amor, pagarle por ello. Nunca podría devolver el amor que le fue concedido con algo menos que amor propio. Y sin embargo—
—Subaru.
Lo escuchó. Una hermosa voz de otra persona estaba llamando su nombre. Una voz fuera del sueño de sombra negra lo llamaba al mundo de la luz blanca.
—Te amo.
—Subaru.
Quería responder al amor de la sombra. Tenía que responder absolutamente al amor de la luz.
Mientras Subaru se distanciaba el iba al mundo de la luz, escuchó temblar la voz de “alguien”, tristemente gritando mientras le buscaba una y otra vez.
—Te amo. Te amo, te amo, te amo, te amo, te amo.
—Subaru, por favor.
Los susurros de amor se repetían una y otra vez, mientras que la llamada de su nombre contenía una simple súplica. Recuerda quién eres. Recuerda lo que tienes que hacer. Recuerda las palabras que debes intercambiar, en el mundo al que perteneces. No podía quedarse allí. Así que—
“La próxima vez, probablemente iré a verte.”
Con labios inexistentes, seguramente incapaz de transmitir sus sentimientos, se despidió del "alguien" que se desvanecía en la distancia.
—Estaré esperando.
Ese eco fue lo único que quedó cuando Subaru Natsuki fue arrancado del efímero sueño…
—Ese día, me preguntaste “por qué”. ¿Por qué vine a salvarte? ¿Por qué me esforcé tanto por ti con esto y aquello? “Por qué”, dijiste.
—Sí, yo pregunté eso. Y también, dijiste que te había salvado… Pero nunca hice algo así. Sólo has sido tú quien me ha salvado… No te he dado nada. Y a pesar de eso, te lastimas tanto por mí…
—No, en aquel entonces yo estaba hecho un desastre. ese momento, sólo pensaba en mí. Acepto eso. Estaba diciendo que era por tu bien, pero estaba borracho con la idea de 'estoy haciendo esto por ti'. Puse en mi cabeza que si actuaba borracho, me aceptarías. Lo siento. Te estaba usando, y ahogándome en mi propia alegría. Todo lo que dijiste en ese entonces era verdad. Me equivoqué… pero no me equivoqué en todo. Quiero ayudarte. Quiero estar ahí para ti. Eso es serio, es verdad, no una mentira.
—…Sí, lo sé. Subaru, ¿por qué me ayudas?”
—Quiero estar ahí para ti, porque te amo, Emilia.
Al final, el resumen de la base de las acciones de Subaru fue extremadamente simple. Querer estar a su lado, estar a su lado, prestarle ayuda, ver su rostro sonriente, caminar a su lado, vivir con ella a partir de ahora... Por eso, incluso a riesgo de muerte, y con numerosas muertes, sin importar cuán herido, odiado o angustiado pudiera estar, incluso si tuviera que gatear para hacerlo, volvería.
Escuchando la respuesta de Subaru, Emilia optó por cerrar los labios y guardar silencio. Pero ese silencio no duró mucho.
De repente, su compostura se arrugó; se mordió los labios cerrados y sus ojos violetas abiertos de par en par se humedecieron. Era la mirada de una chica que podía romperse en lágrimas en cualquier momento, una chica que no sabía llorar.
—Yo… yo soy… una semielfa…
—Lo sé.
—Soy una semielfa, con el pelo plateado… soy odiada por todo tipo de gente porque me parezco a la bruja, me odian. Me odian de verdad, de verdad.”
—Me he dado cuenta. Lo sé. Y esos tipos son ciegos.
—Casi no tengo experiencia interactuando con la gente, y no tengo amigos. No tengo sentido común y no sé cómo funciona el mundo. Por eso digo cosas raras de vez en cuando… y debido a mi pacto con Puck, mi peinado prácticamente cambia a diario, y mi razón para querer ser reina es… muy, muy egoísta…
—Emilia, cualquier cosa que te digan, cualquier cosa que pienses de ti misma, te quiero. Te quiero de verdad. Te quiero súper. Quiero estar contigo, siempre. Quiero tomarte de la mano, para siempre. Si me dices diez cosas que odias de ti misma, te diré doce que amo de ti. Esa es la manera especial en que quiero tratarte.
—… Esta es la primera vez desde que nací que me siento tan feliz de ser tratada como especial.
Extendió la mano, tocando su mejilla, Emilia puso su mano sobre la de él, y el calor corporal intercambiado entre los dos se sintió intensamente caliente.
—Estoy tan feliz. Realmente feliz. Nunca pensé que llegaría el día en que alguien me dijera que me amaba. ¿Esto está realmente bien? Para mí… para alguien como yo ser tan feliz, tener sentimientos tan felices, se siente como una indulgencia…
—Está absolutamente bien. Vamos a darnos el gusto. No importa lo feliz que seas, no molesta a nadie más, y siempre puedes dar parte del exceso a otras personas. Puedes tomártelo con calma, Emilia. Lento, gentil, tómate tu tiempo para enamorarte de mí. Después de todo, estaré caminando a tu lado, haciendo todo lo que pueda para debilitarte en las rodillas.