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Punto en boca.
"El último, y como siempre divertido, libro de María Martín es un viaje por el lenguaje inclusivo que destierra la manida idea de que expresarnos de forma no androcéntrica sea ni difícil ni feo."
Este libro es para pensar sobre cómo hablas. Para que te preguntes por qué eliges unas palabras y no otras. Para que encuentres alternativas que te permitan decir exactamente lo que quieres sin discriminar a las mujeres, a colectivos minoritarios, a personas con discapacidad, a nadie. Con humildad e irreverencia, María Martín nos propone un crítico y divertido viaje por el lenguaje inclusivo que reúne un poco de la historia de nuestra lengua y, sobre todo, muchos trucos y consejos prácticos que no siempre se encuentran con facilidad. En este recorrido comprobaremos que algunos dogmas como “el masculino genérico” y “la economía del lenguaje” no siempre han estado ahí. También —y en contra de lo que se piensa— descubriremos que el lenguaje inclusivo no solo nos permite precisar, sino también economizar, si de ahorrar palabras se trata. Veremos ejemplos (nefastos y también loables intentos) extraídos de la literatura, de los medios de comunicación, de las redes sociales, de las campañas publicitarias, de textos jurídicos, y su “traducción” a un lenguaje inclusivo. Tras esta lectura, habremos desterrado por fin la manida idea de que expresarnos de forma inclusiva consiste en usar desdoblamientos y tripletes, de salpicar nuestros textos con equis y arrobas, de repetir, de “afear” nuestro discurso, de aburrir. Reconfigurar nuestra visión y expresión androcéntrica del mundo es un proceso creativo con el que podemos aprender y, de paso, divertirnos mucho.
Este libro es para pensar sobre cómo hablas. Para que te preguntes por qué eliges unas palabras y no otras. Para que encuentres alternativas que te permitan decir exactamente lo que quieres sin discriminar a las mujeres, a colectivos minoritarios, a personas con discapacidad, a nadie. Con humildad e irreverencia, María Martín nos propone un crítico y divertido viaje por el lenguaje inclusivo que reúne un poco de la historia de nuestra lengua y, sobre todo, muchos trucos y consejos prácticos que no siempre se encuentran con facilidad. En este recorrido comprobaremos que algunos dogmas como “el masculino genérico” y “la economía del lenguaje” no siempre han estado ahí. También —y en contra de lo que se piensa— descubriremos que el lenguaje inclusivo no solo nos permite precisar, sino también economizar, si de ahorrar palabras se trata. Veremos ejemplos (nefastos y también loables intentos) extraídos de la literatura, de los medios de comunicación, de las redes sociales, de las campañas publicitarias, de textos jurídicos, y su “traducción” a un lenguaje inclusivo. Tras esta lectura, habremos desterrado por fin la manida idea de que expresarnos de forma inclusiva consiste en usar desdoblamientos y tripletes, de salpicar nuestros textos con equis y arrobas, de repetir, de “afear” nuestro discurso, de aburrir. Reconfigurar nuestra visión y expresión androcéntrica del mundo es un proceso creativo con el que podemos aprender y, de paso, divertirnos mucho.
- GenresNonfiction
176 pages, Paperback
First published January 7, 2022
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Displaying 1 - 13 of 13 reviews
December 22, 2022
Acabo de terminar la excelente «trilogía» de María Martín Barranco sobre la exclusión de las mujeres en el lenguaje. Me refiero a la colección formada por los libros
Ni por favor, ni por favora
,
Punto en boca
y
Mujer tenías que ser
, entre los que se encuentra el texto al que está dedicada esta reseña.
He decidido que, en lugar de hacer tres reseñas diferentes, voy a escribir una sola para contarles mi experiencia de lectura de las obras de María Martín. Bueno, en realidad no espero que muchas personas se interesen por mi experiencia personal con los libros que reseño aquí; la inmensa mayoría de mis textos están dirigidos a mi yo futuro, pero si los encuentran entretenidos, informativos o útiles, ¡genial!
Violando una de las reglas del adecuado uso del lenguaje en relación con las mujeres —que he aprendido en este y otros libros—, en lo sucesivo me referiré a María Martín, autora de estos textos, simplemente como María. Aunque es una práctica común que llamemos a las mujeres por su primer nombre y a los hombres por su apellido —costumbre que ahora reconozco odiosa y con un tufillo paternalista que apesta—, la opción de referirme a la autora como Martín, creo que entenderán, tampoco es muy buena. Espero que, si ella lee algún día esta reseña, no se moleste. De verdad, lo hago con todo el respeto que me merece.
Lo primero que debo decir sobre los libros de María es que no tienen página mala. A pesar de tratar un tema tan serio y trascendental, están escritos con tanto humor, y sobre todo con tanta ironía, que se convierten en lecturas divertidísimas. ¡Qué gran comunicadora es María! Tengo mucho que aprender de ella como divulgador.
Pero, claro, no estamos hablando aquí solo de una lectura para entretenerse.
Es difícil ser indiferente ante los innumerables argumentos que María elabora y ejemplifica con humor e ironía, pero también con profundidad y erudición a lo largo de las páginas de sus tres libros. Estos textos son una verdadera declaración política sobre el lugar de las mujeres en el lenguaje; verdaderos tratados de filosofía feminista que, aunque no posen como tales, vale la pena atesorar.
Para mí, como hombre —por delante el privilegio—, pero especialmente como profesor universitario y comunicador de las ciencias, roles en los que debo usar permanentemente el lenguaje para hablar o escribir a mis estudiantes —la mitad de ellas, mujeres—, estas buenas páginas de divulgación han representado a lo largo de los últimos meses verdaderas lecciones sobre la forma en la que las mujeres han sido sistemáticamente excluidas del lenguaje (el primer libro, Ni por favor, ni por favora, lo leí a finales de 2022, hace cerca de seis meses).
Si todavía eres una persona que piensa que esta idea es exagerada, que por la «economía del lenguaje» no podemos incluir a todo el mundo cuando hablamos o escribimos, o que al hacerlo convertiríamos nuestra comunicación en una enrevesada colección de repeticiones innecesarias —todos y todas, ellos y ellas, tortuga y tortugo—, es el momento de leer a María.
He reconocido en estas páginas muchos errores que cometí a lo largo de mi vida y los he empezado a lamentar muy sinceramente. Para compensar un poco la exclusión sistemática de la que he participado como un hablante cualquiera, pero también desde la posición de poder que ocupo en el patriarcado por mis privilegios, he empezado a modificar la manera en la que hablo y escribo, siguiendo algunas de las recomendaciones de María. Busco incluir todas las experiencias posibles evitando siempre las excesivas repeticiones —aunque no siempre es factible—, pero, sobre todo, he empezado a incluir en mi campo semántico a las mujeres y sus vivencias, que es justamente lo que la autora recomienda con vehemencia.
(Tan solo les pido que lean nuevamente lo que he escrito hasta ahora y verifiquen que en ningún momento me he valido del masculino genérico o he caído en desdoblamientos innecesarios. Y si no lo he hecho hasta ahora, es porque he seguido las recomendaciones de María Martín. ¡Gracias, María!)
Solo les puedo decir que el resultado de mi cambio de actitud y de mis prácticas de comunicación ha sido espectacular. Primero, para mí —el burro patea por delante—, porque he entendido que en el mundo sobre el que pensaba y hablaba hasta ahora faltaban las físicas, las ingenieras, las genias, las presidentas… en suma, la mitad del talento humano.
Y segundo, y más importante, el cambio en la forma en la que he empezado a comunicarme ha beneficiado especialmente a las mujeres con las que me relaciono —sobre todo a mis estudiantes—; mujeres que ahora percibo que se sienten más incluidas en lo que digo, preguntan más y se involucran más en mis clases. Incluso, a diferencia de sus compañeros varones, encienden más a menudo sus cámaras en Zoom cuando hablo en una clase virtual —un vicio que quedó de la pandemia—. Claro que esto lo afirmo solo desde mi percepción —tal vez me engañe, no sería raro—; no lo he medido rigurosamente, y la verdad me da vergüenza indagar porque parecería que estoy haciendo un cambio forzado. Sea cierto o no, yo lo siento así y creo que eso me hace mejor comunicador, o al menos uno más empático con la experiencia del 50 % de mis estudiantes.
Pero estoy hablando mucho de lo que he experimentado y poco sobre los libros que vine a reseñar. Muchas personas que leen una reseña vienen para que les hablen de ellos —de los libros, digo, porque hay que aclararlo siguiendo el pegajoso estilo de María—.
De los tres textos, el que más disfruté definitivamente fue el primero: Ni por favor, ni por favora. ¡Qué vaciadón tan delicioso!
Este fue mi primer contacto con una defensa verdaderamente seria del uso de un lenguaje menos excluyente. Deberíamos empezar por ahí, por dejar de usar el término «lenguaje inclusivo», que los señoros de toda calaña han terminado por convertir en un epíteto peyorativo, y cambiarlo por «lenguaje no excluyente», tal como sugiere María.
El libro se divide en ensayos relativamente cortos, todos con títulos provocadores —y un contenido no menos divertido e impactante—, como «Vamos a contar mentiras, tralará», «Consejos vendo que para mí no tengo», «Las feministas y sus secuaces», «De oca a oca y solo te nombro si te toca» o «El misterioso caso de las vaginas mutantes». En cada uno de ellos, la autora aborda una de las problemáticas de la exclusión de las mujeres a través del lenguaje en la sociedad patriarcal.
Los análisis que hace María de las innumerables entradas del Diccionario de la lengua española (DLE), que presenta con rigor y, al mismo tiempo, con una divertida ironía —riamos para no llorar—, así como las críticas que dirige a la máxima autoridad de la lengua castellana, la Real Academia Española (RAE), no solo en este libro sino en el resto de la serie, son reveladores y simplemente indiscutibles.
Un ejemplo tomado literalmente del libro:
Y aunque este no es el mejor ejemplo (son tantos los que analiza María en sus tres libros que me da rabia no encontrar fácilmente los más contundentes), las diferencias entre el masculino y el femenino saltan a la vista.
Sobre la ausente experiencia femenina en el DLE, el mejor ejemplo que cita María para mí es este (espero que no se me espante el público camandulero):
Aplicar versus estimular: ¡no me jodan! Se nota que a quienes escriben el diccionario se lo estimulan y a las demás solo se la aplican.
Es una verdadera vergüenza lo que hace la RAE en relación con la exclusión sistemática y el trato asimétrico de lo masculino y lo femenino, no solo en su diccionario básico, sino a través de todas sus publicaciones y comunicaciones.
Lo que más me impresiona es que las evidencias están ahí; no hay que ser una genia o un genio —que miren que aquí sí hace falta un desdoblamiento por aquello de que la RAE está llena de genios, pero María, por ejemplo, es una genia y no pertenece a la RAE— para darse cuenta del sexismo rampante en los documentos oficiales de esa institución.
Después de leer los tres libros, me doy cuenta de que bastaría con sentar a un grupo de profesionales de la lengua, hombres y mujeres —aquí tampoco hay desdoblamiento porque describe correctamente quiénes deberían conformar el susodicho comité—, para revisar a fondo el diccionario, eliminar al menos los sexismos más evidentes e incluir la experiencia de las mujeres —¿hará falta recordar que son el 50 % de la humanidad?—.
El tema de las marcas lexicográficas («en desuso», «coloquial», «despectivo», etc.) en las definiciones del DLE, de las que solo supe al leer los libros de María, es uno de los aspectos que hacen más evidente el sexismo de la RAE. Para citar solo un ejemplo del libro Ni por favor, ni por favora, nos cuenta María que el DLE tiene más de 150 sinónimos de la palabra puta y solo dos de la palabra puto. Ya ahí tenemos un problema evidente. Pero lo peor es que, en la mayor parte de los 150 sinónimos de puta, no aparece la marca de «despectivo» o «en desuso», a pesar de que obviamente son despectivos y de que algunos de ellos no se usan desde hace siglos.
En síntesis, Ni por favor, ni por favora es un conciso y contundente manual de lenguaje no excluyente que no les dejará indiferentes y sacudirá muchas de sus nociones sobre lo que dice y no dice el español acerca de la mitad de la humanidad. Una guía indispensable para hablar en un mundo en el que debemos caber todo el mundo, con nuestras experiencias incluidas.
En su segundo libro, Mujer tenías que ser: la construcción de lo femenino a través del lenguaje (que en realidad fue el último que leí de los tres), María va más allá de la discusión sobre el lenguaje excluyente para adentrarse en los temas más álgidos del feminismo.
Aunque no deja de exhibir innumerables ejemplos de cómo lo femenino es tratado de forma absurdamente desigual en el lenguaje, los capítulos de este libro abordan temas que incluyen la sexualidad, el matrimonio, el trabajo de cuidados, la maternidad (¡tremendo capítulo!), las violencias contra las mujeres y el cuerpo femenino como objeto y mercancía en el patriarcado. El capítulo dedicado a la menstruación, «Por regla general», fue para mí una verdadera lección: ¡qué ignorantes hemos sido! (y seguimos siendo).
¡Tremenda lección de feminismo! Este libro es una verdadera declaración política como no la había encontrado en otros textos de la materia que he tenido la fortuna de leer durante estos años. Me quito el sombrero ante María por estas buenas páginas.
Resalto en especial los dos últimos capítulos («Y yo con estos pelos», «Hay cuerpos y cuerpos») y el epílogo: ¡simplemente espectaculares!
Aunque, naturalmente, muchas de las ideas discutidas allí están dirigidas a las mujeres que leen el libro y que comparten las experiencias que María describe, también son capítulos que debemos leer los hombres, tal como ella misma lo manifiesta explícitamente en al menos una frase. O tal vez deba decir que son capítulos que deberíamos leer especialmente nosotros.
Los libros de María —además y en especial para mí, que amo los «dinosaurios en un dedal», frases cortas que contienen grandes ideas— están repletos de citas fantásticas para guardar y reproducir.
Una de las cosas que me parecieron más perturbadoras de este libro fue la innumerable colección de dichos o refranes populares sobre las mujeres y el grosero, y muchas veces evidentemente violento, sexismo que los atraviesa. Si esa es la «sabiduría popular», ¿qué diremos de los aspectos más oscuros de la sociedad que no se nombran ni se expresan en ingeniosas frases? ¡Qué vergüenza! Todos y cada uno de esos dichos deberían recopilarse y exhibirse como una muestra de lo peor de nuestras sociedades pasadas. Una especie de museo lingüístico destinado a exponer, para no olvidar, las atrocidades que hemos cometido con las mujeres de todos los tiempos, de la misma manera que se exponen uniformes, bombas y fotos de las guerras mundiales.
El tercer y último libro de la serie, Punto en boca (que en realidad leí de segundo), me pareció una reiteración del tema del primero, Ni por favor, ni por favora. No quiero con esto decir que se trate de un esfuerzo baldío o repetitivo. Es tanto lo que se tiene que decir y escribir sobre el tema, como lo demuestra María a través de esta obra, que, si se escribieran otros dos o tres volúmenes más, seguiríamos desnudando la horrenda realidad de la exclusión de las mujeres en el lenguaje —y sin duda los compraría también, porque me enganché al estilo y a la genialidad de María para analizar el idioma—.
Si me preguntaran, sin embargo, en qué se diferencia este libro del primero, diría que en Punto en boca encontré algunas discusiones más profundas sobre la estructura del lenguaje, la gramática y la sintaxis. De resto, sugeriría que se leyeran, prácticamente sin solución de continuidad, los dos libros uno después del otro.
Pero ¿hay algo negativo en los libros de María? ¡No todo puede ser tan bueno! ¿O sí?
Puede que con esto pongan en duda mi escepticismo u objetividad, pero la verdad es que yo solo me encontré con un defecto. Y uno que tal vez únicamente nos afecta a quienes no somos de la península ibérica —bueno, que en realidad somos el 75 % de las personas hispanohablantes—.
El estilo desparpajado e irónico de María es delicioso, pero a veces muchas de sus frases pueden ser difíciles de leer porque están escritas con expresiones idiosincrásicas muy particulares. En muchas partes me pillé devolviéndome para leer de nuevo un párrafo porque no había entendido completamente el sentido de lo que decía. No ayuda tampoco que María use de forma muy repetida los incisos o las aclaraciones —como esta que estoy escribiendo y que yo también uso mucho— en medio del texto. Esto hace más difícil la lectura, o le obliga a uno a veces a leer en voz alta. Entiendo que María lo haga como una herramienta válida para hacer más cercano el lenguaje escrito al hablado, pero resulta algo pesado. O al menos lo fue para mí.
Aclaro: no todo el libro está escrito así. Hay capítulos completos bellamente escritos, que cualquier hispanohablante entenderá sin reparos y que se leen de una sentada.
Definitivamente hay que leer estos libros. Les recomiendo comenzar con el divertido y aleccionador Ni por favor, ni por favora ; continuar con el igualmente divertido pero más profundo Punto en boca ; y finalizar con el más político y filosófico Mujer tenías que ser .
¡No se arrepentirán de dedicarles las horas, días o meses que estas lecturas les puedan tomar!
He decidido que, en lugar de hacer tres reseñas diferentes, voy a escribir una sola para contarles mi experiencia de lectura de las obras de María Martín. Bueno, en realidad no espero que muchas personas se interesen por mi experiencia personal con los libros que reseño aquí; la inmensa mayoría de mis textos están dirigidos a mi yo futuro, pero si los encuentran entretenidos, informativos o útiles, ¡genial!
Violando una de las reglas del adecuado uso del lenguaje en relación con las mujeres —que he aprendido en este y otros libros—, en lo sucesivo me referiré a María Martín, autora de estos textos, simplemente como María. Aunque es una práctica común que llamemos a las mujeres por su primer nombre y a los hombres por su apellido —costumbre que ahora reconozco odiosa y con un tufillo paternalista que apesta—, la opción de referirme a la autora como Martín, creo que entenderán, tampoco es muy buena. Espero que, si ella lee algún día esta reseña, no se moleste. De verdad, lo hago con todo el respeto que me merece.
Lo primero que debo decir sobre los libros de María es que no tienen página mala. A pesar de tratar un tema tan serio y trascendental, están escritos con tanto humor, y sobre todo con tanta ironía, que se convierten en lecturas divertidísimas. ¡Qué gran comunicadora es María! Tengo mucho que aprender de ella como divulgador.
Pero, claro, no estamos hablando aquí solo de una lectura para entretenerse.
Es difícil ser indiferente ante los innumerables argumentos que María elabora y ejemplifica con humor e ironía, pero también con profundidad y erudición a lo largo de las páginas de sus tres libros. Estos textos son una verdadera declaración política sobre el lugar de las mujeres en el lenguaje; verdaderos tratados de filosofía feminista que, aunque no posen como tales, vale la pena atesorar.
Para mí, como hombre —por delante el privilegio—, pero especialmente como profesor universitario y comunicador de las ciencias, roles en los que debo usar permanentemente el lenguaje para hablar o escribir a mis estudiantes —la mitad de ellas, mujeres—, estas buenas páginas de divulgación han representado a lo largo de los últimos meses verdaderas lecciones sobre la forma en la que las mujeres han sido sistemáticamente excluidas del lenguaje (el primer libro, Ni por favor, ni por favora, lo leí a finales de 2022, hace cerca de seis meses).
Si todavía eres una persona que piensa que esta idea es exagerada, que por la «economía del lenguaje» no podemos incluir a todo el mundo cuando hablamos o escribimos, o que al hacerlo convertiríamos nuestra comunicación en una enrevesada colección de repeticiones innecesarias —todos y todas, ellos y ellas, tortuga y tortugo—, es el momento de leer a María.
He reconocido en estas páginas muchos errores que cometí a lo largo de mi vida y los he empezado a lamentar muy sinceramente. Para compensar un poco la exclusión sistemática de la que he participado como un hablante cualquiera, pero también desde la posición de poder que ocupo en el patriarcado por mis privilegios, he empezado a modificar la manera en la que hablo y escribo, siguiendo algunas de las recomendaciones de María. Busco incluir todas las experiencias posibles evitando siempre las excesivas repeticiones —aunque no siempre es factible—, pero, sobre todo, he empezado a incluir en mi campo semántico a las mujeres y sus vivencias, que es justamente lo que la autora recomienda con vehemencia.
(Tan solo les pido que lean nuevamente lo que he escrito hasta ahora y verifiquen que en ningún momento me he valido del masculino genérico o he caído en desdoblamientos innecesarios. Y si no lo he hecho hasta ahora, es porque he seguido las recomendaciones de María Martín. ¡Gracias, María!)
Solo les puedo decir que el resultado de mi cambio de actitud y de mis prácticas de comunicación ha sido espectacular. Primero, para mí —el burro patea por delante—, porque he entendido que en el mundo sobre el que pensaba y hablaba hasta ahora faltaban las físicas, las ingenieras, las genias, las presidentas… en suma, la mitad del talento humano.
Y segundo, y más importante, el cambio en la forma en la que he empezado a comunicarme ha beneficiado especialmente a las mujeres con las que me relaciono —sobre todo a mis estudiantes—; mujeres que ahora percibo que se sienten más incluidas en lo que digo, preguntan más y se involucran más en mis clases. Incluso, a diferencia de sus compañeros varones, encienden más a menudo sus cámaras en Zoom cuando hablo en una clase virtual —un vicio que quedó de la pandemia—. Claro que esto lo afirmo solo desde mi percepción —tal vez me engañe, no sería raro—; no lo he medido rigurosamente, y la verdad me da vergüenza indagar porque parecería que estoy haciendo un cambio forzado. Sea cierto o no, yo lo siento así y creo que eso me hace mejor comunicador, o al menos uno más empático con la experiencia del 50 % de mis estudiantes.
Pero estoy hablando mucho de lo que he experimentado y poco sobre los libros que vine a reseñar. Muchas personas que leen una reseña vienen para que les hablen de ellos —de los libros, digo, porque hay que aclararlo siguiendo el pegajoso estilo de María—.
De los tres textos, el que más disfruté definitivamente fue el primero: Ni por favor, ni por favora. ¡Qué vaciadón tan delicioso!
Este fue mi primer contacto con una defensa verdaderamente seria del uso de un lenguaje menos excluyente. Deberíamos empezar por ahí, por dejar de usar el término «lenguaje inclusivo», que los señoros de toda calaña han terminado por convertir en un epíteto peyorativo, y cambiarlo por «lenguaje no excluyente», tal como sugiere María.
El libro se divide en ensayos relativamente cortos, todos con títulos provocadores —y un contenido no menos divertido e impactante—, como «Vamos a contar mentiras, tralará», «Consejos vendo que para mí no tengo», «Las feministas y sus secuaces», «De oca a oca y solo te nombro si te toca» o «El misterioso caso de las vaginas mutantes». En cada uno de ellos, la autora aborda una de las problemáticas de la exclusión de las mujeres a través del lenguaje en la sociedad patriarcal.
Los análisis que hace María de las innumerables entradas del Diccionario de la lengua española (DLE), que presenta con rigor y, al mismo tiempo, con una divertida ironía —riamos para no llorar—, así como las críticas que dirige a la máxima autoridad de la lengua castellana, la Real Academia Española (RAE), no solo en este libro sino en el resto de la serie, son reveladores y simplemente indiscutibles.
Un ejemplo tomado literalmente del libro:
Matriarca. Mujer que ejerce el matriarcado, [que es, según el DLE, predominio o fuerte ascendiente femenino en una sociedad o grupo.]
¿Qué será patriarca? Huy, qué nervios, ¿no?
Patriarca. Persona que por su edad y sabiduría ejerce autoridad en una familia o en una colectividad.
Y aunque este no es el mejor ejemplo (son tantos los que analiza María en sus tres libros que me da rabia no encontrar fácilmente los más contundentes), las diferencias entre el masculino y el femenino saltan a la vista.
Sobre la ausente experiencia femenina en el DLE, el mejor ejemplo que cita María para mí es este (espero que no se me espante el público camandulero):
Cunnilingus. Práctica sexual consistente en aplicar la boca a la vulva.
Felación. Práctica sexual consistente en la estimulación bucal del pene.
Aplicar versus estimular: ¡no me jodan! Se nota que a quienes escriben el diccionario se lo estimulan y a las demás solo se la aplican.
Es una verdadera vergüenza lo que hace la RAE en relación con la exclusión sistemática y el trato asimétrico de lo masculino y lo femenino, no solo en su diccionario básico, sino a través de todas sus publicaciones y comunicaciones.
Lo que más me impresiona es que las evidencias están ahí; no hay que ser una genia o un genio —que miren que aquí sí hace falta un desdoblamiento por aquello de que la RAE está llena de genios, pero María, por ejemplo, es una genia y no pertenece a la RAE— para darse cuenta del sexismo rampante en los documentos oficiales de esa institución.
Después de leer los tres libros, me doy cuenta de que bastaría con sentar a un grupo de profesionales de la lengua, hombres y mujeres —aquí tampoco hay desdoblamiento porque describe correctamente quiénes deberían conformar el susodicho comité—, para revisar a fondo el diccionario, eliminar al menos los sexismos más evidentes e incluir la experiencia de las mujeres —¿hará falta recordar que son el 50 % de la humanidad?—.
El tema de las marcas lexicográficas («en desuso», «coloquial», «despectivo», etc.) en las definiciones del DLE, de las que solo supe al leer los libros de María, es uno de los aspectos que hacen más evidente el sexismo de la RAE. Para citar solo un ejemplo del libro Ni por favor, ni por favora, nos cuenta María que el DLE tiene más de 150 sinónimos de la palabra puta y solo dos de la palabra puto. Ya ahí tenemos un problema evidente. Pero lo peor es que, en la mayor parte de los 150 sinónimos de puta, no aparece la marca de «despectivo» o «en desuso», a pesar de que obviamente son despectivos y de que algunos de ellos no se usan desde hace siglos.
En síntesis, Ni por favor, ni por favora es un conciso y contundente manual de lenguaje no excluyente que no les dejará indiferentes y sacudirá muchas de sus nociones sobre lo que dice y no dice el español acerca de la mitad de la humanidad. Una guía indispensable para hablar en un mundo en el que debemos caber todo el mundo, con nuestras experiencias incluidas.
En su segundo libro, Mujer tenías que ser: la construcción de lo femenino a través del lenguaje (que en realidad fue el último que leí de los tres), María va más allá de la discusión sobre el lenguaje excluyente para adentrarse en los temas más álgidos del feminismo.
Aunque no deja de exhibir innumerables ejemplos de cómo lo femenino es tratado de forma absurdamente desigual en el lenguaje, los capítulos de este libro abordan temas que incluyen la sexualidad, el matrimonio, el trabajo de cuidados, la maternidad (¡tremendo capítulo!), las violencias contra las mujeres y el cuerpo femenino como objeto y mercancía en el patriarcado. El capítulo dedicado a la menstruación, «Por regla general», fue para mí una verdadera lección: ¡qué ignorantes hemos sido! (y seguimos siendo).
¡Tremenda lección de feminismo! Este libro es una verdadera declaración política como no la había encontrado en otros textos de la materia que he tenido la fortuna de leer durante estos años. Me quito el sombrero ante María por estas buenas páginas.
Resalto en especial los dos últimos capítulos («Y yo con estos pelos», «Hay cuerpos y cuerpos») y el epílogo: ¡simplemente espectaculares!
Aunque, naturalmente, muchas de las ideas discutidas allí están dirigidas a las mujeres que leen el libro y que comparten las experiencias que María describe, también son capítulos que debemos leer los hombres, tal como ella misma lo manifiesta explícitamente en al menos una frase. O tal vez deba decir que son capítulos que deberíamos leer especialmente nosotros.
Los libros de María —además y en especial para mí, que amo los «dinosaurios en un dedal», frases cortas que contienen grandes ideas— están repletos de citas fantásticas para guardar y reproducir.
Una de las cosas que me parecieron más perturbadoras de este libro fue la innumerable colección de dichos o refranes populares sobre las mujeres y el grosero, y muchas veces evidentemente violento, sexismo que los atraviesa. Si esa es la «sabiduría popular», ¿qué diremos de los aspectos más oscuros de la sociedad que no se nombran ni se expresan en ingeniosas frases? ¡Qué vergüenza! Todos y cada uno de esos dichos deberían recopilarse y exhibirse como una muestra de lo peor de nuestras sociedades pasadas. Una especie de museo lingüístico destinado a exponer, para no olvidar, las atrocidades que hemos cometido con las mujeres de todos los tiempos, de la misma manera que se exponen uniformes, bombas y fotos de las guerras mundiales.
El tercer y último libro de la serie, Punto en boca (que en realidad leí de segundo), me pareció una reiteración del tema del primero, Ni por favor, ni por favora. No quiero con esto decir que se trate de un esfuerzo baldío o repetitivo. Es tanto lo que se tiene que decir y escribir sobre el tema, como lo demuestra María a través de esta obra, que, si se escribieran otros dos o tres volúmenes más, seguiríamos desnudando la horrenda realidad de la exclusión de las mujeres en el lenguaje —y sin duda los compraría también, porque me enganché al estilo y a la genialidad de María para analizar el idioma—.
Si me preguntaran, sin embargo, en qué se diferencia este libro del primero, diría que en Punto en boca encontré algunas discusiones más profundas sobre la estructura del lenguaje, la gramática y la sintaxis. De resto, sugeriría que se leyeran, prácticamente sin solución de continuidad, los dos libros uno después del otro.
Pero ¿hay algo negativo en los libros de María? ¡No todo puede ser tan bueno! ¿O sí?
Puede que con esto pongan en duda mi escepticismo u objetividad, pero la verdad es que yo solo me encontré con un defecto. Y uno que tal vez únicamente nos afecta a quienes no somos de la península ibérica —bueno, que en realidad somos el 75 % de las personas hispanohablantes—.
El estilo desparpajado e irónico de María es delicioso, pero a veces muchas de sus frases pueden ser difíciles de leer porque están escritas con expresiones idiosincrásicas muy particulares. En muchas partes me pillé devolviéndome para leer de nuevo un párrafo porque no había entendido completamente el sentido de lo que decía. No ayuda tampoco que María use de forma muy repetida los incisos o las aclaraciones —como esta que estoy escribiendo y que yo también uso mucho— en medio del texto. Esto hace más difícil la lectura, o le obliga a uno a veces a leer en voz alta. Entiendo que María lo haga como una herramienta válida para hacer más cercano el lenguaje escrito al hablado, pero resulta algo pesado. O al menos lo fue para mí.
Aclaro: no todo el libro está escrito así. Hay capítulos completos bellamente escritos, que cualquier hispanohablante entenderá sin reparos y que se leen de una sentada.
Definitivamente hay que leer estos libros. Les recomiendo comenzar con el divertido y aleccionador Ni por favor, ni por favora ; continuar con el igualmente divertido pero más profundo Punto en boca ; y finalizar con el más político y filosófico Mujer tenías que ser .
¡No se arrepentirán de dedicarles las horas, días o meses que estas lecturas les puedan tomar!
January 19, 2023
Otro muy buen libro con humor tronchante y con el que se aprende un montón. La frase final es con lo que más me reído en días y la autora es lo más, sinceramente.
August 25, 2022
Qué difícil es adoptar un lenguaje inclusivo y no sexista y qué sencillo lo hace María.
Tres reglas básicas:
- ¿Nombra solo lo masculino?
- ¿Subordina o jerarquiza?
- ¿Perpetua el marco hegemónico?
Si cambiamos “Grupo de expertos” por “Grupo experto” no dejamos de nombrar a nadie. La totalidad de la personas en el mismo grupo.
Un libro para pensar en nuestra manera de comunicarnos.
Tres reglas básicas:
- ¿Nombra solo lo masculino?
- ¿Subordina o jerarquiza?
- ¿Perpetua el marco hegemónico?
Si cambiamos “Grupo de expertos” por “Grupo experto” no dejamos de nombrar a nadie. La totalidad de la personas en el mismo grupo.
Un libro para pensar en nuestra manera de comunicarnos.
April 19, 2024
Excelente y gran divulgadora.
Todavía no he terminado el libro, estoy a punto, pero no me he podido resistir para comentarlo y sí, se lleva las 5 estrellas y porque no hay más. Me encanta su forma de conectar y transmitir su mensaje, su humor tan característico y por qué no, su "relación" y fascinación con Darío Villanueva (la he oído decir que él le escribe sus libros, porque cada vez que opina la lía parda). Me encanta esta mujer.
"Otro ejemplo de historia, contada hoy en un manual revisado por mí en los primeros meses de 2021: los romanos llegan a la península ibérica y la pueblan, los fenicios conocen nuestras costas mediterráneas y se establecen, los celtas ya habían pisado suelo aquí, los musulmanes nos invaden. Sin embargo, España (sí, así, España; no la Corona de Castilla) llega a América y la descubre, Europa (también así, demos gracias a que, al menos, no dijeron la Unión Europea) llega a América y la cristianiza (echad un ojito cuando podáis a las definiciones de colonia y colonizar en el DLE). Europa (en Europa somos muy de viajar de toda la vida) llega a África y la civiliza. La elección de verbos nunca es casualidad. Por supuesto, los masculinos son omnipresentes en este tipo de textos. Ya sabemos que la Historia la han hecho hombres mientras las mujeres esperábamos amorosa, y pasivamente, su regreso (o la llegada de los civilizadores, claro, dependiendo de dónde estemos)."
Todavía no he terminado el libro, estoy a punto, pero no me he podido resistir para comentarlo y sí, se lleva las 5 estrellas y porque no hay más. Me encanta su forma de conectar y transmitir su mensaje, su humor tan característico y por qué no, su "relación" y fascinación con Darío Villanueva (la he oído decir que él le escribe sus libros, porque cada vez que opina la lía parda). Me encanta esta mujer.
"Otro ejemplo de historia, contada hoy en un manual revisado por mí en los primeros meses de 2021: los romanos llegan a la península ibérica y la pueblan, los fenicios conocen nuestras costas mediterráneas y se establecen, los celtas ya habían pisado suelo aquí, los musulmanes nos invaden. Sin embargo, España (sí, así, España; no la Corona de Castilla) llega a América y la descubre, Europa (también así, demos gracias a que, al menos, no dijeron la Unión Europea) llega a América y la cristianiza (echad un ojito cuando podáis a las definiciones de colonia y colonizar en el DLE). Europa (en Europa somos muy de viajar de toda la vida) llega a África y la civiliza. La elección de verbos nunca es casualidad. Por supuesto, los masculinos son omnipresentes en este tipo de textos. Ya sabemos que la Historia la han hecho hombres mientras las mujeres esperábamos amorosa, y pasivamente, su regreso (o la llegada de los civilizadores, claro, dependiendo de dónde estemos)."
October 13, 2023
Es el segundo libro de María Martín que leo (el primero fue Ni por favor, ni por favora) y voy de camino a comprarme otro de ella.
No sé cómo la encontré pero me alegro de haberlo hecho! Nunca había leído sobre el lenguaje inclusivo y no sexista y me he dado cuenta de que tengo mucho que aprender.
María habla del tema de manera muy amena y fácil de entender. Además, cuando crítica algo en concreto, lo hace aportando información para respaldar y explicar el porqué lo hace.
Tengo el libro lleno de post its para poder volver sobre mis pasos y releer lo que para mi tiene más importancia.
Lo único que me ha fallado más a título personal, es que a veces lo que se contaba me parecía un pelín caótico. Un "luego hablaremos de esto" o mencionar algo de lo que se había hablado más atrás pero ya no me acordaba.
En conclusión, un libro muy recomendable. Y también voy a hacer caso de la recomendación de la propia autora de leer a otras escritoras que hablan del mismo tema y que menciona al final del libro.
No sé cómo la encontré pero me alegro de haberlo hecho! Nunca había leído sobre el lenguaje inclusivo y no sexista y me he dado cuenta de que tengo mucho que aprender.
María habla del tema de manera muy amena y fácil de entender. Además, cuando crítica algo en concreto, lo hace aportando información para respaldar y explicar el porqué lo hace.
Tengo el libro lleno de post its para poder volver sobre mis pasos y releer lo que para mi tiene más importancia.
Lo único que me ha fallado más a título personal, es que a veces lo que se contaba me parecía un pelín caótico. Un "luego hablaremos de esto" o mencionar algo de lo que se había hablado más atrás pero ya no me acordaba.
En conclusión, un libro muy recomendable. Y también voy a hacer caso de la recomendación de la propia autora de leer a otras escritoras que hablan del mismo tema y que menciona al final del libro.
August 31, 2022
Es un libro que aborda, de manera un tanto jocosa, pero también rotunda, temas que tantas veces -no acierto a saber por qué - sacan de quicio, cómo es es la inclusión o el sexismo en el habla (escrita, oral ...): "......la GRAE hace algún amable recordatorio cuando el tema de nombrar a la mitad de la población mundial aparece, aunque sea de refilón...". Interesante.
November 16, 2025
Es el primer libro que leo sobre el tema del lenguaje no sexista. Comencé muy reacio a casi todo lo que decía la autora, y terminé convencido de lo que me decía. Las primeras páginas fueron insufribles, pero una vez que conecté con el sentido del libro se me hizo muy amena la lectura.
July 15, 2022
El libro reflexiona (y hace reflexionar) sobre el uso del lenguaje y nos muestra cómo es posible utilizar un lenguaje mucho más inclusivo más allá del desdoblamiento.
March 19, 2023
No está mal, es interesante e intentaré aplicar algunas de las sugerencias de la autora.
Pero, el libro es repetitivo y me aburrió un poco.
Pero, el libro es repetitivo y me aburrió un poco.
May 2, 2023
María siempre dando en el clavo.
July 2, 2023
De lectura sencilla , clara, contundente, y sobretodo imprescindible.
September 7, 2023
Tiene puntos muy interesantes, aunque creo que cae en errores que perpetúan el marco hegemónico.
January 23, 2026
Un ensayo muy interesante, recomendado 💋
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