Una pareja de amantes con metas y pensamientos totalmente diferentes, excepto por el interés mutuo en la figura de El centauro del norte, se plantean continuar con su relación tal cual la han llevado hasta este momento o formalizar para que uno de ellos sienta cierta estabilidad. En el medio de este contexto aparece la figura de Villa como la voz de la conciencia de Adrián, misma que intentará guiarlo con el pensamiento machista del siglo XIX y que se desconcertará por cómo en el siglo XXI se manejan las relaciones afectivas y el empoderamiento femenino.
Escritora: Dramaturga, Novelista, Ensayista, Periodista y Guionista.
Ha ganado cuatro veces el Premio Nacional de Dramaturgia de México. Dos veces el Premio Nacional de Periodismo. Un Ariel de la Academia de Cinematografía. Dos películas de su autoría han representado a México en los Oscares. Ha dado clases en la NYU, la Universidad de Yale y la Universidad de Claifornia at Berkeley.
Una idea genial mal amarrada; esa fue mi impresión.
Me entusiasmó la trama de este libro: una relación tórrida entre una mujer empresaria aburguesada y un hombre académico izquierdoso que además de la pasión intensa que viven entre sí –aunque conflictiva– generan un vínculo de interés alrededor de la figura histórica del revolucionario mexicano Francisco (Pancho) Villa. Él estudia y escribe sobre el personaje histórico, ella lee sus borradores y los pasa en limpio, internándose ambos en la figura del revolucionario a tal punto que este se vuelve una especie de fantasma que intenta interferir entre ellos. La autora recurre a la figura de Villa para representar de forma matizada el machismo asolapado en el hombre moderno que aparenta ser progresista, liberado y revolucionario, que en apariencia ha logrado despojarse de las conductas y actitudes machistas, tanto como de las ideas preconcebidas sobre el amor y la forma en que los hombres se relacionan con las mujeres.
Con todo lo interesante que es el argumento, está hilvanado en una forma pobre, demasiado simple y apurada, con personajes caricaturescos y forzados.
El estilo es en formato de guion de teatro, lo que le resta atractivo; aunque es interesante que la autora recurre a una especie de meta-relato en el que los personajes cuentan su misma historia contando y/o contemplando la historia secundaria, que es la de Villa, de manera que el personaje histórico juega dos roles: como personaje de la segunda historia y como artilugio quimérico en la primera historia.
Tiene demasiadas ideas que no se concretan en nada. Intenta criticar un montón de cosas pero terminan siendo críticas demasiado sosas o simplistas, y la idea de Villa como una especie de superyó freudiano funciona sólo en la tercer parte de la obra.