Empecé a leerlo como prosa, pero pronto entendí que, en el fondo, es un poemario. Y como tal traté de leerlo: no más de unas pocas páginas al día, para no saturarme, para disfrutar de la forma, y para que la variedad de temas que trata (sobre todo la primera mitad del libro), no se mezclaran entre ellas y se perdieran.
Y aún así…qué pesado se me ha hecho, qué lento, qué repetitivo.
Me han emocionado algunos fragmentos en los que habla sobre la enfermedad del niño, sobre su muerte, o sobre el dolor que le provoca. Me han gustado algunas ideas y metáforas, las reflexiones sobre el escritor y el lector.
Y aún así…qué pesado se me ha hecho, qué poco me apetecía leerlo.
Qué obsesión con el sexo. Puede hablar de lo que quiera, por supuesto, pero al sexo saltaba cada pocas páginas, en mitad de cualquier otro tema que estuviera tratando, incluso hablando de la muerte de su hijo, de pronto aparecía de nuevo la obsesión con el sexo, otra vez y además, de forma repetitiva, sin aportar nada nuevo.
Repite temas, y no solo eso, sino que repite las mismas ideas y con una forma casi idéntica. Además, estira innecesariamente (al menos para mi) cada uno de estos temas, añadiéndole líneas y líneas, y donde un par de adjetivos hubiesen bastado, él les pone tres, cinco, a veces más, haciendo que mensajes y pasajes que eran bonitos y tenían fuerza, se diluyan y se hagan muy pesados.
Umbral, en el libro, dice que “tengo que resignarme a hace literatura en mi diario íntimo, y que vaya resultando un poco el poema en prosa de unos graves meses de mi vida”. Así que puedo entender que si este libro era realmente un diario íntimo de unos meses concretos de su vida, no quisiera editarlo mucho ni hacerle muchos arreglos, pero honestamente creo que este libro hubiera mejorado mucho si se hubiera recortado y reducido a la mitad.