De Respirando el verano los lectores de hoy podrán identificar ecos en obras fundamentales de nuestro país. Por ejemplo, muchos críticos como el norteamericano Seymour Menton recuerdan que esta novela es el gran antecedente colombiano de la obra cumbre de García Márquez. Son muchas las miradas comunes y obsesiones por contar en ambas obras una saga familiar, en un pueblo imaginario donde la abuela es el centro de la casa, de la familia y de la sociedad misma y en el que la memoria, el polvo y la ruina son el escenario mágico de unos hechos donde el telón de fondo es la historia misma del país. Es, sin duda, una novela sobre la belleza que hay en la ruina, en todo aquello descolorido por el paso del tiempo y los secretos que esconden las grietas y los escombros. Macondo en los mapas puede estar en el bajo Magdalena, El condado de Yoknapatawpha de William Faulkner a orillas del río Mississippi y Santa María de Juan Carlos Onetti podría ser perfectamente un pueblo a orillas del río de La Plata, Cedrón es un pueblo costero caluroso donde el salitre del mar modifica los colores del paisaje. Esa casa podría ser perfectamente la casa de todos, a la que regresamos en sueños, donde fuimos felices alguna vez y donde la imaginación fue ilimitada. Es la casa de la fiesta y también de la muerte, es la casa que se va pareciendo a sus moradores.
Héctor Rojas Herazo fue un poeta, novelista, pintor y periodista colombiano. Empezó su carrera periodística en diarios como El Relator de Cali, La Prensa y El Heraldo de Barranquilla. Fue compañero de oficio de Gabriel García Márquez como reportero y cronista en el diario El Universal de Cartagena de Indias hacia 1949. De esa época quedan importantes referencias de lo que se llamó luego, Literatura del Caribe Colombiano. La obra literaria de Héctor Rojas Herazo ha sido traducida al inglés, francés, ruso y alemán. Su poesía y novelas son ampliamente reconocidas en el ámbito latinoamericano. Además, su actividad como pintor fue siempre paralela a su actividad literaria dando como resultado múltiples exposiciones en Colombia y en el exterior.
La poética de Rojas Herazo ha sido uno de los ofrecimientos más dulces que me ha dado el azar, fruto de mi exploración de la obra de Illán Bacca y su proyecto periodístico del caribe, Contexto. Las letras de este territorio me han resultado de lo mas excelso de nuestro pais. No alcanzo a concebir de qué talante sera su obra cumbre, “Celia se pudre”, si esta novela es apenas el primer peldaño su armazón narrativo.
Un tremendo libro, tan libre como el viento y al mismo tiempo difícil porque el autor vuela en su creatividad sin detenerse en contemplaciones ante sus lectores. Eso lo debilita y lo engrandece. Pero en cuanto al talento, lo eterniza. Agradezco a la literatura permitirme leer a Rojas Herazo.
«Respirando el verano» más que una prosa es una poética larga, sin embargo cuenta una historia interesante en la que la casa y la madre son el centro de la narración.
Su autor hace una impresionante descripción de un extenso verano -en lo que podría ser el municipio de Santiago de Tolú o Tolú Viejo, Sucre-, en la costa Caribe colombiana, lo que permite transportar al lector a otras épocas y situaciones (secretos, romances, odios, olores, nacimientos, compromisos, matrimonios y la ineludible muerte) que se dieron para el contexto histórico que fue escrito. Las figuras narrativas, temporales, metafóricas y sensuales que usa Héctor Rojas son muy bellas y propias de la región. Es toda una joya literaria de la geografía costera montemariana.
Siempre que releo esta novela encuentro algo nuevo. Cuando era joven era descubrir la mirada de mi abuela: siempre trataba de escrutarla y siempre evadía mi curiosidad. Leía palabra tras palabra como si fueran drogas. Hoy es el goce estético de cada palabra, de cada frase que se tumba en mi cabeza como una sentencia total.
Leer a Rojas Herazo es leer la vida, el eterno cansancio que es la vida, leer el Caribe, leer el tiempo y su lento deambular por las calles, es leer la ruina y el dolor, es leer la poesía que se esconde detrás de todo esto.
La verdad no lo hubiera leído si no fuera para una clase, porque no me gusto mucho, tenía una narrativa muy confusa y en sí no tiene una historia que me llame mucho la atención. Me costaba mantenerme leyendo.
Eso sí le rescato la escritura poética bastante bella de algunas escenas.
Excelente novela dividida en dos partes, donde se explora y se narra desde la prosa poética la vida de una familia en un pueblo de la costa colombiana. Una primera parte más poética y abstracta desde lo narrativo, llegando a una segunda parte más estructurada y donde el personaje principal, Celia, la matriarca alcanza una fuerza y una unión simbólica con la figura de La Casa, que arrastra a todo el universo real y un poco fantasioso de la historia.