¿Qué queda de una persona cuando escribe «mi cabeza es mi enemiga»?
Un autorretrato roto, un cuaderno del sufrimiento psíquico o el recuento de la vida de un ex: ex adicto al trabajo, ex pareja y ex miembro del Club de los Mentalmente Sanos. Los brotes negros, que podría titularse asimismo Los buenos lagrimales, describe sin ambages los síntomas e intensidades de un trastorno de ansiedad prolongado, y su oscura floración: las fases de desesperanza, los episodios de ira, las ideaciones suicidas.
Algo más o algo menos que un individuo, lo que en sus líneas se dibuja es un sujeto experimental –«veamos si esta otra píldora hace efecto»– cuyos biorritmos, alterados hasta el colapso, somatizan la velocidad exaltada de la producción, la profesión y el capital.
Nacido en el distrito barcelonés de Sarrià en 1974, Eloy Fernández Porta se licenció en Humanidades por la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, donde además ha ejercido como profesor de Nuevas Formas y Nuevos Ámbitos Literarios.
Ha publicado Los minutos de la basura, Caras B, Golpes (con Vicente Muñoz Álvarez), y en Anagrama, Afterpop, Homo Sampler y €®O$,
Fue galaronado con el Premio Anagrama de Ensayo y libro de no ficción más innovador del año según Notodo. Traducido al inglés, francés y portugués, es también reconocido como una de las propuestas más contundentes del spoken word en España y además encabeza una nueva generación de estudiosos que miran la cultura pop con el rigor de la investigación universitaria.
Dice Blanchot que los escritores que escriben "estoy solo" mienten, pues ya su enunciación se dirige a un lector, tenga o no tenga rostro. Eloy Fernández Porta escribe sin rostro y para los rostros. Está solo, pero no miente. Es esta una suma de oscuridades íntimas que dan sentido a la escritura de la memoria, porque la revienta desde dentro. Añoraba a EFP desde su último libro. Como lectora egoísta, ojalá su inventiva, su lenguaje, su humor, su macarrismo y su ternura se nos siga ofreciendo por mucho tiempo.
Brotar. Berrar. Ansiedade e saúde mental. Un libro extremo, un relato extremo sobre o que pode un corpo.
Nunha das últimas sesións coa psicóloga antes de que me dera a alta, díxome que era importante que eu tamén tivese o meu propio discurso sobre a saúde mental, que era unha forma de aceptar o que pasara. Lin a Fernández Porta con esta intención, e aínda que poida ver algunha similitude, gústame ver tamén como cada persoa sufre dun xeito diferente, máis grave ou menos, só de forma diferente. Tan importante é recoñecernos como distanciarnos do que non somos.
Volvo a brote: renacer, medrar, algo que comeza dende a nada. Brotes verdes.
O único consello que lle podo dar ao autor e que se quere manter unha rutina de natación, que se anote a un club cuns adestramentos fixos. Ah, e moitas apertas. Estamos con el.
Mientras lo leía, pensaba «esto es: elogio y refutación de la literatura testimonial», y me encuentro en las últimas páginas con la formulación conceptual exacta y afinada (como siempre en Eloy), útil no solo para comprender mejor el libro, sino toda una corriente-síntoma del malestar contemporáneo. A diferencia de otros textos testimoniales, aquí no se escribe para curarse, y tampoco necesariamente para entenderse. Se logra —y esto es lo difícil— una autonomía del cuerpo sin salir de él, la sublimación de lo endógeno y lo exógeno.
No sé si me ha gustado. No sé si lo he entendido. Hay cosas con las que me comprendo, sobre todo cuando habla de las «remociones» o re-sentimientos que vive o repite en su memoria (como una caja de resonancia), reviviendo y recordando más las emociones negativas, que las positivas, surgidas de sus vínculos afectivos. Y me quedo también cuando habla de la militancia, donde se repite también, a pesar de intenciones anticapitalistas, la lógica productivista y el imperativo de realización en los actos públicos, en el hacer y hacer sin ninguna retribución monetaria porque claro: esto es activismo. Se habla muy poco de esas dinámicas que se reproducen en la militancia. Muy poco espacio para la reflexión pausada. Siempre prima un hacer agotador. Pero en fin, me ha producido cierto rechazo. Quizás por vivir la ansiedad de otra manera o porque siempre tendemos a rechazar lo que sale de la normalidad, un poco porque trastoca que hay una normalidad de vivencias y experiencias. Tampoco sé si me interesan estos testimonios que a veces, de ególatras, son tan difíciles de entender y de empatizar. Prefiero algo más constructivo, más político, como las propuestas de Remedios Zafra.
Leer el libro de Eloy Fernández Porta fue como hacer una caminata de noche, a oscuras. Los brotes negros se expandían por todas partes. Sentí la ansiedad, acechando muy cerca, respirando en mi nuca, susurrándome “aquí estoy”. EFP desnuda el síntoma, lo desmenuza. Cuestiona todo: su mente, sus acciones, la “ayuda” recibida, las recetas, los consejos, el estigma. Me intrigó bastante el retrato crudo que hace de sí mismo y supe del inicio que sería honesto, que no se contendría ni se restringiría al hablar sobre sus brotes de ansiedad.
Lo empecé y lo tuve que aparcar en la página cuarenta y algo porque llevaba unos días ansiosa y algunos párrafos me impedían respirar con normalidad. Me puse con un libro divertido: un respiro, doy gracias por tener tantas ganas de reírme de todo, hasta del último show de Ricky Gervais… Y cuando vi Los brotes negros en mi mesita de noche pensé que era hora de cogerlo de nuevo. A veces la ansiedad viene a mí y otras, parece que la busco, porque conozco esa negrura, me atrae como una almohada después de varios días seguidos socializando. Finalmente, me adentré en él y resulta que, tras de las primeras cincuenta páginas en las que se presenta la dolencia mental en crudo, el libro torna hacia una especie de limbo donde su autor intenta explicar el porqué de lo suyo y incluso el porqué de esta ansiedad en otras personas. Me han gustado mucho esos intentos de poner peldaños hacia los males contemporáneos, el tema de los cuidados, o cómo aborda “lo femenino”. Lo tendréis que leer entero para saber de qué estoy hablando.
Voy a dejar este libro muy cerquita porque tengo claro que merece varias lecturas. Vale mucho la pena leerlo entero. 🖤
“El dolor busca su tema como un escritor ocioso. pasea por los territorios devastados. Hace turismo de la catástrofe. Se demora en las periferias de la alegría, se orienta hacia el sur del sol. Una buena caminata matinal en los tramos de ceniza, entre pinos muertos y cosechas perdidas.”
Después de sufrir este año por primera vez en mi vida un par de ataques de ansiedad, sentía la necesidad de leer algo sobre el tema. En LOS BROTES NEGROS, Eloy Fernández Porta describe los picos y los valles de su experiencia con la ansiedad y la depresión. Su ejemplo, que es mucho más que un cuaderno de episodios y síntomas, está imbricado con reflexiones artísticas, políticas, sociales, médicas; su acercamiento intelectual, lejos de enfriar el tema en cuestión, lo ilumina, hace que trascienda, de alguna manera lo doma para que podamos verlo desde arriba y nos dé un poco menos miedo. Porque no se queda solo ahí, claro, no evita tampoco la descripción de la desesperanza, el dolor, el desamparo o el sufrimiento. Si no fuera así, el resultado sería una impostura. Pero ayuda leerlo porque es honesto e implacable.
Ha sido importante para mí leer -y a mi modo, “dialogar” con- este texto, ya que pone en perspectiva muchos de los dilemas propios en tanto que el malestar y la tristeza afectan a todos los órdenes de nuestra vida: es normal que afecte al trabajo, a la sociabilidad, a la pareja, al amor, al pensamiento. La lectura no trae consuelo exactamente, pero sí información, comprensión y compañía. Cuando uno lee frases como “El pensamiento ansioso funciona, en sus picos, como una supercanción que hiciera resonar a la vez todos los fracasos pasados, presentes o futuros” no sana, pero entiende. Y entender es una vía más para la recuperación.
Un libro interesantísimo y lleno de referencias sobre la ansiedad, el maltrato a la salud mental que se minusvalora hasta que es demasiado tarde; ese maltrato que precisamente exige “ponerse bueno” cuanto antes al que se refiere el autor, como si fuera un catarrillo mal curado.
En él, se ve cómo la ansiedad se va cocinando a fuego lento hasta llegar al punto actual del autor, condicionada en mayor medida por un desamor, pero definitivamente no exenta de la carga anterior (como se puede ver en el momento en el que aumentan exponencialmente las responsabilidades y simplemente son asumidas).
A esto lo acompaña una magistral descripción gráfica de la liberación de la ansiedad: “hacer que los pensamientos entren en éxtasis e implosionen”, como consecuencia de la sociedad que nos exige un mix entre LinkedIn y Tinder (individuo ultraproductivo de día, ángel libidinoso de noche), llevándonos también a una extenuación por mantener, junto con las responsabilidades anteriormente mencionadas, un sacrosanto avatar que haga precisamente lo que se espera.
Un libro disperso, disparatado, pero con un fondo vertebrado y una energía en la escritura como pocos
Angustioso, violento y muy duro. Te abre la puerta al infierno mental que vive pero el abrazo que te da te prende en llamas, entonces empatizas. Muy muy caótico de leer pero al fin y al cabo así es su mente, un completo caos
Un amalgama de pensamientos intempestivos que reflejan lo complejo de un problema que nos afecta a muchos. Por supuesto que sentirse identificado con algunos de esos pensamientos ha sido difícil y duro, pero es necesario y una suerte poder leerlos con tanta crudeza y realidad.
Duras memorias/ ensayos sobre los brotes de ansiedad y crisis psiquiátricas del autor. Qué valor. Tiene momentos conmovedores y algunas reflexiones agudas sobre por qué la sociedad contemporánea produce estas cosas cosas en nosotros, pero me ha parecido desarticulado e irregular. Quizá me traicionaron mis expectativas.
No se muy bien lo que acabo de leer, y no sé muy bien porque lo he terminado. Supongo que afán completista de un libro muy muy corto.
Son una serie de reflexiones desconectadas, material, y temporalmente, que tienen como nexo el sufrir ansiedad crónica, y depresión severa. Unos epígrafes rubrican “1996”, “2018”, “1982” etc, otros, días concretos, “18 de octubre de 2023”, “13 de marzo de 2020”, etc; y otros, reflexiones aleatorias de lo más variopintas, y correos electrónicos que le ha enviado a su psicóloga. Algo como a medio camino entre la auto ficción y una confesión. Un flujo de intimidades. Pero muy morbosas, y sin reflexión crítica ninguna (que tampoco es que tenga que aprender con un libro, pero se supone que es un ensayo…). Además, al saltar de una escena a otra, entre años y personas, no hay hilo ni ritmo, y eso me impide conectar con lo que leo. Para colmo no hay un cierre que otorgue sentido al sufrimiento que narra, y terminas el libro vacío y exhausto.
En fin. Que no me ha aportado nada. Tiene alguna reflexión interesante, pero en general son todo reflexiones grandilocuentes, desconectadas y morbosas. Los malestares que sufrió y que describe, son muy crudos, e imagino que para alguien que haya pasado por algo similar, le podrá reportar consuelo el ver el reflejo de su enfermedad. Como se experimenta físicamente la ansiedad…. Episodios de llanto, tics, gritos, y diversas crisis… Que medicaciones toma, y que le causan… como experimenta el duelo por según que cosas…
La empatía podría llevarme a apreciar lo que leo, pero el tono morboso- y las reflexiones que intercala a sus experiencias personales (y el hecho del orden del libro) me deja la sensación de que he leído un diario terapéutico, reconvertido a mini ensayo, para mercantilizar el estar enfermo.
Para quien le gusten las reflexiones bizarras- más o menos bien escritas- y las confesiones íntimas… tal vez le vean algo de atractivo. Para mí no funciona.
Ejemplos de reflexiones random, grandilocuentes, que muestran el estilo y el tono del libro.
“Qué alivio sería. Qué placer. Quién pudiera liberar todas esas tensiones, voces, interferencias, hacer de la cefalea orgasmo y de la migraña eyaculación. ¿Por qué fiarlo todo a la breve, dudosa eficiencia de los genitales? Si hemos aceptado ya que la anatomía humana es una extensa zona libidinal y que la sexualidad es, antes que nada, imaginario y repertorio, ¿por qué no ir a la fuente de las imágenes y tratarla como un clítoris o como un glande? Los sexólogos nos reprochan nuestra concepción orgasmocéntrica del coito, insisten en la erótica parcial de los preliminares, pero ¿qué hacer, si esas coordinadas agitaciones en que nos empleamos son también pura ansiedad? Tomar una soga y practicar la asfixia hasta el límite de la vida. Empuñar una Black & Decker y practicar una cuidadosa autotrepanación, de modo que la presión craneal divinamente se libere. Hacer que los propios pensamientos entren en éxtasis e implosionen, que el sucísimo río del monólogo interior rompa rezumando entre emulsiones de sangre y masa cerebral emética, final. La sexualidad del cerebro orgásmico, representada en una línea creativa poshumana que incluye el cine de Cronenberg y los cómics de Miguel Ángel Martín, recoge la ambición de externalizar el cerebro que se remonta a los experimentos vanguardistas con la escritura automática y al exhibicionismo del cráneo podrido de Artaud. Es la consecuencia necesaria de la lógica de la explotación de las capacidades mentales que rige el sistema productivo: piensa más, razona mejor, danos zumo de cerebro, néctar de idea, aprende a pensar con el lado izquierdo del cerebro, think outside the box, sé un hombre idea, un cerebelo hipertrofiado, aumenta tus capacidades cognitivas, conéctate a la mente global -a falta de mente propia, haz tuyas las locuras ajenas-, sé el Cerebro de Charles Xavier, sé John Nash, superdotado y esquizofrénico, sé, como John McAfee, el antivirus y el ahorcado, usa el mindfulness para domar tus ideas, el brainstorming para excitarlas y la deadline para rematarlas: colapsa, revienta con ellas, cae redondo. Disfrútalo. Es solo sexo”.
“La ira se manifiesta de manera inopinada. Imagino a una de las personas a quienes culpo de mis fracasos. En medio de una conversación cordial le hago una pregunta que requiere reflexión, le dejo que lo piense y, cuando arranca a hablar, concentrado, ensoberbecido en la segunda o tercera frase, le doy un puñetazo en la boca. Le rompo el labio superior, o un diente. El impulso lo lanza hacia atrás. Trastabillando, intenta recuperar el equilibrio, pero le doy una patada en el tobillo y lo hago caer. Una vez está en el suelo, ya es mío. Le doy una patada en la cabeza. Un talonazo en el cuello. Me pongo a horcajadas encima de él, le agarro del pelo con las dos manos y le golpeo la cabeza contra el suelo. Una vez. Otra. Noto las manos tan crispadas que le arranco un mechón de pelo. Le reviento el crá-neo. La rodilla derecha apretada sobre su cue-llo, le vuelvo a agarrar del pelo y con todas mis fuerzas hago girar su cabeza hacia la izquier-da. Como no oigo el crujido del hueso lo vuelvo a intentar, lo hago de nuevo y tiro de su cabeza atrapada hasta que le rompo el cuello. Noto sus últimos espasmos. Está muerto. Lo he matado, y no dejo de golpearle la cabeza contra el piso. La imagen se repite, y van desfilando sus distintos protagonistas.”
“A nuestros cuerpos se les pide que sean disciplinados de día y exaltados de noche: productivos pero también dionisíacos -regulados, y, a la sazón, libidinosos-. LinkedIn y Tinder se los disputan. La ansiedad es el síntoma de la presión que genera ese doble mandato. A su vez, en Tinder puede observarse una dinámica muy llamativa entre los autorretratos en outfit de Decathlon (públicos) y los nudes (privados). Cuerpo deportivo, cuerpo disciplinado; dos modalidades de disciplina complementarias. Tinderización de LinkedIn.”
Sentimientos encontrados... hay partes que me han gustado mucho y otras que simplemente no entendía. Creo que es un libro de alguien que sufre ansiedad para gente que también la sufra. He podido verme reflejada bastante pero no lo suficiente. Yo no tengo brotes (por lo menos hasta ahora) y aunque puedo imaginarlos, me ha servido más para poder entender lo que se siente que no como catarsis.
supongo que Eloy enreda las ideas y el lenguaje para hacer partícipe al lector de su angustia pero con todo y con eso creo que más que quedar algo doloroso termina por ser tedioso. Un barullo sin ton ni son. Queda un regusto amargo, el de no saber qué ni por qué has leído esto.
Quiero abrazar igualmente a Eloy. Nadie merece pasar por este dolor. Si esta ha sido su forma de capearlo, me parece adecuado. Un diario en crudo que ha llegado al público poco o nada filtrado.
Esta novela está narrada en torno a un pre y un post; aparentemente, la línea que divide ambos espacios se cierne en torno al "abandono" de la pareja del protagonista-autor, pero, en realidad, una aguda crisis mental fue lo que ocasionó que Eloy "cayera en el abismo de los brotes negros".
Crisis mental bajo la que, así como el sinhogarismo, muchas enfermedades físicas, y los accidentes, todas las personas, pertenecientes a la sociedad hegemónica, podemos caer, por mucho que nos guste fingir que esto no es cierto. Simplemente porque el sistema dicha sociedad está montado para que, desde el momento en que abandonemos el mundo infantil (quienes alguna vez hemos podido habitarlo), empecemos a caer en el abismo.
Él mismo lo reconoce: antes era una persona que despreciaba y obstaculizaba al tipo de persona que ahora se ha convertido. Era un hombre blanco, cisheterosexual, perteneciente a la élite intelectual: su opinión era valorada y requerida, su presencia, solicitada en diversas partes del mundo, su trabajo, cuantioso a niveles insostenibles. Precisamente, insostenibles. Y ese mismo privilegio fue el que le hizo romperse.
El capitalismo, la productividad, conceptos pertenecientes a un sistema diseñado para que nuestros cuerpos se alienen y nuestras mentes se quiebren (sin dejar de producir, por supuesto).
Y de eso trata este libro.
Está lleno de reflexiones sobre el tema, y sobre la deshumanización que se esconde tras la glorificación social de una persona, y sobre cómo caminamos ciegamente entre cadáveres, y sobre muchos temas más.
Además, la narrativa es diferente, y exigente, y eso también me encanta.
“...abrumado por la inmensidad del abandono, lleno de certeza incansable de que un día entré en el camino errado y ya no pude volver atrás.”
“Puede haber alguna forma de libertad que consista en perder todas las facultades.”
#bookquotes
Eloy desarrolla en breves páginas una mezcla de ensayo y autobiografía en donde relata desde su propia experiencia el contacto que ha tenido con la ansiedad, las crisis psiquiátricas y la forma en que estas han sido tratadas por la sociedad y en ocasiones círculos más cercanos a él. Despliega las consecuencias que ha tenido que vivir – hacia adentro y hacia afuera – tras caer en posos que se le antojan sin fondo.
Un trabajo valiente, sincero, sin filtros ni adornos que suavicen la realidad. Sin duda la honestidad del autor no se podría calificar, sin embargo acompañada de su estilo, logra hacer que este pequeño libro entregue un mensaje lleno de fuerza y credibilidad. Se consigue empatizar y acompañar al autor en el sufrimiento que relata, pero al mismo tiempo, alcanza a generar conciencia y leer con ojos críticos la poca sensibilidad que se tiene como sociedad ante estas enfermedades. Léanlo!
Interessant aquesta finestra al seu món, el decàleg del final per entendre l’ansietat, la salut mental. Una mica massa elevat per a mi, m’he perdut coses. I també és cert que no estic en aquest mood. Però interessant “asomarse”.
“Nadie sabe lo que puede un cuerpo” p127 spinoza
“A pesar de la conciencia que Fisher tenía, y que vivió con famoso dolor, de las enfermedades mentales, no deja de resonar en sus palabras aquel viejo «¡La clase obrera no se de-prime!» que, exclamado por un personaje de Riff-Raff de Ken Loach, ha sido la justificación de tantas omisiones, como la que yo mismo padecí en mi adolescencia, cuando los sínto-mas, evidentes y diversos, no bastaron para vencer los prejuicios de mis padres y dejar que siguiera viendo a un psiquiatra. Lo peor del caso es la indiferencia con que se publican y reciben esas majaderías, porque muchos lectores de Fisher, los que celebran el aniversario de su muerte, lo prefieren así: prefieren a su ídolo suicidado sin medicar a los cuarenta y nueve años que vivo y con recetas de Prozac. ¡Bien hecho, Mark! ¡Ni un miligramo de sero-tonina entrará en mi serrano cuerpo proletario!” Pag 109
This entire review has been hidden because of spoilers.
He leído varios libros de Eloy y si bien todos me parecieron geniales este tiene algo más, un espacio hondo, quizás profundo, que lo singulariza porque lo que amarra esta compasión es un yo brotado.
No es solo la brutalidad de lo que cuenta sino que el punto desde el que este hombre aturdido, cuenta. Esa capacidad de no perder la lucidez en la observación en el medio del peor de los brotes y dar cuento de eso con elegancia y también con humor.
Esta también el asunto de que ha construido un texto que, aún cuando es súper erudito, perdió la formalidad documental, el corset del ensayista serio; como en una ejercicio limpio de apropiación y collage, en el medio del estanque, el hombre aparece porque todavía es capaz de pensar; aunque cuando ha dejado de ser, Gracias a Dios, un adicto al trabajo.