“Alguien está haciéndose pasar por ti en Tinder “me dicen por privado por aquí, “usando tus fotos”… Cada vez que recibo uno de estos mensajes me pregunto por qué los envían y me surgen más dudas: ¿se les hará raro que yo use la aplicación para conocer chicos?; ¿es una forma retorcida de tantear si estoy disponible para ellos?; ¿qué peligro podría entrañar que alguien estuviese usando mis fotos, de qué modo podría afectarme a mí si así fuera?.
Efectivamente estoy en Tinder y no estoy. Abro y cierro la cuenta, la activo o la desactivo a capricho. Depende de lo que me apetezca en cada momento y lugar, porque ya le he pillado el punto y sé cómo manejarla sin que me duela. Y de esos dolores, y algunos más, trata López Mondéjar en “Invulnerables e invertebrados”. Un análisis interesantísimo sobre los cambios adaptativos que estamos experimentando para enfrentarnos a un mundo cada vez más despiadado.
Hombres y mujeres marcadas por las cartas del capitalismo más feroz creyéndose invulnerables, cuando en realidad carecemos de los más mínimos valores vertebradores. Como resultado: narcisismo, individualismo, depresiones, ansiedad, trastornos alimentarios. Eso y lo que Inmaculada Jaúregui describe como una pandemia de psicopatía: “los psicópatas son quién es mejor se adaptan al capitalismo, quienes triunfan en la sociedad actual. Su astucia su carencia de escrúpulos y de moral les ayudan a ascender en sus profesiones; ser psicópata se ha convertido en una ventaja evolutiva”.
Pero dejemos a los psicópatas a un lado y volvamos a Tinder, (¿o es lo mismo?). Dice López Mondéjar que las mujeres estamos entrando en el juego de la masculinidad hegemónica: negando el mundo interior y de los matices de los afectos que conlleva. “Muchas mujeres se adaptan hoy al modelo de revolución sexual de los 60, eminentemente androcéntrico y machista, que se ha generalizado. Modelo que propone encuentros consecutivos y sin compromiso, negando sus necesidades afectivas de ternura y de vínculo. Lo logran mediante la disciplina emocional que las perturba, pero que las defiende de la indefensión, la vulnerabilidad y la excesiva incertidumbre que conlleva el tipo de relaciones que se les impone. Sus necesidades son negadas para adaptarse a lo que se requiere por parte de un modelo masculino universalizado, a pesar del sufrimiento psíquico que les produce este sometimiento.” Continúa López Mondéjar “en lugar de exportar a los hombres el modelo de relaciones de cuidado y reconocimiento mutuo, asistimos al triunfo del modelo masculino y del miedo al compromiso, y el modelo amoroso que se impone es el de usar y tirar. Poseídos hombres y mujeres por la misma fantasía de invulnerabilidad que niega las necesidades de apego y de afecto, ambos se identifican con un dios narcisista y omnipotente”
“En síntesis, nuestra sociedad construye sujetos narcisistas, ensimismados, que buscan la satisfacción inmediata y sustituyen un objeto por otro por miedo a la insatisfacción. Pues el modelo capitalista y neoliberal enseña que la felicidad y la satisfacción tienen que ser un derecho, al tiempo que exige la existencia de una fantasía de invulnerabilidad para sobrevivir a ella, esto es, sujetos completos, sin necesidades afectivas, que se adaptan con facilidad a la deslocalización y la globalización, capaces de no tener raíces y de deslizarse de un vínculo a otro, huyendo con ello de la fragilidad y de las emociones y sentimientos, que son clandestinos y se intuyen como peligrosos.”