Una mujer escribe a su hermano. Recuerda cómo cuando eran niños «un manotazo gigante» acabó con sus sueños; fue ahí cuando ella comenzó a beber hasta la adicción, glugú. Le presenta a Mónica, la protagonista de su novela, en cuyas ‘Memorias de una buena borracha’ la vemos ejercer cuidados, criar, emitir facturas convencida de que el éxito está en producir. Pero sobre todo la vemos beber y volar, glugú.
Natalia Carrero escribe con un sentido del humor único y una mirada incisiva sobre los estigmas y el mundo como enfermedad; sobre el trabajo y la precarización; sobre qué significa ser una mujer contemporánea que bebe en casa o a escondidas, cualquier día. ¿Se trata de una pulsión, de una disfuncionalidad? Otra es una celebración de esas mujeres y vidas que pocas veces atraen la atención y casi nunca son escuchadas.
Natalia Carrero was born in Barcelona in 1970. She studied philosophy and worked as a jack-of-all-trades for a literary agency. When she moved to Madrid, where she now lives with her family, she added writing to her diverse workload. I’m a Box is her first novel.
Mónica escribe a Charli, su hermano esquizofrénico. Hijos de padre violento y madre ausente, la protagonista relata su alcoholismo de una forma un poco caótica y desordenada. Esto sucede en la primera parte del libro, y wow, el poso distópico está ahí latiendo desde el principio. Esta parte me ha fascinado, hay partes que realmente me han parecido durillas. Si lo desgranara por separado esta parte tendría 4 estrellas.
Luego le sigue una segunda parte donde se recogen otros testimonios también de mujeres alcohólicas, y una especie de viñetas o caricaturas, que es otra de las cualidades de la autora. Y a esto le doy 2. No me apetecía nada meter esta forma en el trasfondo del fondo inicial, de esa primera parte que me ha fascinado.
Libro cortito. Se podría devorar perfectamente en media tarde, pero es una lectura cargada de muchas emociones y hay que darse descansitos para poder gestionarla (sobre todo si tú también has sido una mujer bebedora en la cárcel de la soledad de tus cuatro paredes hogareñas).
Es un combo de géneros literarios y diferentes ramas artísticas: hay cartas, novela, ilustraciones (para mí son un acierto) y citas de otras autoras que cargaron también la mochila de beber solas o a escondidas, para que no se les notaran sus “taritas”).
Hay una dura crítica a las etiquetas psiquiátricas que estigmatizan y aíslan en una sociedad a la que le basta poco para marginar a los demás.
Mónica, la protagonista, nos narra en primera persona su relación con el alcohol, el peso de esas mujeres que no se sienten productivas y cómo lidia, en el fondo, con toda esa mochila emocional del pasado, del presente y, quizá, del futuro.
La autora, bajo mi punto de vista, consigue hablar sin pelos en la lengua, con cierto humor dentro del “dramita” y con un toque compasivo —que solo las mujeres que hayan pasado por esto saben que deben aplicarse a sí mismas— para hacer más llevadera la vergüenza y la culpa que genera ser una esponja alcohólica a la hora de disociarse de las mierdecitas de este mundo.
El libro es un testimonio fragmentado en primera persona que, a su vez, incluye relatos inconexos de otras miradas. Es como si acompañásemos a la autora a través del caos en el que nos sumerge el alcoholismo para, después, ofrecernos el reflejo de nuestras iguales y, finalmente, reafirmarnos en la adicción de manera subjetiva.
Sin romantización, sin redención. Como fisgar en el diario de una amiga para después darle un abrazo culpable. Un abrazo que sería más reconfortante si el relato nos lo hubiera contado sin más.
Me quedo con la mirada femenina de un problema en el cual los hombres, como en casi todo, hemos copado siempre las voces.
En este libro hay una carta al hermano, una novela, una colección de bebedoras, hay glú y glú, hay ilustraciones y confesiones, hay una memoria que bebe para no olvidar o porque olvida, bebe. Pero en este libro hay, sobretodo, un amor inmenso y una capacidad de mostrarse vulnerable ante el beber y deber.
Mi sensación con este libro es que hay mucha diferencia entre fondo y forma, como cuando tienes tanto que decir sobre un tema que no encuentras la forma de hacerlo de manera ordenada y clara.
El fondo: un libro sobre mujeres alcoholicas sin romantización ni mirada masculina (¡gracias!) y vinculado al contexto social. La forma, caotiquísima: dedicatoria que es un capítulo en sí misma, novela que entendí cuando terminaba de leer y recolección de testimonios de mujeres que ha sido mi parte favorita. Solo por esta última parte, leedlo! Y de paso leed el resto los libros de esta editorial que no puede ser más maravillosa.
Le doy cinco estrellas porque ha verbalizado lo que fue mi día a día durante años. Si bien nuestros contextos vitales distan bastante, empezando mismamente porque me dobla la edad, me he encontrado en estas páginas; así fue que lo terminé en una tarde. Con 22 años y con una fuerza de voluntad enorme, conseguí recuperar, un poco, las riendas de mi vida (las tenía el alcohol hasta entonces); y a día de hoy, aunque estoy prácticamente rehabilitada, arrastro secuelas y no puedo bajar la guardia. Este libro tiene partes, reconozco, que se hacen tediosas; pero la forma como relata lo que le dice el alcohol me gritan "soy yo". Es, en definitiva, un libro que me ha llegado bastante adentro por lo identificada que me he sentido. Se nos ha dado voz y nos han presentado; resulta que no soy una excepción, hay más como yo que, presas de esta adicción, escondidas, avergonzadas y arrastrando un sentimiento de culpa enorme; tratamos de enfrentar el día a día. Ánimo
Un libro sobre una mujer que bebe. .. Y otras mujeres que beben, después. Ilustrado, no mucho, pero ilustrado, no te espere una novela gráfica. Breve, si has bebido te lo sabrás, no hay mucho más que contar, ya se ha contado en mil sitios y visto en sinfín de fotogramas.
Con una mirada femenina, feminista, propia pero para mi poco particular. Uno puede hablar de sí mismo pero si no es diferente la voz quizás no merece la pena ni contarlo ni leerlo, o hacer al menos el esfuerzo. No me atrapó, pero sí fuí señalando algunas frases certeras (“Nos echaron del local con tanta diplomacia que aceptamos sin rechistar”, “Amo esta casa con todo el asco del que soy capaz”) y me gustó más la primera parte que el final fragmentado y más ilustrado… cómo si fueran dos librillos adosados uno a otro.
Si has bebido, quizás te den arcadas o cierta melancolía. No me dejó mucho más poso.
"No creas que no las conoces, no evites leerlas ni infravalores su voz lenta e irregular, no creas que viven y beben tan lejos de tu circo o circuito social. No digas que nada tienen que ver con tu corazón tonificado porque ellas a tí sí te conocen".
Un libro tan desordenado como la vida de su protagonista y que yo he leído de manera igualmente desordenada. Carta de amor, flujo de conciencia y retrato social a parte iguales, Otra se lee como un boceto disfuncional que ha sido abandonado en un cajón. Tal vez esta sea la mejor manera -o al menos la única honesta- de narrar las voces quebradas, las familias-yugo y los consuelos del alcohol.
Se lee rápido y tiene frases que me han gustado mucho, pero, en definitiva, hubiera preferido que todo el libro hubiesen sido los retratos de mujeres alcohólicas que componen su última parte.
Una carta llena de muchas otras Un texto que es muchos textos a menudo sin puntuación sin puntos pero mayúsculas Textos dentro de textos Lecturas sobre todo Experiencias un poco femeninas humana condición atravesada por el género un oficio una vida la escritura Otra y no dan ganas de puntuar más No dan ganas de explicar nada el impulso fervoroso de borrar de beber de callar de adormecer cualquier deseo de sentir indignación Por los papeles los oficios el trabajo las fallas Bibliotecarias, poetas, libreras, qué será Siempre lo mismo, un vaso, luego otro Ya está, pasó
Sin embargo, no es una lectura triste. No deprime. Es más como un abrazo.
Novela con un principio y un final memorables, precisamente cuando habla del hermano, Charli, al que dedica la novela, que de repente entra a caracterizar a una alcohólica, donde todo se vuelve cotidiano.
Cuando el libro empieza a tener cierta continuidad o hilo, pasa a unos dibujos con descripciones; luego vuelve a narrar, quizá buscando aproximarse al perfil del alcoholismo: novela fragmentada como los apagones entre resacas que se siente excesivamente inconexa.
Es irregular. En mi opinión mezcla muchas cosas. Me gusta la parte de la novela de Mónica y también las historias con las ilustraciones. Sin embargo, la historia suya con su hermano me sobra en este libro.
Un libro honesto sobre el alcoholismo, me agradaron los testimonios e ilustraciones. También los fragmentos de diario y escritos breves de la narradora.
“…junto a la persona a la que creo amar con mis mejores intenciones…”
“En algún momento optó por la adicción a la ausencia en lugar del compromiso de permanencia en la realidad.”
“La desesperación tiene tantas posibilidades de mutar en esperanza.”
#bookquotes
Qué pasa cuando una mujer de clase media que está a punto de llegar a los cincuenta descubre un poco al mismo tiempo el mundo laboral/emprendimiento y el del alcohol? Mónica tiene cuatro hijos y esa es justamente la situación a la que se enfrenta. Constantemente experimenta una mezcla extraña entre culpa y satisfacción que debe compaginar y alinear a lo que espera la sociedad y su familia de ella. También podemos conocer brevemente una hermana que acompaña a distancia la esquizofrenia de su hermano. Y por último quince relatos de mujeres que tienen como común denominador la bebida.
Un libro que visibiliza el alcoholismo entre mujeres y el acompañamiento de las enfermedades mentales, dos grandes puntos que no deben dejar de visibilizarse. Es estilo de la autora está completamente impregnado del sarcasmo y de la burla en primera persona, que en muchas ocasiones funciona para hacer reír, pero en la mayoría genera conflicto y ánima la empatía y compasión. Los relatos breves resultan prescindibles y Charli deja con ganas de más. Un gran descubrimiento esta autora.
Es una novela de lectura fácil y que aporta no solo el punto de vista de la protagonista, Mónica - en la que se deje entrever la autora - sino que se complementa con historias reales de mujeres, a las que la autora da nombre y voz. La estructura del relato acompaña la desorganizada vida de la protagonista.
Las dos historias principales que se entrelazan y que tejen la novela abordan temas sociales necesarios a tratar por el tabú que hasta hoy implican. Por un lado, la respuesta y el tratamiento social a la salud mental y por otro, la vivencia del alcoholismo en las mujeres. Cuantas veces habremos escuchado "No hay nada peor que una mujer alcoholizada".
"Pienso en ese perfeccionismo encorsetador que nos iba minando por dentro - a las mujeres madres-, mientras fuera muchas mantenían la sonrisa despreocupada y acudían puntuales a su cita del centro de belleza; terapias suaves, modernas, caras, epidérmicas (...) Esta lleva Trankimazin en el bolso; esta se refiere al Valium dos veces cada cinco minutos; esta cada noche fuma maría; esta los fines de semana libre de niños se toma un galletón"
En el trasfondo subyace la inadaptación al sistema de los personajes, a la vez que destaca su supervivencia en un mundo que considera enfermo.