Me devoré este libro.
Me fascinó, me dio clase, me resolvió muchas preguntas y me abrió otras.
Además está escrito de manera que produce goce leerlo. Es claro, incisivo y muy empático.
Sentí el placer de ver muchos puntos ciegos que cargaba y no había identificado. De verdad que es una serie de ensayos sobre el amor moderno que me parecen imperdibles. Me hubiese gustado leerlo en el marco de un club para poder discutirlo.
Les copio algunos de los resaltados que tomé en el Kindle:
"Cuando dije que la religión de mis amigas, en el momento en que las conocí desde mi judaísmo recién abandonado, era el amor estaba hablando de todo esto porque el aparato conceptual del amor romántico goza de excelente salud. Sus problemas y adversarios hoy son otros que los de los años sesenta —revolución sexual, revolución del consumo mediante, por no hablar de Internet— pero, a pesar de todo, el amor romántico (su fantasma) seguía y sigue vivo y circulando entre nosotras y en nuestras fantasías".
"Reconozco a mi yo adolescente en ese relato: recuerdo no saber cómo sentirme cuando un tipo me seguía durante quince cuadras, tener miedo de que, si continuaba caminando detrás de mí, llegáramos hasta la puerta de mi casa y, al mismo tiempo, sentirme halagada por que él me encontrara lo suficientemente linda como para tomarse el trabajo de seguirme".
"En una cultura como la nuestra, saturada de imágenes y discursos, lo que no se muestra ni se menciona no existe, con una particularidad que tiene algo de perverso: esas personas que te venden su pareja perfecta en tu pantalla preferida no son celebrities, profesionales de la figuración; son tus propios amigos e incluso podés ser vos, en una tarde de felicidad o de inseguridad. Somos nosotros mismos los que elegimos mostrarnos bellos, enamorados, exitosos, glamorosos; quienes decidimos convertir porciones de nuestras vidas en algo espectacular (de espectáculo) y digno de ser mirado, y también los que determinamos que hay formas o momentos de la vida que no vale la pena recordar y los pasamos al olvido".
"En sus peores versiones, la pareja ideal de nuestra época es mucho más parecida a la de las décadas anteriores de lo que creemos. Como muchos en las grandes urbes, paso gran cantidad de tiempo en Internet leyendo lo que se espera de mí: qué tengo que hacer, qué tengo que amar, qué debo comer; en resumen, un montón de contenido sobre lifestyle que en un amplísimo porcentaje sigue siendo dirigido a mujeres, las guardianas de la vida privada".
"Una pareja ya no es algo dado que se hace y se sostiene solo: hay que mantener la pasión, hay que comunicarse, hay que compartir cosas, hay que buscar tiempo aunque una esté cansada o superada por otras actividades (necesarias o impuestas, la mayoría de las veces, para la supervivencia), trátese del cuidado de los hijos, de obligaciones laborales o de ambas (cuestiones como las amistades y el ocio ni siquiera entran en esta ecuación, puesto que son poco importantes para ser una mujer “completa”). Hay algo en este discurso que es válido y responde a un sinceramiento y —también— a la experiencia de la primera generación que se divorció de forma masiva: en efecto, sostener una pareja no es fácil. Pero hay un supuesto detrás de esta forma de pensar que rara vez se explicita: la idea de que nuestra felicidad se encuentra bajo nuestro control y que depende de nuestra voluntad y de nuestras decisiones".
"Ahora, ni siquiera el ocio, el sexo o la amistad son espacios libres de obsesión por la medición y la productividad: hay que aprovechar el tiempo de relax y no hacerlo es una especie de inmoralidad, un desperdicio imperdonable que se paga con culpa y angustia".
"La potencia subversiva del deseo, su relación física y metafísica con la libertad, radica en su imprevisibilidad. Si es complicado decir qué queremos ahora, afirmar lo que vamos a querer en un futuro, cercano o lejano, parece casi imposible. E, incluso si tuviéramos una corazonada sobre el futuro de nuestro querer, surge la pregunta: ¿cuál es la necesidad de imponernos la restricción, de instituir que seguir un deseo implica una transgresión e incluso un desamor? ¿Qué clase de satisfacción nos produce esa norma?".
"Cuando una persona compra una remera, parte de esa transacción puede considerarse personal e individual: elige comprarse esa remera y no otra, en ese momento, en ese lugar, de tal color y porque quiere. Entendemos todo eso, pero eso no hace menos válido o menos visible todo lo que hay de condicionado en ese intercambio: la persona compra la remera que puede pagar, en el talle que le entra o en el que consigue, en el lugar al que pudo acceder, del color que está de moda esta temporada porque una revista lo decidió, porque piensa que necesita esa remera (quizás sí la “necesite”, nadie lo niega) o porque aprendió a disfrutar de comprar ropa".
"Creo que la amistad, entendida de forma personal pero también política, puede transformarlo todo aunque todavía no sepamos exactamente cómo: es un modelo, algo para tener siempre en la cabeza. Las comunidades queer lo saben: es esa forma libre de la tribalidad que habitan".
"Vamos a aprovechar esa marginalidad para mirar las opresiones de cerca, las que heredamos y las que nos están queriendo vender como novedad. Vamos a reivindicar el deseo pero también los lazos de cuidado exigiendo políticas públicas que nos permitan organizar nuestros vínculos sin pensar quién nos va a mantener cuando necesitemos ayuda. Vamos a generar las condiciones materiales para poder acercarnos a los demás desde un lugar que no sea la competencia. Vamos a crear las condiciones simbólicas para nombrar lo que nos violenta y pararlo antes de que sea tarde, antes de que la única pregunta que quede sea la pregunta por el castigo. Vamos a intentarlo".
Muy, muy recomendado.