La suma de estos homenajes terapeuticos, candorosos y sibilinos de Quino, trazan la cartografia de un mundo paralelo, superpuesto al real como una optica para ver mejor sus vericuetos. Un MUNDO QUINO, que las paginas de este volumen recogen para la curiosidad de los avisados.
QUINO, Joaquín Salvador Lavado, nace, hijo de inmigrantes españoles, andaluces, en la ciudad de Mendoza (Argentina) el 17 de julio aunque en los registros oficiales conste nacido el 17 de agosto. Desde que nació se lo llamó Quino para distinguirlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y dibujante publicitario con quien a los 3 años descubre su vocación. Comienza la escuela primaria donde descubre que su verdadero nombre es Joaquín y vive las dificultades de su personaje Felipe: «Me angustiaba tanto que en los primeros tres meses tenía malas notas, pero después terminaba el año con notas altas, aunque nunca era el primer alumno y eso me daba bronca».
Otra lectura con Carla. Esta ha durado media hora. Arrancó la lectura en algún punto cercano a Madrid y acabó en otro punto del mapa que nadie sabe. El libro tenía una mancha en la portada y ahora confirmamos que no era una mancha real, que todos los libros la tienen. Puede que, allá por los ochenta, algún loco se dedicara a ensuciar cada ejemplar que encontrara del libro repitiendo con cuidado la misma mancha. Si fue así, era un genio: un genio loco.
Se dice mucho de Mafalda, (a quien bancamos fuertemente en esta casa) pero para mí los álbumes de Quino sin Mafalda son incluso mejores. Tanto por las ideas que nos transmite como por la ejecución de los dibujos, cada uno de estos álbumes es un maravilloso vistazo al interior de la mente humana, o a la sociedad que nos rodea, o simplemente una oda al humor tontorrón que también nos encanta. Me parecen absolutamente imprescindibles.
Colección de algunos de los cartones más tempranos de Quino. El humor y los trazos son sencillos. Los temas: La religión, verdugos, aves, música, presos con grilletes, militares, estatuas, carrozas fúnebres, deportes, cazadores, y unos pocos cartones de crítica social.
Me encanta la reflexión del principio sobre la validez de algunos argumentos en la modernidad y como no los justifica sino los hace evidentes para poder hablar sobre su propio cambio.
Lo leí mucho más tarde que la mayoría de libros de Quino y me gustó tanto como aquellos. No sé por qué Quino se opuso a su reimpresión tanto tiempo porque pese a que algunos chistes "envejecieron mal", sigue estando lleno de clásicos.