En conclusión amé la relación de Cesare y Kensie.
—¿Te gusta Los Ángeles?
—Claro que sí. Me gusta cualquier lugar en el que pueda pasear por la playa contigo a solas. Espero que estés bien. Así, cogiendo tu mano, quiero decir. Te echo de menos, Kenzie. Y sí, sé que prometí darte tiempo y no presionarte. Lo siento.
—No lo sientas. Porque yo también te echo de menos. Todos los días.
—Y no quiero que tengas que soportarlo y derrumbarte.
—Pero también me derrumbo por no verte, Cesare. Así que a menos que haya otra forma de que podamos estar juntos, voy a contarle a Toni lo nuestro.
—No puedes hacer eso, Kenzie. Es casi seguro que perderías tu trabajo y una parte importante de tu vida.
—Tú eres lo más importante para mí, Cesare. Me permitieron hacer el trabajo de mis sueños durante muchos años. Estoy muy agradecida. Si tengo que dejarlo para estar contigo, lo haré. Le confesaré a Toni que me he enamorado de ti y que quiero ir por la vida a tu lado. Eso no significa necesariamente que vaya a perder mi trabajo.
—No puedes hacer eso, Cesare. Racing Rosso te necesita.
—Y yo te necesito a ti.
—Yo no quiero que dejes tu trabajo por mi culpa.
—Y yo no quiero que arriesgues tu trabajo por la mía.
—No te merezco, Cesare. Siempre eres tan bueno conmigo y yo... yo...
—Me haces feliz. Todos los días de mi vida. Eres mi primer pensamiento por la mañana y el último antes de irme a dormir. Eres mi inspiración, mi motivación, mi droga. Te miro y veo a una mujer valiente, fuerte e independiente, dispuesta a enfrentarse a todo y a todos. Que prefiere atravesar el infierno sola que llevarse por delante a sus seres queridos. Que quiere protegerlo todo y a todos. Que quiere agradar a todos para no perjudicar a nadie. ¿Cómo puedes pensar ni por un segundo que no me mereces, Kenzie?
—Te hice daño, Cesare.
—Yo también te hice daño. Nos lastimamos mutuamente, Kenzie. Sin querer. Sin saberlo. Así que no hace falta que me pidas disculpas.
—Pero has sufrido. Lo he visto. En tus ojos. Cada puta vez.
—Y yo he visto el mismo dolor en tus ojos. Aunque suene absurdo, nuestro dolor me ha dado esperanzas de que todo saldrá bien. Que nos volveremos a tener.
—Te quiero —susurré.
—Y yo a ti.
—Hermoso —dije.
—Es para recordarte que siempre estoy contigo. Que siempre estoy para ti. No importa si es de día o de noche. Y es para unirte a mí. Aunque no puedo reclamar oficialmente tu propiedad, esa es mi forma de atarte a mí.
Qué bien me sentí al ser feliz. Para reír. Para vivir. Para amar.
—Tú siempre eres lo primero para mí, Kenzie. Quiero que lo sepas,
¿vale?
—Me gustaría tener algo de paz y tranquilidad. Ya hemos tenido bastantes desequilibrios.
—No falta mucho, pronto volaremos a Suecia, a nuestra casita roja junto al mar. Solos tú y yo. Podemos descansar allí, recargar las pilas y prepararnos para lo que nos espera en la segunda mitad de la temporada.
—Y después de eso, empezará nuestra nueva vida —murmuré aliviada, sintiendo cómo cálidas oleadas de felicidad y expectación bañaban mi cuerpo al saberlo.
—No puedo esperar, cariño —susurró Cesare—. Tú y yo para siempre.