Este libro reúne buena parte del trabajo de una de las grandes cronistas de la Colombia contemporánea. Desde los años 90, Patricia Nieto ha observado con compasión y cuidado la guerra y sus efectos sobre personajes anónimos que no aparecen en las primeras planas de los diarios o revistas. Se ha ocupado de las víctimas, de los sobrevivientes, de personas que merecen ser reconocidas por su tozudez y la valentía de asumir que, a pesar de la tragedia, es importante seguir insistiendo en que se oiga la voz de ese país que no figura en el imaginario de muchos. La escritura de Patricia Nieto está atada a la vida así se ocupe de terribles hechos como el desplazamiento o el asesinato de seres humanos que, como todos, merecen ser recordados. Este es un libro definitivo para entender un país que necesita reconciliarse consigo mismo.
Deben ser cosas de nuestra generación acostumbrada a no leer más allá de un titular o un tuit, pero me costó leer a Patricia Nieto en sus historias de mayor aliento; eso, o quizás que tanta devastación me abruma, me reta, me hace sentir bendecida por puro azar, y culpable ¿No es hacer sentir lo que hace al arte arte?
Este libro para mí es poesía hecha prosa, sensibilidad y belleza en medio de tanto dolor por reconocer, por sanar y por reivindicar.
Este es un libro crudo, como la historia misma de este país. Es doloroso e inquietante experimentar a través de la lectura lo que tuvieron que vivir muchas de estas personas, y es increíble pensar que aún hoy esto hace parte de nuestra realidad. Este libro despierta muchas emociones y da pie a muchas reflexiones.
Con gran maestría Patricia Nieto nos lleva por una de las épocas duras y tristes de la historia reciente de Antioquia y sus alrededores. Las desgracias traídas por la guerrilla, los paramilitares y el ejército colombianos al campo y sus habitantes han sido muy documentadas por autores y periodistas. Esta autora lo hace en una forma muy única describiendo los detalles de gente humilde que tal vez nunca se vieron en los periódicos o noticieros nacionales. Sin tintes amarillistas, las crónicas muestran el lado familiar de los sufrientes y el impacto duradero en las comunidades. Qué gran libro y que gran forma de hacerme sentir el dolor de mis compatriotas. Gracias estimada autora.
Salir ileso de estas crónicas es imposible, si eres latinoamericano, o bien si eres un colombiano que vio pasar los titulares en las noticias, este texto permite volver a ver la herida sin anestesia y ponerte las botas, andar descalzo y sentir el dolor de esa población que viene de ese lugar que nosotros los citadinos llamamos paraiso cuando vamos de vacaciones, pero solo quienes viven entre los ríos y las entramadas montañas pueden relatar.
El conflicto armado en Colombia es una historia que no hemos terminado de escribir y refleja quienes somos. Asimismo, explica el porqué de nuestro actuar, la forma de nuestras ciudades, la berraquera en las mujeres, las cicatrices y las muertes que aún se lloran.
No conocía a Patricia pero que gran cronista, impecable. Sobre el libro, sin palabras 😶 historias que desconocemos sobre lo difícil que es ser colombiano.