Coincidiendo con el aniversario de la muerte de su madre, Isabel de Naverán escribe un diario de duelo. La acción física de escribir se convierte para la autora en un ritual, el gesto que transforma y resignifica la experiencia vivida. El libro discurre como una voz que toma consciencia de su propio estado de duelo, adoptando por momentos la naturaleza de una carta escrita hacia la madre, en busca de una nueva forma de presencia. Imágenes, recuerdos y observaciones de los estados cambiantes que siguen a un impacto vital se organizan en breves fragmentos formando una constelación en que distintas voces se cruzan. Quien recuerda lo que alguien dijo es ahora quien piensa o evoca y el yo se desdibuja para dar espacio a un entrecuerpos, un lugar de enunciación que es necesariamente inestable, generoso, táctil.
La autora trata de recuperar los últimos días de la vida de su madre cuando, afectada por una enfermedad degenerativa, se dispuso a morir rodeada de sus seres queridos y en su propia casa. Este escrito está marcado por lo vivencial y atravesado por la consciencia de una transformación que se da durante el tiempo inmediatamente posterior a la muerte de alguien querido. Este libro da cuenta de cómo se resignifica cada pequeño detalle de la vida cotidiana, modificándola sin vuelta atrás. Da cuenta, también, del ímpetu físico y vital que se experimenta en el periodo de duelo, una mezcla entre la pena y la alegría, un estado a veces lleno de contradicciones.
«Dar cuenta de lo que soy de esas otras personas con quienes una intimidad gestual se ha conformado a base de rituales cotidianos que siguen dándose a pesar de su ausencia, sea transitoria o definitiva»
Es un libro que me ha conectado con recuerdos, sentimientos, lugares... Se percibe su sinceridad y transparencia (tan valioso y complicado de lograr desde mi punto de vista), por ejemplo al hablar de su madre en tercera persona para luego hablarle a ella directamente. Ahí sentía que yo misma podía hablar con ella. Un libro de estos que merece la pena incluir dentro del propio ritual de duelo. Recurrir a él a nivel poético y emocional me parece una buena manera de sentirse abrazada.
Se trata de una especie de memorias que la escritora publica por el aniversario de la muerte de su madre. En él irá reviviendo tanto los últimos momentos junto a ella como los posteriores.
En algo más de 150 páginas y con capítulos cortos (incluso varios de un solo párrafo o frase), conoceremos más sobre la autora, su familia y su relación maternofilial desde que su madre es diagnosticada con una enfermedad degenerativa. Entre sus páginas encontraremos grandes reflexiones así como momentos especiales vividos entre ambas contados con mucha sensibilidad.
Con la parte que más he conectado es con el "después" ya que también he pasado por ello y he conectado mucho con sus sentimientos. En cambio, en su proceso hasta el fatídico momento no tanto pero supongo que porque en mi caso fue cosa de un mes y no un proceso tan "largo".
Una cosa que no me ha gustado a título personal, pero obviamente entiendo a la autora, es el no usar nombres completos y solo utilizar iniciales, por momentos de me hacía un poco complicado situarme en la persona de la que hablaba pero ya digo que es totalmente comprensible.
Si queréis algo breve, para leer tranquilamente y con grandes reflexiones os lo recomiendo.
Cómo decir agur a ama. Un libro delicado y con unos paisajes muy comunes para mí, en el que la autora habla de cómo a su madre se les escapa la vida. Elegante, bello y muy sanador. Te reconcilias con la muerte y con las despedidas.
“El duelo, del latín dolus (dolor) es la respuesta emotiva a la pérdida de alguien o de algo”.
Una vez mas, cuando leo sobre duelo, creo haber leído lo más intimo y profundo de una persona. Abrirse en canal en cada una de sus páginas, descarnarse y, quizás así, nosotras, las lectoras, encontrarnos en ellas y así formar parte de ese círculo. Siempre he creído que en este proceso hay algo en común y que todas las personas que perdemos a alguien estamos de alguna manera conectadas.
Isabel nos ha brindado su diario más íntimo, el acompañamiento de ella, su padre y sus hermanos para con su madre, para su final digno y sin dolor. Respetando su decisión. Los últimos pasos vitales de su madre pero también los primeros hacía el descanso sabiendo que hay vía de escape para esquivar el sufrimiento por decisión propia. Que la enfermedad no arrebate el control de las vidas y sobre los cuerpos.
Aquí no vas a encontrar ni miedo a la muerte ni ira o rabia por ella. Yo aquí me he encontrado otra arista de la ausencia y la pérdida. Y es el acompañamiento previo. Emocional, terrenal, de cuidados, etc. Esa escena de todos los hermanos alrededor de su madre cantando, tomándose su tiempo para la despedida... me pareció bonita y dolorosa a partes iguales. He de decir que este libro se me asemejó a “Estrellas” de Paula Vázquez. Un antes y un después de la marcha de una madre. El registro de todo lo vivido, quizá con un poco de urgencia, también un poco de prisa por crear últimos y únicos recuerdos. Los últimos cuidados donde la vida se ve invertida, ahora eres tú quien cuida y vela por tu madre y dónde el valor de la palabra “mamá” vuelve a tener el sentido como cuando lo pronunciábamos siendo niñas.
Y, efectivamente, me encontré en el libro. Leí cosas que yo también he experimentado y que sigo viviendo: la memoria en la piel, el tacto, el calor del cuerpo en un abrazo, los besos, el olor... encontrar a esa persona en gestos, en situaciones y objetos. Halos de luz, flores, reflejos del agua...
Podría decir que este libro son dos cosas: una cápsula de recuerdos y “el acompañar”. Un verbo que me parece precioso. El arte de acompañar no lo domina cualquier persona. Y en este caso es más difícil aún. Y lo de los recuerdos es porque cuando perdemos a alguien son nuestro único vehículo para volver a esa persona; una fotografía, un instante grabado en nuestra memoria, un objeto. El apego no se borra así como así.
Este libro bien podría ser un regalo para la madre de Isabel, para su padre y sus hermanos... pero sobre todo es el mejor de los homenajes. Un acompañamiento lúcido y respetuoso.
Mucho tránsito de duelo este año y han sido muchas lecturas las que han llegado hasta mi con esa temática. Como si el universo quisiera mostrarme todos los matices de un corazón roto. Este libro es precioso, se une uno casi que al ritual del duelo y es como si la autora lo tomara a uno de las manos y mostrara los cuerpos, las intimidades, las luces, todas esas otras cosas que están allí acariciadas por la luz. Quedan en mi mente muchas sensaciones, nuevas nomenclaturas que pueden dársele al dolor y que en este libro, aunque la muerte parece ser su principal idea, hay profundidad en la humanidad que se va adhiriendo a la muerte, a la añoranza, a esos seres que han pasado por nuestras vidas y siguen presentes de algún modo. De la parte final conservo citas muy específicas que me gustaría resaltar:
"Entonces pensé que quizá estaba demasiado triste. Había colocado una fotografía. Había discutido con J. por esa foto. Era una puerta. Pensé quizá esa tristeza esté abriendo y dando paso a una nueva forma de percepción en el espacio de esta habitación. Me dije que podía ser un fenómeno físico acorde a un estado también físico, el de la pena, y me pareció lógico. Le hablé a ese volumen, a ese peso. Dije aquí estoy. No lo dije con palabras, pero sí se lo dije a eso." P154
"Era consciente de esa percepción que se tiene en estados de emoción alterada, en que todo se resignifica. Sabía de mi estado un poco excesivamente sensible, y pensé que cada uno de mis movimientos podría ser la escritura de una carta, que estaba como hablando a alguien, dedicando cada gesto a alguien, no a una persona, sino a varias, a mis amigas, a aquellos que he sentido cómplices, a aquellos a quienes les escribía en ese momento cogiendo las conchas, los cristalitos." p152
"Sé que es por todo eso que ahora te apareces, que vienes delizándote, y aún sabiendo del efecto me ilusiona y en el sueño te digo gracias por venir a visitarme." p164
¿Cómo un libro que cuenta una experiencia personal tan difícil puede resultar tan reconfortante? Isabel de Naverán recupera en este diario los últimos días de la vida de su madre y lo hace de una forma sincera y honesta, al menos todo lo sincera y honesta que te permite ser el paso del tiempo al recordar una experiencia de ese tipo.
Antes de empezar pensé que no podría terminarlo y sin embargo, no solo lo he hecho sino que además he sido capaz de disfrutado. Ritual de duelo me ha hecho ser consciente que de aquella experiencia que viví con mi madre y que tanto se parece a la de Isabel ya pesan mucho más los buenos recuerdos. Pero no solo eso, también me ha hecho sentir entendida en cada capítulo (o casi). Porque yo también recuerdo esas visitas el neurólogo, esos momentos de paz solas en la habitación, esas risas nerviosas de quienes nos acompañamos y esa necesidad de asumir que alguien puede querer dejar de ser.
Quizá el capítulo que más me ha impresionado porque podría haber sido yo esa hija o ella mi madre ha sido ese en el que Isabel describe como fue mudando la respiración de su madre y como así supo que se iba. Ese en el que también habla de esas últimas palabras que salen solas antes de que se vaya para porque tu cuerpo, no se como, sabe reconocer que es la última oportunidad de decirle algo.
Ha sido una lectura muy personal a pesar de no coincidir en todo. Una experiencia muy bien contada, donde se percibe mucho cariño y respeto. Un libro que me gustaría tener, sin duda.
“Dar cuenta de lo que soy de esas otras personas con quienes una intimidad gestual se ha conformado a base de rituales cotidianos que siguen dándose a pesar de su ausencia, sea transitoria o definitiva. Echar de menos debe de ser eso. Una manera de estar, o una modalidad de la falta, de hacer a alguien de menos. Un hacer.”
Delicioso. La autora explica muy bien a través de sus propias experiencias el proceso de duelo, los rituales que se crean en torno a la perdida y al recuerdo. Consigue plasmar ese amor hacia un ser querido y una complicidad con su madre única.
Libro para releer y volver una y otra vez. Sin duda hacia tiempo que no dejaba tan marcado un libro de notas y pies de página.
Un libro intimista que toca un tema delicado y un poco tabú como es la muerte. Difícil de reseñar algo tan personal, pero siempre son interesantes y necesarias este tipo de reflexiones. Mi reseña completa: https://memoriasdevirtual.blogspot.co...
De manera consciente y poética narra un tema complejo como es una enfermedad degenerativa, lo que conlleva para el que lo padece como para quienes lo rodean, la complicidad silenciosa madre e hija, el acompañamiento/afrontamiento en la enfermedad y la muerte como decisión.
Usando las palabras que habitan en el fondo de la ausencia retrata la resignificación de la identidad a partir de la muerte. Palabras tan finitas que se me pegaron al duelo.
"He pensado en ese modo de agarrarse a la vida mientras uno se despide. Detenerse en la belleza de lo más pequeño y cercano, configurar a conciencia un minúsculo ecosistema de autocuidado a base de transformar una mirada, y de atender solamente a lo que brilla."
Me hubiera quedado leyendo a Naverán un rato más. Es curioso ver desde fuera situaciones en las que la vida de otra persona se apaga. Tiene parte espiritual que es lo que me ha echado atrás pero creo que es bonito leer las memorias de esta escritora en relación a la muerte de su madre.