Las once historias que integran Guía de pasos perdidos indagan sin complacencia en las múltiples formas de aislamiento que determinan nuestros encuentros sociales. Ya sea de forma impuesta o voluntaria, en acontecimientos cotidianos o hechos en apariencia minúsculos, la soledad encarna sin remedio en el ánimo de sus protagonistas, seres extraviados que, «entre la orgía y la ascesis», han aprendido a sobrevivir al naufragio de sus querencias y anhelos.
En su primera colección de cuentos, con genuino lirismo y un singular estilo emancipado del canon imperante, Vela reclama el vértigo de la literatura para tomar el pulso de la emoción humana y situarnos ante el espejo de nuestras vidas sin que podamos apartar la mirada.
“Durante un par de minutos, permanezco aturdida sin entender de veras el alcance de mi temeridad. Es como si me hubiesen extirpado cualquier instinto de supervivencia o como si, al contrario, una pulsión de vida inaplazable me hubiera poseído por completo en un rapto que, ahora estoy segura, tiene algo de profético”.
Oía el otro día a Mariano Peyrou en el podcast Hotel Jorge Juan hablar de música, a propósito de su último ensayo, y en algún momento, ya no recuerdo por qué, viene a decir que no podemos ser demasiado presuntuosos con nuestro conocimiento del mundo. Al igual que hace cientos de años (y aún hoy) se pensaba que la Tierra era plana, en nuestros días hay muchas convicciones que damos por sentado o muchas leyes físicas que desconocemos y que quizás sean descubiertas dentro de docenas o cientos de años.
Entre ellas quizás estén las de las coincidencias o las casualidades, que bien podrían ser causalidades de las que desconocemos casi todo, excepto que la mejor literatura, como la de Javier Vela, lleva mucho tiempo explorándolas. En uno de los relatos de su estupenda colección ‘Guía de pasos perdidos’, titulado ‘Estás de suerte, Quim’, tres chicas se dirigen en coche al encuentro de un desconocido y, antes de que se precipite un sorprendente final, una de ellas parece escapar del cuento.
El caso es que me llamó tanto la atención que lo señalé en el texto justamente cuando lo leí, antes de conocer el final, y ese acto es otra prueba más de que el misterio de las premoniciones existe.
Esta es una obra de relatos. Un compendio de once historias muy breves donde el autor nos presenta, a priori, un tema común: la soledad y el aislamiento. O al menos, es lo que pone en la sinopsis y múltiples reseñas. Yo, personalmente, he visto que, aunque sí que es cierto que todas las historias tiene un velo nostálgico, algo deprimente, de existencia errada y de lo cotidiano, en sí no he sabido ver ese concepto.
De todas las historias, las que más me han gustado han sido “Estás de suerte Quim”, por la sorpresa del final, y “La Habitación”, donde se nos muestra un poco las consecuencias del silencio, donde podemos reflexionar sobre la responsabilidad de lo que callamos, este estuvo muy interesante.
Del resto de historias, pienso que no he conectado bien con este autor, me han resultado algo desordenadas, por decirlo de alguna forma. El resultado de su narrativa, a veces poética, a veces plana, no ha cuajado mucho conmigo. Relatos con mucha floritura, rico en vocabulario, y otros más centrados en los personajes, como más redondos, muy diferentes al resto.
Recomendable para los que busquen algo diferente que leer.
Colección de once relatos muy "literarios", de escritura muy cuidada. Usa un vocabulario muy rico y a veces rebuscado (testero por pared, escarpia por clavo, amenorreica por menopáusica, arte parietal por arte rupestre), con lenguaje metafórico "bajo el tartamudeo de una farola". Se nota que el autor es poeta ante todo (fue premio Adonais). En alguno de los relatos (Cuento del pescador) abusa claramente de la exhibición de vocabulario náutico y pesquero. Casi exige leerlo con diccionario a mano. Ese estilo barroco y recargado extremadamente descriptivo es para mí lo peor de alguno de estos cuentos (en especial éste). Parece que trata de demostrar de manera apabullante su enorme riqueza de vocabulario. La relación de soledades de estos once cuentos es conmovedora: el anciano pescador destinado a una residencia, el adolescente traicionado por su mejor amigo, el inminente viudo que lleva a su moribunda esposa a un pueblo del Cantábrico, el joven autista que se refugia de la incomprensión de sus padres en su fantasía... Contiene una interesante reflexión sobre el cuento (en el cuarto de los relatos, uno de los mejores para mi gusto): "Olmedo ... vuelve a leer "Coalinga..." intentando abordarlo desde distinto ángulo, esta vez. Busca afanosamente la historia sumergida que todo cuento esconde bajo su superficie, y que no aflora a ella sino en los intersticios del texto principal, ampliándolo, aireándolo, complementando su significado. Ahora, cree advertir matices que antes pasó por alto. Por ejemplo...". Como dice el narrador de este relato, cada uno de estos cuentos exige una lectura despaciosa y, si es posible, varias relecturas para iluminar su contenido y extraer todo el jugo de estas historias tristes y solitarias.
Interesante colección de cuentos cuyo denominador común es la soledad. Una soledad cotidiana, íntima y no aparente. La soledad de la madre desubicada entre dos generaciones, la del hijo que va despertando en un lugar que no es el suyo, la del viejo al que solo le queda su pasado, la del que ve acercar su muerte... En mi opinión el autor logra reflejar de forma cruda y fidedigna esas soledades aunque en ocasiones se pierde en descripciones demasiado extensas. Me ha dado la sensación que algunos de los relatos han sido meros artificios, juegos estilísticos, experimentos literarios en los que el autor ha abierto el tarro para dejar escapar toda su capacidad narrativa. Descripciones demasiado largas, palabras en desuso o poco comunes que han lastrado el desarrollo de la historia. El relato que más me ha gustado, titulado "La habitación", es precisamente en el que el escritor ha logrado contenerse e ir directamente hacia el interior de los personajes, olvidando excesivos adornos exteriores. Cuando ha decidido ir al grano es cuando ha conseguido conmoverme. Mención aparte merece la cuidada edición de Páginas de Espuma. Desde la portada, la calidad del papel, una tipografía generosa e incluso hasta una numeración elegante de las páginas, el libro fisico derrocha calidad.
Es un libro corto compuesto por once relatos donde la temática principal es la soledad y cómo la viven cada uno de sus protagonistas. Personas luchando en su día a día que se sumergen en la soledad como vía de escape de su realidad, no siempre acorde con sus deseos. A pesar de ser corto y estar dividido en relatos su lectura se me ha hecho densa, no he conseguido empatizar con los personajes, incluso a veces me he sentido un poco perdida, y el ritmo es demasiado lento. Esto último es un gusto personal. Tal vez el haberlo leído de golpe no ha sido la mejor idea y debería haber espaciado su lectura para encontrar esa soledad que impregna sus páginas y a sus personajes.