El Holocausto es considerado unánimemente como el peor crimen en la historia de la humanidad. Significó el asesinato de seis millones de judíos europeos, millón y medio de niños incluidos. Su eficacia casi aséptica y su escala industrial siguen conmoviendo y repeliendo por partes iguales. La actitud de la dictadura de Franco al respecto es poco conocida y muchas veces malinterpretada. El libro demuestra que, a contracorriente de la propaganda oficial sobre el “contubernio judeomasónico” y la pulsión antisemita de una parte no menor de la jerarquía militar, la actitud de Franco osciló entre la indiferencia, la colaboración pasiva y la ayuda a los judíos perseguidos, sobre todo, pero no exclusivamente, a los de origen sefardí, algunos de ellos poseedores de la nacionalidad española por decreto de Primo de Rivera.
La premisa está clara: acabar con el mito de la supuesta bondad del régimen franquista con los judíos durante la II Guerra Mundial, un engendro de la propaganda española después de la derrota del Eje para separarse de sus antiguos aliados y aproximarse a las democracias occidentales. Los capítulos dedicados a la relación personal de Franco con los judíos, al papel de la diplomacia española durante el Holocausto o a la presencia en la prensa de los campos de concentración tras el final de la guerra son realmente interesantes. Sin embargo, el primer capítulo (un repaso histórico al antijudaísmo y al antisemitismo) y el último (un análisis de la judeofobia y el antisemitismo en la prensa extremeña entre 1931 y 1950) son bastante flojos y parecen haberse incluido sencillamente para rellenar y darle más empaque al libro. En cualquier caso, una aportación interesante.