Una maravilla, un baño de literatura con mayúscula, que invita, al menos con migo lo ha hecho, a leer cada una de las obras que han gestado este reino tan realista como surrealista, fruto de nuestras tradiciones, de las cosas más cotidianas y extraordinarias que es, al mismo tiempo, un canto al cuento, a la fábula, que también la hay, y a la tradición de contar, a la belleza del contar.
Y todo con un uso absolutamente magistral de nuestra lengua, de sus registros, de su rico léxico y del juego de la metáfora y hasta el símbolo. El lector va a disfrutar a muchos niveles, y por eso quiero retomar y volver allí frecuentemente, a saber más de sus gentes y de sus anécdotas.
Es un territorio de ficción, casi delimitado geográficamente, en el que conocemos poco a poco a sus personajes, sin dejar de serlo la propia tierra de Celama. El lector va a encontrar un fino humor como redención a la tragedia que, gracias a él se hace tragicómica y una forma de reírse de nuestra propia condición.
A mí me ha recordado muchas cosas, desde el Macondo y Comala, en la mejor literatura hispanoamericana, pero también me ha traído el expresionismo y el surrealismo de “Amanece que no es poco”. Lo he disfrutado. Se advierte que faltan historias en la compilación, pero también que las que están, de diferentes obras y momentos, están muy bien elegidas, configurando una estructura que repasa ese rico universo narrado, contado y fabulado con tanto talento.
Después de muchas novelas thriller, policíacas, y de entretenimiento en general, el espíritu del lector se pone a bailar cuando se encuentra con cosas como esta.
La recomiendo rotundamente.