Marilin es autora y protagonista de su propia historia; desde pequeña, sus sueños y anhelos la conducen y prueban sin ella saberlo, incontrolables, se transforman en aventuras, rostros y nombres, diferentes países y ciudades, trabajos, pero sobre todo, aprendizajes y lecciones, de las que se valdrá para alcanzar su destino. Un viaje que empieza en Nagua, su lugar de nacimiento en la República Dominicana, entre leyendas de tsunamis, las frutas tropicales y sus padres; para continuar en Santo Domingo, entre algunos villanos y otros héroes, en un salón de belleza, con sus hermanos, su hijo, Alex, y sus amigas; Marilin escribe y vive esta novela de búsquedas y encuentros, que terminará en un lugar totalmente diferente de donde comenzó, más allá de su origen con un sueño de amor cumplido. Si tú supieras donde está tu felicidad, ¿te atreverías a ir por ella? Marilin lo hace, acompañada por sus pensamientos y emociones, por su familia, su espiritualidad y fe, sabiendo que no importa cuánto tiempo le tome ni la distancia u obstáculos que se interpongan, esta mujer está dispuesta a correr el riesgo de reunirse con su alma gemela. ¿Qué se necesita para encontrar el éxito, no solo personal o económico, sino espiritual y emocional? Un sueño y la suficiente fe para mantenerlo, porque creer en el amor y en la magia no es fácil y no es para todos, pero a veces la felicidad puede estar a un clic de distancia, en una página de internet o en un mensaje de celular, por eso hay que aprender a creer y a seguir creyendo. La fe es para quienes disfrutan de los caminos difíciles y las cimas de las montañas, es para aquellos como Marilin, dispuestos no solo a vivir, sino a escribir para contar su propia historia.
Yo no soy de leer muchos romances, lo digo desde el inicio. Pero 5995 kilómetros hacia la felicidad llegó a mis manos y, al mismo tiempo, llegó su autora a mis redes. No la sigo desde hace mucho, pero basta ver un par de sus videos para entender por todo lo que pasó… y de pronto te encuentras mirando su contenido como si la conocieras desde siempre.
Mientras leía el libro, sentí esa conexión extraña y bonita: la de sentir que conoces a alguien sin conocerla en persona. Que cada página lleva un pedacito de lo que ella vivió, de lo que sanó y de lo que eligió dejar atrás. La historia avanza con calma, con honestidad, con esa vulnerabilidad que solo nace cuando alguien escribe desde la herida y desde la esperanza.
Aunque no leo mucho romance, este libro me recordó que a veces no es el género, sino la verdad detrás de quien lo escribe, lo que te toca. Y aquí, esa verdad se siente humana, cercana y luminosa.