no me gusta poner los libros de mi tesis aquí, porque siento que es hacer trampa, ya que no forman parte de una lectura "por ocio" y meramente para el disfrute, a pesar de que algunos (como el último loggeado de sánchez vidal hayan sido lecturas súper interesantes y fructíferas). sin embargo, este pequeño ensayo, que compré en un viaje de disfrute artístico a madrid ha trascendido esa "lectura de trabajo e investigación", puede que porque no me haya aportado tanto como imaginaba en ese ámbito, o lo haya hecho de otras formas diferentes. es un precioso ejercicio de memoria y relación, de unión, de honda comprensión e inspiración, de una forma de trabajar y pensar a la que aspiro, con fragmentos que se acercan hacia la prosa más preciosista y novelesca, mientras otros cumplen las características propias del ensayo, plagados de información. desde luego, una lectura que no te deja indiferente y que te mueve de una forma u otra. consigue conectar contigo, vengas de un tema o de otro, te hace fascinarte por lo que en otro momento no creías objeto de tu tiempo, reflexionar sobre el pasado y el presente, sobre las conexiones de los cuerpos y las mente capaces de transcender el tiempo. siento la review tan abstracta, pero es a lo que invita la lectura, a guiarte por el sentido y a, por qué no, aspirar a ser capaz de escribir tan bonito y plantar tantas semillas de duda y debate en las gentes que te leen
Leyendo sobre Vicente Escudero he sabido que trató y bailó mucho con Antonia Mercé, la Argentina. Me he acordado de que, una vez más la casualidad, me había llamado mucho la atención un libro breve de Isabel de Naverán que salió hace unos meses sobre la bailarina y bailaora y, como lo tenía pendiente, lo he leído en un rato.
La Argentina fue quizás la primera artista condecorada por la República española. El mismo Azaña la homenajea muy pronto (ella sonríe pero tensa los puños de sus prodigiosas manos) y se convierte en una especie de Marianne de la democracia española.
El caso es que esta identificación sólo simbólica parece dar lugar misteriosamente a un acontecimiento muy triste: la bailaora acude el 18 de julio de 1936 al Salón Novedades de Donosti para ver una exhibición de danzas vascas. A las pocas horas, cuando se entera del golpe militar, se desvanece en un sofá y muere con sólo 46 años.
Todos estas relaciones y envolturas y algunas más le sirven a Isabel de Naverán para especular y profundizar en el concepto de síncope, reflexionar sobre cómo se percibe la Historia, investigar en el cuerpo danzante como archivo que es capaz de actualizar el pasado, indagar en una fotografía familiar de Lorca en la que le enseña música a su hermana, y un montón de sugerencias más, lo que parece casi imposible para un ensayo de unas 100 páginas y unas cuantas fotografías. Pero os aseguro que es posible.