Otra joya de Elena Fortún. Junto con Oculto Sendero, este libro fue escrito durante su exilio a Argentina, y no vio la luz hasta mucho después de su muerte (por su temática explícitamente lésbica).
La historia de un grupo de chicas, al principio colegialas de unos 14/15 años, y la historia los sigue hasta su edad adulta. Algunas se siguen viendo después de la escuela, otras pierden comunicación y se encuentran después. Todas son mujeres homosexuales en un mundo que no está hecho ni para mujeres ni para homosexuales, algunas tienen una vida relativamente buena, con un trabajo y a veces pareja, otras se casaron sin mucha suerte y otras, bueno, lo tuvieron más duro (ay Trudi).
Sus romances entre ellas y entre otras mujeres son simplemente lo mejor. Esto es para las messy lesbians que no superaron a su ex.
“Aquel día me marcaste para siempre... Me dejaste en la piel la huella de tu boca para que nunca se borrara... Y yo soy tuya siempre.”
“Se volverá a casar, ya lo verás. ¡Si es lo natural, Señor! Ese tipo de mujer necesita al hombre para coquetear, engañarle y zarandearle... Nosotras estamos al margen de la vida.”
“El genio incipiente no es tentado por la vanidad o pueden más su timidez o su reserva.”
“Ocurre con los versos que con eso de que «peguen» no se dice casi nunca lo que se quiere... y es el caso, que lo que ella quiere decirle a Adela, solo se puede poner en prosa, pero en prosa bien clara, sin literatura...
Tú me has preguntado si te quería y yo te dije que sí, y ahora tienes tú que decírmelo también para que yo lo sepa. Nunca jamás me casaré, ni tú tampoco, porque te quiero a ti sola y necesito saber si me quieres tú a mí, y si ahora dices que no, yo creo que me moriré y la vida me parecerá un desierto...”
“No se sabe qué hablar cuando hay demasiado que decir.”
“No, nada comprenden las buenas de las monjitas. ¿Qué saben ellas de la noble enfermedad de don Quijote? Al igual del hidalgo manchego, Ofelia, entre dos potencias formidables, la Realidad y el Sueño, ha optado por el segundo.”
“El testimonio ajeno aumentaba el convencimiento propio.”
“—Bueno, si no quieres oírlo... Pero es así y no de otra manera... Y yo no digo como dicen por ahí que vamos contra la naturaleza, porque puesto que existe nuestro caso y es mucho más corriente de lo que se cree, está dentro de la naturaleza como el otro... Y hasta somos tal vez los elegidos, los precursores de una vida nueva en que no se crearán hijos de carne, sino hijos del espíritu...”
“La vida es un torbellino deslumbrante; nunca ha sido para Ofelia tan variada y tan intensa. ¡Le parece que vive en su verdadero ambiente!”
“Al contrario, cultivo mis defectos; aborrezco mis cualidades, que no me dan más que disgustos: la sinceridad, por ejemplo, pero no puedo remediarla...”
“De pie, mientras un suave viento agita sus sedosos cabellos oscuros sobre la blanca frente, parece la misma imagen de la melancolía...”
“No hay nada que se parezca menos a una mujer que un hombre... “
“Paseo con papá, leo libros que no conocía, cambio impresiones con él sobre lo leído, visito pueblos de la costa, miro el mar y los pinos y, cuando llega la noche, estoy tan rendida de emociones que me duermo cenando.”
“Ofelia siente hondísima tristeza y decide una cosa extraordinaria. Conservará esta tristeza toda su vida. Se admira de su propia grandeza trágica y siempre esto es un consuelo... Seguramente un Destino implacable –así, con mayúscula– la ha marcado para el Infortunio –otra mayúscula– sin remisión.”
“¡Ah, si pudiera atisbar algo de mi porvenir! Pero no, ¿para qué? Esas son tonterías. El porvenir me lo puedo hacer yo...”
“Concretamente, he pensado en ti quizá pocas veces, pero has permanecido como una imagen velada en el fondo oscuro de una capilla que no se frecuenta; de cuando en cuando, comprobaba que estabas ahí y sabía que un día surgirías de la sombra para mi dicha...”
“A mí, Ofelia, todo lo que no es arte, bellesa, grasia (no digo grasia en el sentido de chiste o de buen humor, sino de la otra) me carga, me chincha, me revienta... Parese que esto es algo amoral... ¡Puede, no diré que no! Pero uno es así... ¡Y qué le voy yo a haser!”
“Naturalmente. Hay el placer de los dioses y el placer de las bestias... y todos los infinitos intermedios. Pero todo placer que trae consigo una reacción de tristeza es un error, como el del borracho, como el de todos los vicios...”
“Es la suerte en España de las mujeres con un poco de personalidad... Todas hemos pasado por lo mismo y es una mala época en la vida que es presiso arrostrar para romper las cadenas...”
“La mujer es como el tonto del circo que recibe siempre las bofetadas y nunca llega a tiempo de darlas...”
“¡Las novelas, querida, están escritas por los hombres, que no saben una palabra ni de los sentimientos femeninos ni de los secretos de sus nervios ni de su delicada fisiología ni de su espíritu ni de nada!”
“¡Oh, el mar, el mar, que como un dios poderoso y potente la posee por entero...!”
“—[sobre los hombres afeminados] Yo no sé, ni me importa saberlas, sus prácticas amorosas... Eso no es de mi incumbencia; solo sé que ellos son mis mejores amigos, en los que encuentro siempre el punto de afinidad espiritual...”
“La noche estrellada de primeros de mayo huele fuertemente a acacias floridas.”
“Ofelia se da cuenta de que, si en estos momentos se le antojara la luna, Natividad fletaría un globo-sonda para ir en su busca...”
“Lo son, en verdad, aquellos brazos que estrechan su cuerpo, aquellas manos que se amoldan a la forma de sus senos en una caricia extenuante, aquellos dedos de exquisita sensibilidad que se saturan del tacto de su piel estremecida... Y también lo son aquellos muslos musculosos y fuertes, de domador de caballos, que se ajustan a sus piernas en convulsivo esfuerzo... Pero es femenina aquella boca que vierte en su oído palabras fervorosas de ternura, de amor infinito, como un soplo dulce y extrañamente original…”
“No quería admitir, como les ocurre a todos los abandonados, esta verdad terrible: que es inútil aquilatar ni discutir méritos; que el amor salta como un cigarrón y cae, aunque sea en una hoguera, sin que nada pueda detenerlo; que no se quiere por esto, por lo otro o por lo de más allá, sino a pesar de esto y de lo otro...”
«En conciencia yo soy peor que nadie», se dice con íntimo menosprecio. «¿Qué tengo yo que decir contra fulanita coqueta, contra menganita que engaña a su marido, contra la chica que se ha casado por el interés, contra la señora de tal que es una hipócrita? Yo también me he vendido, también engaño a mi familia y a la sociedad, también... ¿Con qué derecho arrojaré la primera piedra contra nadie? ¿Por qué le tengo tanta rabia a Enrique, sino porque saca de las honduras a la superficie mi ignominia con sus palabras desvergonzadas? ¡Ah, Ofelia, Ofelia, que algún día soñaste en la perfección, en la idea de superarte...!”
“Siente por primera vez el peso de la cadena: tan ligeros habían sido hasta entonces los eslabones.”
“Ofelia está fastidiada y molesta de oír vulgaridades y percibir pensamientos que solo salen a la superficie en sonrisas, rubores y palabritas embozadas... Pero ¿qué se figurarán esas niñas? ¡Oh, los puntos suspensivos de las novelas, cuánto daño han hecho...!”
“Una mujer no es libre completamente en tanto no sabe ganarse la vida... Eso es lo que únicamente da la independencia máxima... Además, ¿sabes?, nuestra moral, la de los artistas, no tiene nada que ver con la de los burgueses...”
“La salud, la prolongación de la juventud, el amor, la dignidad, todo está influido por él... Si el dinero no da la felicidad, como se hartan de decir los que lo poseen, la pobreza da la desgracia con seguridad...”
“Hay que aprender a ser feliz como se aprende a tocar un instrumento.”
“Compadeced a quien veáis llorando por la calle. Porque muy agudo, muy desgarrador es el sentimiento que no da lugar a llegar a casa para consolarlo.”
“Ofelia asiente y entra en el ascensor en un estado de ánimo con una agitación parecida a la de un árbol azotado por la tempestad que recibe al mismo tiempo las sacudidas del huracán, las fulguraciones de las centellas, la lluvia torrencial que esponja su follaje y la súbita luz del sol por los desgarrones de las negras nubes...”
“—Je t’aime, querida mía –Totó comprende todo lo literario que ha acabado por ser el verbo amar en español y que en el «te quiero» no se expresan todos los delicados sentimientos de su amor, por eso, casi siempre, acude al idioma francés más tierno y abundante en palabras amorosas–.”
“De pronto, comprende con toda lucidez que el destino no es una palabra y que su invisible presencia gravita allí mismo de modo inevitable y formidable...“
“porque París es delicioso, porque os queremos de verdad, porque nos traeríais el mejor cachito de España representado por las dos amigas más queridas, porque hablaríamos en nuestro hermoso castellano, porque este cielo gris se volvería más claro con un par de soles como vosotras...”
“—(Hablando sobre una pareja heterosexual) Ya se van, con su tedio a casa... Doy gracias a los dioses –como dice Ofelia– porque, entre tantas desdichas y calamidades como se han servido enviarme, no han puesto la mayor de todas que sería la de verme en ese plan...”
—A lo mejor... –comenta Adela con su habitual buen sentido–. A lo mejor ella no trocaría su destino por ningún otro.
—¡A cada cual el itinerario que le señala su impulso[...]! Mi itinerario, a vuelta de errores y de tropiezos, es otro: es la lucha, la vida, el arte, esta escapatoria a París, la libertad... ¡Tú sobre todo! Es decir: el amor por el amor mismo, por encima de todos los instintos...”