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256 pages, Paperback
First published March 2, 2022
“Los hechos son inciertos, los valores están en discusión, lo que está en juego es importante y las decisiones son urgentes” (Jerome R. Ravertz)La primera de las cuatro partes de las que se compone el libro presenta ideas interesantes que, a mí, lector esporádico de ensayo, me han parecido sugerentes y provocadoras. Bien es verdad que, como dice el autor, en todo esto de las ideas “casi nada es absolutamente original”.
“La sociedad ya no tiene su principio dinámico en un permanente aumento del conocimiento y un correspondiente retroceso de lo que no se sabe. Los límites entre el saber y el no-saber no son ni incuestionables, ni evidentes, ni estables.”Somos cada vez más conscientes del no-saber, evolucionamos hacia una sociedad del desconocimiento. Este es el meollo de esa interesante primera parte, siendo su derivada principal el debilitamiento de cualquier autoridad intelectual, especialmente la ciencia, que deja así de ser un modo objetivo, indiscutible y socialmente legítimo de gestionar la verdad.
“Hay que reorganizar el conocimiento admitiendo muy explícitamente sus márgenes —lo desconocido, lo incierto, lo ambiguo— de un modo que permita reconocer racionalmente los límites de nuestra capacidad para predecir o controlar”Todo ello, junto a una supuesta arrogancia y prepotencia de científicos y expertos que, según el autor, intentan imponer su visión de la realidad dando soluciones que parecen no tener alternativa posible, es lo que ha provocado el surgimiento reciente de la desinformación, el negacionismo y las teorías conspiratorias, a las que ve efectos positivos, como un supuesto impulso democrático o la lección de humildad que infringen a científicos y expertos.
“La democracia es un sistema político que soporta mucha más ignorancia de lo que suponemos; cuando está bien diseñada y es viva su cultura política, puede permitirse el lujo del ensayo y el error, llegando incluso a sobrevivir a la incompetencia de los representantes y a la irracionalidad de la gente”En fin, lo cierto es que no me ha quedado muy claro si la definición de la sociedad que realiza el autor es un retrato o una esperanza de futuro:
“Una sociedad como la nuestra se caracterizaría porque sus miembros e instituciones prefieren aprender a enseñar; se relacionan con el mundo de un modo reflexivo y no dogmático, prefieren orientarse hacia la realidad, de un modo que esta pueda desmentir lo que creían saber, a buscar en todo momento su confirmación… es una sociedad del desconocimiento no porque sepa poco, sino porque aquello que sabe lo tiene como una propiedad inestable, amenazada por la controversia y el desmentido (que tiene) conciencia de que hay cosas que no conocemos y que incluso desconocemos que desconocemos”En mi opinión, no es ni una cosa ni la otra.