Si pudiéramos ser esponjas gigantes, podríamos absorber todas las lágrimas, penas y enfados; podríamos empezar de nuevo, sin rencores, sin miedos. Si alguien pudiese contarnos todas las veces que ha vuelto a empezar, no harían falta citas de Marco Aurelio, ni apoyo incondicional, ni todo el cariño del mundo.
Es necesario bajar al barro, ensuciarnos, entrar en la batalla sin armas y sin ojos alarmados que nos detengan. Hace falta aprender, encontrar lo perdido, volver a conocernos. Hasta que una fruslería, un meme, una palabra, una llamada… nos haga reír, romper a llorar, o simplemente despertar.
“Somos lo que el primer amor que tenemos fuera de nuestras casas nos hace sentir”.
Hugo tiene ocho años, una casa, un colegio, una familia y -sobre todo- unos padres que ya no se quieren. No conozco sus nombres, pero el autor de esta novela me ha llevado, de forma perturbadora y sobrecogedora, a sus rincones más oscuros.
“Una mudanza no resolverá lo que tú no eres capaz de solventar, para acabar finalmente en el punto del que has huido”.
Todos escuchamos los motivos y desenlaces de los divorcios, pero nadie nos cuenta las consecuencias del naufragio. Ese día en el que escapas del lugar que te asfixia y te enfrentas a la soledad, la culpa y la incertidumbre. Esas sensaciones al dormir de nuevo en tu habitación de adolescente, al enfrentarte al enfado de tu hijo, a esa primera llamada de ella que no entiende por qué te has ido y te insta a volver: “…por Hugo, por lo que fuimos”.
José, más conocido aquí como @icarobooks , nos adentra en una historia en primera persona que incomoda desde las primeras líneas. Te mete en la piel de un padre -que a su vez es hijo- sincero, desbordado, que expresa lo que nadie se atrevería y que, a pesar de la controversia, te incita a empatizar. Un libro que te sumerge en la travesía de una capitán obligado a coger el timón del barco y llevarnos por una trama llena de frases subrayables, que te sacuden una y otra vez, hasta ese desenlace que te dejará pensando, con la mirada perdida, imaginando miles de posibilidades y una sonrisa nerviosa cargada de esperanza.
Una oda al perdón y al amor por las pequeñas cosas... que significan mucho.