Tenía muchísimo interés en ver cómo Posy Simmonds manejaba la historieta corta después de haber disfrutado enormemente de tres de sus obras largas («Tamara Drewe», «Gemma Bovery» y «Casandra Darke», las tres editadas en España también por Salamandra Graphic con traducción, como en este caso, de Regina López Muñoz) y la verdad es que ha sido una maravillosa sorpresa ver cómo esta genial autora maneja el formato corto con la misma soltura que el largo.
En esta ocasión sus perlas son más concentradas y su humor es mucho más afilado que habitualmente. Al contrario que en sus otras obras, que son historias de ficción, aquí Simmonds habla de algo muy real y que ella lleva décadas conociendo de primera mano: las miserias, veleidades, intrigas y frustraciones que rodean a un mundo tan aparentemente glamuroso —para quienes lo viven desde afuera— como es el del libro. Como es habitual en su obra, Simmonds pone una lupa sobre lo que las personas querríamos esconder pero acaba saliendo a la luz. Y, ejem, en el mundillo literario hay mucho material del que tirar… y mucha tela que cortar.
Las viñetas no son del todo independientes: a lo largo del libro nos reencontramos varias veces con algunos personajes que se ganan nuestro cariño y nuestra sonrisa. Los dueños de una pequeña librería a punto de cerrar porque justo enfrente han abierto una gran cadena, un doctor especializado en curar el ego de los escritores heridos, un detective que se dedica a hundir reputaciones literarias… y hasta algunos personajes de antiguas fábulas infantiles que ven cómo el mundo ha pasado a ignorarles por completo. Todos estos personajes viven incómodas situaciones cotidianas en firmas de libros, presentaciones editoriales y ferias literarias. Y mientras el lector disfruta de estos arquetipos tan auténticos, solo puede sonreír ante lo real de todas las situaciones descritas.