Es uno de los dramaturgos españoles contemporáneos más representados de la generación denominada, no sin cierta polémica, Generación Bradomín. Su dramaturgia, profunda, comprometida y metódica,ha traspasado las barreras nacionales para ser traducido y representado en los principales teatros europeos. Es colaborador asiduo de compañías como Animalario y ha trabajado como adaptador y dramaturgo para el Centro Dramático Nacional y la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Está casado y tiene tres hijos.
Juan Mayorga es un artífice de la palabra y del silencio; en El Gólem, donde rescata la antigua leyenda judía sobre un monstruo o salvador hecho de barro y de palabras, hace del diálogo un arma compleja y sutil para la construcción de un mundo narrativo siempre ambiguo, que se hace y se deshace a medida que las palabras (y, con ellas, la identidad), se memorizan y se olvidan.
Un futuro que parece cercano y que, de hecho, está inspirado en un pasado muy reciente. Los hospitales expulsan a aquellos que el sistema no puede permitirse curar, porque la sanidad pública ha colapsado. Ismael está a punto de convertirse en uno de esos enfermos desechados, pero Felicia, su mujer, hará lo posible para que permanezca en el hospital y reciba un buen tratamiento. Hasta aquí todo apunta a una historia convencional; no obstante, muy pronto Felicia conoce a Salinas, la “traductora” del hospital, que le ofrece memorizar unas palabras en otra lengua a cambio de seguir cuidando a Ismael. A medida que Felicia lee y memoriza las palabras del cuento, los diálogos con su marido y con Salinas se vuelven más extraños e ininteligibles. Hay siempre una elipsis, un vacío que el lector debe salvar cuando accede a las palabras de Felicia: la transformación previa que esta ha sufrido al aprehender el texto que, poco a poco, va asimilando y encarnando. Mayorga consigue que la metamorfosis de Felicia sea también la nuestra, y mantiene a Salinas como intermediaria u oráculo, aparentemente imparcial. El gólem es un ser hecho de barro y animado con la voz del creador, que lo abandona y lo rescata a su antojo. Al adoptar esa nueva identidad, y entre los muros de un hospital que empieza a verse amenazado por los asaltos de un pueblo furioso, Felicia hace frente al contrato que firmó, un pacto fáustico que promete devolverle a su marido cuando ella ya no pueda reconocerse en el espejo.
La angustia y el desconcierto que nos transmite Mayorga con las palabras y los silencios de El Gólem nos invitan a vigilar el lenguaje que utilizamos y que, lejos de ser totalmente nuestro, se abraza siempre a ese discurso ajeno que, poco a poco, nos convierte en una criatura exiliada de sí misma, que existe solo para los demás.
3,5⭐️ É unha obra rarísima que non estou para nada segura de tela entendido completamente, pero ten unhas reflexións e unha aura filosófica que me pareceron interesantísimas. Creo que, ahora que acabei de lela, será unha desas obras cuxo sentido botarei uns días cavilando na miña cabeza, tamén axudará, por suposto, a explicación cando a vexamos en clase. Non descarto subirlle a nota para ese momento.
Ás veces o teatro de Mayorga parece escrito nunha liña de existencia paralela onde a lóxica causa-efecto non funciona do mesmo xeito que no noso plano, o cal me gusta e me incomoda ao mesmo tempo. Coma outras, esta obra caracterízase por terte desubicada todo o tempo, con personaxes fragmentados e secuencias inconexas, e, de vez en cando, ofrecerche unha reflexión filosófica do máis interesante e sorprendente.
Otra excelente fábula de Juan Mayorga sobre la comunicación y el lenguaje. En esta ocasión, sobre el poder de las palabras. Mayorga toma el mito judío del Gólem como metáfora. El Gólem era un gigante de cera a quien un sabio cabalístico insufló vida mediante el poder de una palabra hebrea ('verdad', que, al perder una letra, se transformaba en 'muerte') y Mayorga se pregunta si todos los seres humanos no seremos, en el fondo, otra cosa más que Gólems, si no serán las palabras que alguien pone en nosotros (las que oímos, las que leemos, las que escribimos) las que nos hacen ser quienes somos, las que nos dan (nuestra) vida.
A partir de ahí, juega con la idea de que si unas palabras nos han hecho ser lo que somos, tal vez esas mismas palabras, vertidas en otra persona, la convertirían en una copia de nosotros mismos. O, a la inversa: tal vez nosotros no somos sino reproducciones de otras personas, aquellas que pronunciaron las palabras que nos formaron.
El pequeño ensayo de Santiago Alba Rico que acompaña al texto de la obra acierta a ordenar estas y otras ideas sobre la 'magia' de las palabras.
Una obra que se va haciendo cada vez más grande. Tiene una mayor carga filosófica que otras de sus obras, y guarda sentencias que directamente se graban en la memoria: "El lenguaje de una persona -cómo usa las palabras y cómo es usado por ellas- es un mapa de su vida."
Encantoume. É raro e complexo, pero encantoume. Entendín moitas cousas e outras tantas non cheguei a entendelas, pero pareceume unha obra con maiúsculas. Ten reflexiós que son TAN boas… P.S. Val, se les esto dalle unha oportunidad a este libro, porfa. Penso que che pode gustar :)
Sinceramente creo que no entendí nada. Me ha gustado el tono filosófico y las reflexiones existenciales, pero creo que el fondo no lo he comprendido por completo.
Una reflexión sobre la actualidad y la muerte de la palabra como sentido. La palabra como arma y el dominio de la misma. El golem es un relato de un ser de barro vacío que vive cuando una palabra entra en él: verdad. Cuando la verdad existe, aparece, muere el dominio. La opresión.
El dominio de la palabra es la posesión de la libertad. Las palabras nos transforman, nos hacen. La lectura de unas palabras hacen de Felicia, la protagonista, en un ser pleno. Sus palabras curan... aunque vivamos en un mundo sordo y vacío.
Tenemos que llenarnos de palabras. Porque las palabras son lo que queda cuando el cuerpo desaparece. Son inmutables. Son veneno y son antídoto. Lo son todo cuando la barbarie nos consume.
Y lo está consiguiendo.
Sin embargo, Benjamin (Mayorga) nos recuerda que la revolución es posible tras la barbarie. Solo tenemos que poseer la palabra.
Feia temps que no tenia la necessitat de rellegir constantment un text. “El golem”, com totes les obres de Mayorga que he llegit, m’ha enganxat des del primer instant, però, en aquest cas, l’obra té tantes capes de lectura que el missatge es perd constantment.
Quan hom llegeix teatre s’ha d’imaginar a si mateix d’espectador, suposo que és obvi, i en aquesta obra es fa tant èmfasi (irònicament) en les paraules dels personatges, que el missatge es perd de seguida si només es fa una lectura superficial. Vaja, tinc la sensació que el públic, veient l’obra en directe i sense haver-la llegit anteriorment, s’ha de quedar només amb una imatge vaga del que realment l’obra vol transmetre, la qual cosa és paradoxal perquè estaria perdent tot el valor de l’obra. Crec que el missatge, per poder gaudir d’una obra de teatre, ha de ser una mica més accessible al públic…
Disfruté más del libro que de la representación porque la complejidad del texto agradece una lectura pausada. Y cuanto más pausada es la lectura, más significados e interpretaciones puedes añadir, tomando siempre como punto de partida e hilo conductor la importancia de la palabra y de su poder transformador (o, en este caso, más bien transmutador). De todas formas, incluso con una lectura pausada, llega a resultar abrumador en varios momentos.
Cuidadito con las palabras. Somos huéspedes de ellas, y cuando las transmitimos también transmitimos nuestra experiencia con ellas. Y en el otro toman otra dimensión, otra vida a partir de la transmisión. La importancia de cómo decir las cosas a los demás es lo que me ocurre cuando leo El Golem.
Hacía años que no leía teatro. El Golem de Juan Mayorga es thriller, suspense, filosofía y amor. Muy grande. Pero no para todos los públicos. Breve, pero llena de sustancia y densidad.
Ahí va la sinopsis oficial:
"El sistema de sanidad pública colapsa. Como muchos otros pacientes en todo el país, Ismael, que sufre una rara enfermedad, está a punto de verse obligado a abandonar el hospital en el que lo han venido tratando. Al mismo tiempo, Felicia, su mujer, recibe una inesperada propuesta: Ismael conservará su cama y seguirá siendo atendido si ella memoriza un texto. Parece una tarea sencilla; sin embargo, día a día Felicia percibirá que, conforme haga suyas las palabras de ese texto, que no sabe qui��n escribió, algo dentro de ella –en sus sueños, en su memoria, en su imaginación; también en su cuerpo y en su voluntad– se irá transformando."
Vi la representación en el teatro hace varios meses y decidí comprar el libro para poder leer el texto más detenidamente cuando tuviese tiempo e intentar entenderlo en toda su complejidad, sumergiéndome en el que es realmente el tema principal de la obra: la importancia de las palabras, su potencia creadora y transformadora de la realidad. La historia se desarrolla a medio camino entre la leyenda y la distopía, pero sin embargo no dista del presente. Muy recomendable también el ensayo de Santiago Alba Rico (“Las palabras y las cosas”) que acompaña al texto de Mayorga en esta edición de La uña rota.