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296 pages, Paperback
First published April 1, 2007
¿Estás escribiendo?, pregunta. Sí, le digo, una novela. Cuidado entonces. Lo que te está enfermando es la imaginación.La imaginación del autor anda desbocada, enfebrecida, inflamada; los conductores de un programa de televisión
...están pensativos en unas precarias sillas de plástico. Supongo que los mantiene despiertos el patriotismo que la dictadura ha vuelto a desatar en la gente para disimular la miseria, la inflación, la sensación de ruina inminenteEn la novela, Torre Nilsson director de cine argentino, opina sobre Ordet, una película clásica de Carl Dreyer:
Creo que Dreyer niega ahí la idea de la muerte, la señala como un desvío de la vida, un especie de eclipse después del cual puede reaparecer. Lo irreparable, dijo, es la obscenidad con que se exhibe a los muertosque resulta un perturbador comentario a la luz de la desaparición y probable muerte del esposo de la protagonista de la novela, porque como dice el mismo alter ego de Martínez sobre Emilia, esa protagonista cartógrafa de mapas engañosos del pasado, la memoria, el futuro y el deseo:
Cuánto más me adentro en la vida de Emilia, más advierto que de principio a fin es una cadena de pérdidas, desapariciones y búsquedas sin sentido. Pasó años yendo detrás de nads, de personas que ya no existían, recordando hechos que nunca habían sucedido. ¿Y acaso todos no somos eso? ¿Acaso no vivimos atropellando la historia para dejar en ella una señal de lo que fuimos, un humo mísero, una lucecita, aún cuando sepamos que hasta la huella más honda es pájaro que se irá con el viento?.La sastre de Emilia le confiesa a la protagonista que tampoco sabe dónde está su esposo
Se lo llevaron una noche de nuestra casa y no ha vuelto. Llevo más de año y medio buscándolo. Este país es un desierto, una tristeza. Todo se apaga, desaparece.La novela está hecha de retazos de tristezas, melancolías, denuncias, rabias sordas, represiones, alucinaciones. Cae la dictadura militar:
...la dictadura militar se hundió en su podredumbre y Raúl Alfonsí ganó las primeras elecciones de la democracia, y Julio Cortázar regresó a Buenos Aires para estrechar las manos del nuevo presidente, volvió a París sin conseguir que lo recibiera y murió en soledad dos meses más tarde; Borges partió a Ginebra enfermo y no quiso regresar, lo enterraron en el cementerio Plainpalais sin que le dieran el Premio Nobel, y también Manuel Puig murió en un hospital de Cuernavaca [...] todos los grandes escritores argentinos se iban a morir fuera porque en el país ya no cabían más muertos.Es difícil recomendar la novela, el lector tiene que interesarse por el misterio de la muerte, las desapariciones despiadadas, las apariciones fugaces y apócrifas, las deformaciones del poder, el sufrimiento, la incertidumbre y las esperas del purgatorio.