Un amargo trago, endulzado y servido en taza de porcelana
Las historias de este libro están bellamente escritas, narradas desde la sensibilidad de una mujer que ha dedicado años a comprender las causas de los delitos.
Los escenarios, las situaciones, los personajes... todo retrata una realidad desgarradora, cruda, a veces inhumana, pero con la ternura de alguien que observó aquello con empatía, metiendo el dedo hasta el fondo de la llaga, hasta donde el dolor es tan intenso, que ya no duele.
Tristeza, impotencia, desesperación, rabia... y un sentido de la más profunda injusticia envuelven las vidas de los protagonistas de estas historias, a quienes la "justicia" decidió encerrar por errores cometidos en un momento de desesperación, de furia ciega, o de búsqueda de la verdadera justicia, donde el entorno aporta el marco y la causa, la justificación y el efecto.
Profundamente humana, esta obra pasará, estoy seguro, a la lista de obras de lectura obligatoria para quienes tratan, de una u otra forma, con la administración de la justicia y la emisión de veredictos. Tal vez, entre sus páginas, hallen la pizca de humanidad que a veces creemos que las personas privadas de libertad han perdido.