Me hice del Málaga el mismo día que desapareció. Si el maestro Alcántara dijo que ese día se había quedado viudo, yo podría decir que nací huérfano al mundo del fútbol. Era un tórrido mes de julio. La radio del Alfa Romeo de mi padre anunciaba la extinción del Club Deportivo Málaga y los oyentes, interrogados por el locutor, culpaban al alcalde, que se negaba a gastar dinero municipal en reflotarlo. Me pareció algo monstruoso. En mi mente el socialista Pedro Aparicio transmutó en un supervillano de Gotham, dispuesto a acabar con nuestro equipo justo en el preciso momento en el que había tomado conciencia de su existencia. Ya es mala suerte.
Ciegamente la pasión por el Málaga es una de las cosas que más me ha unido a mi padre en muchas ocasiones y recuerdo aquel día que tenía décimas de fiebre y me dijo que fuera con él a un Málaga-Getafe el 1 de octubre, porque estábamos echando el abono a perder.
Todavía recuerdo el gol de la chilena de Baptista y del abrazo que nos dimos, presagiando que había momentos donde el mundo podía ser de otra forma. Hoy las cosas han cambiado mucho y con el Málaga a punto de desaparecer, este relato que habla sobre un equipo que rema tras cada ahogadilla, también posee detrás muchas historias de abrazos, de lágrimas y de barrios de la periferia de una Rosaleda que sigue siendo hueco para mártires, que saben reflotarse pese a todo.
Comprarte una camiseta y que te la roben al salir de la tienda. Que te regalen un móvil y se te escurra por el retrete. Pedirte una cerveza y que se te caiga al suelo antes de probarla. Esa ilusión efímera fue la que sintió Cristóbal Villalobos con el Málaga. El mismo día que supo de su existencia cuando era un niño, supo también que pronto iba a dejar de existir. El libro es la historia de un montacargas de ilusiones: refundación, ascensos, escuchar el himno de la Champions y volver al barro. En otra maravilla de la colección Hooligans Ilustrados, Villalobos trufa su afición con toques de humor y de historia. Lógico, porque el autor, además de colaborar en diferentes medios, es profesor de Historia. Después del debut con Fútbol y fascismo, se asienta en el matrimonio entre letras y balón. A por el hat-trick.
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Equilibrio perfecto entre la vida del autor y el equipo de fútbol. Humor finísimo y muy bueno. Fan del capítulo del Jeque de Wallapop y de la frase «Mientras, seguimos soñando, actividad natural del hooligan ilustrado»