Calificación 1/5 ⭐
¿Buscas una buena novela negra? Sigue de largo, aquí no la vas a encontrar.
Espera, ¿Buscas una guía turística de Granada con referencias coloniales y un sin fin de datos históricos del conflicto político de las comunidades que la habitan? Bueno, puede que este sea tu libro, solo ignora la mala historia que se desarrolla a la par.
Comenzaré con las cosas que realmente me gustaron luego de leer el libro:
a) La portada.
Es todo, no encuentro más elementos buenos.
Vamos con los puntos malos de la historia:
1) Abuso de Descripciones: Si bien la ambientación es una característica crucial de la novela negra, en este caso hay un exceso de descripciones de cada bendito/maldito lugar de Granada con la historia de las comunidades religiosas y su conflicto luego de la colonización. Aquí uno pensaría: ¡Oh, debe tratarse de un problema de dogma de fe entre dos o más religiones en conflicto y/o buscando venganza!... Pues no, tanta descripción de los conflictos culturales para el fin que movía a la Congregación -de la cual no se supo ni una mierda hasta casi el último 20% del libro- que resultó ser puramente económico (grotesco, pero económico).
2) La Repetición de Pensamientos: Otro elemento vital en la novela negra es la psicología del personaje, a veces incluso más importante que el propio crimen/conflicto. En esta historia tenemos a Jimena Cruz, una "periodista" con problemas de adicción al tabaco y al alcohol con un ego enorme y problemas de ansiedad que, como muchas personas, piensa que no necesita apoyo psicológico y que está mejor sola -por eso siempre se aisla de todo el mundo para "concentrarse en la investigación" en la que no avanza ni un pinche milímetro, pero de la que siempre se nos habla que hace "muchos avances al desconectar y enfocarse en si misma". El problema con Jimena no es que tenga esos conflictos mentales, todo mundo los tiene, el problema es que la autora lo repite en cada capítulo y nunca hay un avance en el desarrollo del personaje (aunque quizá la falta de mejora sea su "desarrollo"). El momento más ridículo que leí de Jimena fue cuando se reunió con Amanda para confrontarla y obtener respuestas y, con solo 2 minutos de haber llegado, la tenía en un concepto pésimo por pedir un té... ¡¿En qué chingaos te afecta lo que tomen las otras personas?!... Ah, por cierto, esa confrontación duró dos insultos por parte de Jimena que se largó porque consideraba que Amanda es pendeja -así, sin tanta pinche descripción.
3) El Ritmo: Un último punto característico de la novela negra es que puede que no haya tantos giros de trama como en un thriller, pero esa mamada de que cada que un capítulo terminaba en algún descubrimiento interesante por parte de Jimena -que nada más no descubría mucho la verdad- siempre daba pie a qué el siguiente ella estuviera despertando y pensando en todo lo que había ocurrido para contarnos de nuevo todos sus pensamientos repetitivos (así, con doble repetición aquí también) de que no había podido dormir y que se miraba al espejo. Es decir, no es que el ritmo de la historia fuera lento, estaba atascado como Jimena en su mar de lágrimas y quejas.
4) El Protagonista Sombra: Hugo resuelve todo el caso sin ayuda de Jimena, porque cuando la necesita ahora que mágicamente obtuvo toda las respuestas, Jimena está metiéndose (sin saberlo) con un hombre casado. Básicamente si la "periodista" no perdiera tanto tiempo investigando la historia de los templos (como la autora describiendo Granada), muchos descubrimientos como el cheque, las actas de nacimiento y Soledad, por mencionar algunos, pudieron ocurrir si Jimena acudiera a hacer labor periodística y de investigación interrogando a sus padres, por más incómoda que se sienta. Aunque Hugo me da desconfianza porque cree que Jimena hace grandes avances, pero es cierto que el amor es ciego... y pendejo.
5) Cierre Apresurado: Las últimas 100-150 páginas hacen que Jimena se de cuenta de una historia que los lectores ya se olían desde hace un chingo... Quizás si hubiera menos descripciones de Granada y más avance en diálogos e investigación sería menos soso ese cierre. Por ejemplo, Hugo le deja un par de cartas a Jimena y nada más nos dan un par de párrafos... ¡Por favor, danos toda la maldita carta!
Fue un libro que tenía una muy buena idea, un personaje que resulta insoportable por su estancamiento, no me molestaría la actitud de Jimena si realmente hiciera avances en la investigación, pero su idea de vida es «Todos son imbéciles menos yo y mi hermana». Sus reacciones cuando la despiden de su trabajo luego de no hacer ni el mínimo esfuerzo ni presentarse en la oficina o cuando habla con sus padres a quienes considera insoportables, en especial a su madre (qué raro), pero bien que disfruta del departamento que le compraron.
Ni siquiera entraré en que el resto de los personajes son igual de irrelevantes como la propia Jimena, de hecho, dado que Soledad le da la información a Hugo sobre todos los asesinatos entonces resulta que todo se pudo haber resuelto sin ella.
Bueno, ya es todo porque sí me pongo a pensar en qué más falla me va a dar más coraje, repito: la premisa era muy buena, una pena la forma en que la desarrollaron (lo digo en plural porque no entiendo que los editores no vieran todas las fallas).
P.D. La idea de que tenemos dos líneas temporales es mentira, la historia desarrollada en 1975 abarca menos del 5% del libro.