Buf, qué lectura tan dura, pero qué lectura tan necesaria.
Cuando no llevaba ni la mitad leída del libro, me di cuenta de lo mucho que me absorbió; parecía que yo misma me encontraba allí, vagando entre los personajes. Llegué a empatizar tanto con las víctimas (sin, afortunadamente, haber sufrido yo nunca ningún tipo de maltrato) que me sentía como si fuera yo misma la protagonista, como si fuera yo misma la que estuviera recibiendo esos golpes, esos gritos o esos dolores tan profundos, en mi piel y en mi corazón.
Las ilustraciones de Judit son una obra maestra más que muestran la dureza de ese acoso, que desgraciadamente muchas mujeres sufren a lo largo de su vida. Resulta muy duro tener que expresar que la realidad va más allá de estos dibujos trazados con un lápiz; estas situaciones se llevan muchas vidas, vidas que se acaban, vidas que siguen sufriendo día tras día, con miedo a no poder expresarse, con miedo a no ser escuchadas, con miedo a que no las crean. Porque, incluso siendo ellas las víctimas, son las que se sienten culpables por no haber tenido más «cuidado», por haberse vestido de una manera en concreto, por haber bebido un poco más... No existe justificación, los culpables son ellos, no la víctima. Yo sí os creo.