A estas alturas, Julio Ramón Ribeyro no es el "secreto mejor guardado de la literatura peruana", pues sus lectores fuera del Perù se han vuelto legión. Un escritor limeño que era reservado. Sin embargo, dejó muchos textos autobiográficos, como cartas y un diario personal, en los que habla de las penurias que experimentó como conserje de hotel, cargador de bultos en una estación ferroviaria en París. Evitaba ofrecer opiniones políticas, pero apoyó la guerrilla del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), en 1965; al gobierno dictatorial del general Juan Velasco Alvarado (1968-1975) y a la propuesta del presidente Alan García de estatizar la banca (1987). Pensó que fallecería de cáncer a los 44 años, pero vivió 21 años más, al fiado, al crédito, como le gustaba decir. Andaba pendiente de lo que ocurría en su país. No obstante, pasó más de tres decádas en París, donde fue periodista y después diplomático.
Un creador que quiso alejarse de los géneros literarios tradicionales, aunque escribió cuentos, novelas y piezas de teatro. Fue alguien que quiso otorgarle voz a los marginados en sus primeros textos y que luego dijo que el "mudo" era él. Pese a que no buscó el reconocimiento internacional con desesperación, este le llegó al final de su vida y, por desgracia, no lo disfrutó. Un chasco, algo frecuente en sus historias de ficción. Fue también muy cuidadoso con lo que publicaba. Sin embargo, los duendes de imprenta le jugaron una mala pasada: en una traducción de sus cuentos figuró la foto de Ribeiro con "i" latina, un africano de Mozambique. Estos son, seguro, los datos menos importantes que el lector encontrará en este libro de Jorge Coaguila, calificado en 1994 por el propio Ribeyro como su "crítico y biógrafo oficial". Aquí un esperado libro, fruto de una investigación paciente de varios años.
Nació en Lima. Es magíster en Literatura Peruana y Latinoamericana por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, donde sigue un doctorado. Ha publicado «Ribeyro, la palabra inmortal» (1995) y «Vargas Llosa, la mentira verdadera» (2017), que reúnen estudios acerca de estos narradores peruanos. Asimismo, ha editado «Julio Ramón Ribeyro: las respuestas del mudo» (1998) y «Mario Vargas Llosa: entrevistas escogidas» (2004). Una antología de sus artículos periodísticos se encuentra en su libro «Una búsqueda infinita» (1996). En 2018 editó «Perú: crónicas y perfiles», selección de 21 textos de reconocidos periodistas peruanos. Pueden escribirle al siguiente correo electrónico: jorge.coaguila@gmail.com
lo marco como leído pq se me acabó el préstamo de la biblioteca
bueno. lo dejé a la mitad y realmente no dice NADA fuera de lo común. solo una que otra anécdota que no debería por qué ocupar las primeras 280 páginas. es como una repetición incanasable de su diario, de sus cuentos, en fin. quizá lea la segunda mitad, donde cuenta la vida de ribeyro post-1979 (el último año de su diario en "la tentación del fracaso").
la edición tiene muchas erratas
ESO SÍ, CARAJO, YO MATARÍA POR ESOS DIARIOS INÉDITOS
Le pongo 5 estrellas 🌟 por la emoción que me logra sacar, porque soy un amante del Flaco, pero la edición que tengo posee muchas erraratas. Espero que las siguientes ediciones sean corregidas.
Cuando alguien te pregunte "¿Qué de bueno hizo Velasco? responde "Salvó a Julio Ramón Ribeyro" (p. 290-291).
(Confieso que fui un fanático irremediable de este autor, que conseguí todas las primeras ediciones y me sabía de memoria muchas prosas apátridas y extractos de su diario. Tal vez todavía lo soy de alguna forma. Pero ya no me emociono tanto como antes. Igual el feeling pesa mucho en estos casos).
Volviendo a lo de Velasco: le dio los 15 mil dólares para su operación aunque, según Bryce, este falsificó las firmas de todos los intelectuales parisinos que solicitaban la donación. No obstante el mismo Coaguila se plantea la ebriedad de Bryce durante la entrevista, jajaja (p. 295)
Ni el más experto en Ribeyro sale de este libro sin descubrir algún dato nuevo. Suelto un par: 1) que César Calvo le donó sangre, 2) la broma a Eduardo Galeano en la Feria de Frankfurt en que conversó más con Manuel Puig y 3) que Vargas Llosa le llenó el depa de volantes a favor del FLN de Argelia y que, aún peleados, uso su casa de playa (la de Alida) en Capri en los 90.
El texto tiene muchas repeticiones y erratas (¿homenaje a los fails que persiguieron las ediciones del autor), me quedo con el error en la fecha de la muerte de María Elena Moyano.
Lo mejor: los extractos de diarios de los 80 y 90, las fotos caletas. Lo más triste, el relato de sus últimos días.
Desde el inicio, el biógrafo oficial nos plantea su principal problema. Constata que existen versiones diversas sobre los eventos en la vida del autor: “No hay que olvidar que varios entrevistados son narradores, quienes tienden a maquillar los hechos para tener una mejor historia que contar. Además, algunos no recuerdan exactamente cómo sucedió el hecho, dan fechas distintas”, asevera Coaguila. Por lo tanto, actúa como un incorruptible experto en arte que va identificando si una pieza artística es falsa o auténtica, ya que, a simple vista, parece muy difícil distinguir los relatos originales de los engañosos.
Si bien este libro se esfuerza por no ser “una biografía más“ del autor ausente, lo más rescatable son los últimos capítulos donde se detalla con lujo los últimos días del autor en vida. Los detalles obtenidos de fuentes directas le dan un final sentimental a la vida del gran escritor peruano. Se convierte así en un libro obligado de lectura si quieres enterarte de la motivaciones y origen de la obra del flaco Ribeyro.