4.5
Este libro pone en palabras lo que he querido decir durante toda mi vida. Me da un porqué, me explica en qué desembocan las cosas; la división sexual desde que somos bebés, el mandato de ser cuidadora, “buena”, la exigencia de un cuerpo hegemónico, el control que tiene la mirada sobre una.
He tenido experiencias personales sobre todas las problemáticas que menciona Flor. Hace años quería blanquearme la piel; siempre he querido ser mas flaca (ya lo soy, pero que bueno es el mundo para hacerme creer que aún así tengo unos “kilos de más”) y tener buen culo, la gente se sorprende porque no le invierto mucho ni al maquillaje ni a la ropa (¿se sorprenden porque mi hermano y padre no lo hacen? Nah), mi madre siempre me dice que de chiquita no me gustaban ni las muñecas ni los bebés pero igual ahí está todo el set de cuidados que me compró a pesar de que yo ni lo quería; la carreolita, el bebé, la cuna, la andadera... perforada desde que nací para que se note que soy niña; educada para agradar y aguantar la violencia, pero también para prevenirla, tengo que aprender “cómo son los hombres” y si me violentan es mi culpa. Me educaron para reírme de las otras mujeres. Así como Flor, yo también me burlaba de las niñas femeninas. Me creía que por juntarme con puros hombres era mejor que las demás. Compartía las ideas sexistas de que las amistades de mujeres son pura hipocresía, que las mujeres son aburridas y los masculino es mas divertido. Me reí de las “feminazis”, les decía asesinas aborteras. Llegué a acosar porque me parecía gracioso (pero no me parecía gracioso cuando me lo hacían a mí), y si alguien se enojaba los trataba de pesados y exagerados (así como me trataban a mí cuando me agredían). Me arrepiento mucho de eso, pero con el tiempo uno madura y cambia, y pide perdón; especialmente a quien alguna vez agredí de cualquier forma, y a mí misma. Cambié mucho de parecer en cuestión de meses, y me di cuenta de que el feminismo me incomodaba tanto porque me hacia reconocer que fui agresora, y porque ponía en jaque un montón de cosas que creía “normal”. Es decir, sé que estaba ahí, pero el feminismo no me sonaba bien, y lo único que veía de ellas era mujeres siendo golpeadas por policías rusos, mujeres mostrando los senos y haciendo desmadres. Flor escribe sobre una idea que sigue vigente hoy: los hombres son “racionales” y las mujeres “emocionales”. “Mira a esas feminazis locas, gritando y llorando”, comentaban los hombres, y yo quería ser la chica cool y claro que sí, ja ja, estúpidas, así como no quieren que se rían de ellas. Es común ver memes anti feministas donde nos comparan con animales no humanos, con changos, nos acusan de tener retraso, “mejor pónganse a estudiar” nos dicen. Una vez dejas de lado los memes misóginos, (y en mi caso, dejas de buscar aprobación masculina) créeme que te cambia todo.
Me falta mucho por aprender, y seguir a Flor en redes me ha ayudado muchísimo. Me encanta lo que escribe y por fortuna encontré su libro en la biblioteca pública (Flor, llegaste hasta Los Ángeles, California!). Me ha encantado. No soy muy fan de la historia, pero Flor mezcla pasado con situaciones del día, y todo me queda clarísimo y puedo hacer memoria, y ah sí, me acuerdo de esto, me pasó algo parecido, o aquí pudo haber sido esto, y lalala, ¡y cómo me hace enojar! Estoy harta del patriarcado.
Este libro es un recorrido por la historia de la educación de las mujeres, y cómo vestigios de esa educación siguen en pie al día de hoy, a veces disfrazados de supuesta “naturaleza”. Naturaleza” que sólo utilizan como herramienta para sostener las desigualdades. “Como así -creo, y me han hecho creer- ha sido siempre, así es y así será”. Algo de lo que más me ha gustado del libro es que nos planta la semilla de la duda sobre un montón de temas para que nosotras vayamos más allá e investiguemos. La ola reaccionaria después de los feminismos, teorías sobre el patriarcado, economía del género, psicología... pasa breve, pero eficazmente por estos temas, los utiliza para que comprendamos su conclusión, pero al menos a mí, me deja con ganas de más. Y no es para nada un aspecto negativo; el objetivo del libro se cumple.
Hoy conozco más sobre la (mala)educación que tenemos las mujeres. Y mañana espero que este conocimiento sirva para iluminar a las demás. O al menos, para lograr que se cuestionen. Así como Flor, yo también pienso que la educación es la puerta a la libertad.
4.5 porque hay errores en la redacción/edición, y me habría gustado data para apoyar afirmaciones como “las mujeres hoy lideramos los índices de desempleo, pobreza”, etc.