Esta es la historia de Pedro Caballero, un joven del barrio Calvo Sur, hijo de un hombre enigmático y de presencia intermitente, que tiene su familia y su vida oficial en otro lugar de Bogotá. Pedro está acostumbrado a crecer en los márgenes. Asiste a un colegio de hombres que ahonda su soledad, y su fascinación por el Cristo que cuelga en la iglesia es en realidad una fascinación por el cuerpo masculino: Jesús es su primer amor. Al terminar el bachillerato, sale de su casa chica y viaja a Estados Unidos -a finales de los ochenta- con el propósito de romper la coraza que lo aprisiona y ampliar su mundo. Pero allí encuentra nuevos cercos: el virus del VIH y las restricciones del lenguaje.
¿Por qué no había leído nada de Catalina Navas? ¡Qué libro! La autora intervino fotos familiares para construir la historia de su tío Pedro y mezclarla con notas de ficción. Es una novela "testimonial". Pongo testimonial en comillas porque el que nos habla en primera persona es Pedro, tío de la autora, quien murió de Sida sin conocer este texto. Es un libro fuerte y a la vez lleno de ternura, que nos recuerda esos secretos familiares de los que no se habla, de esa otra pandemia antes del Covid, que fue vista como un castigo a la comunidad gay y que se llevó miles de vidas porque encontrar un tratamiento al VIH a la mano para todos no era una prioridad política. Catalina logró entregarme reflexiones sin tono regañón sobre la vida escondida que deben llevar aquellos que sienten que no encajan en esta sociedad y de su necesidad de emigrar para poder ser libres; del regreso a la familia como lugar seguro: la familia como principio y final, como dolor y remedio. No hay morbo en su narración, hay una página que describe un momento de bondage y, contrario a lo que pueda uno imaginarse, está descrita desde el afecto entre Pedro y su novio, tan bonito que para rematarnos a los lectores, Pedro va haciendo observaciones entre esta práctica que le deja marcas en su cuerpo y las marcas y secuelas de su cuerpo contagiado y enfermo. ¡Es brutal! Hablando de paralelos y comparaciones, me encantó el que nos ofrece la autora con las mariposas y Pedro, ya que su tío amaba estos animales, cada capítulo comienza con la descripción de la transformación de Nabokov, "la oruga debe hacer algo para quitarse de encima esa horrible sensación... ¿cómo me deshago de esta piel?" y mientras avanzamos la lectura, entendemos que de igual manera Pedro va deshaciéndose de los disfraces y construyendo sus alas para volar. Otro detalle hermoso del libro son las fotos que aparecen de Pedro intervenidas por la autora a manera de collage, otro recordatorio de la distancia que hay entre una foto y una narración y como las historias que contamos de nosotros mismos son las mentiras que se vuelven reales. Gran libro, quede con ganas de más, de conocer más detalles reales y ficcionados de la vida de Pedro y por supuesto con muchas ganas de leer los libros anteriores de Catalina Navas, salgo por ellos ya mismo. Frases que subrayé:
- "No hay palabras para decir amor, para decir muerte; para eso, la pura existencia."
- "Me aterraba el paso del tiempo. Me miraba en el espejo y me notaba más alto, más gordo, más flaco. Veía cómo el tiempo me cambiaba la cara y me daba angustia. Entonces tomaba retratos para que la persona que había dejado de existir no se muriera del todo y quedara ahí en la imagen impresa."
- "...no sabía que uno fotografía lo que teme olvidar, que las fotos son una respuesta a la conciencia de que la memoria de la cabeza no sirve para nada."
- "Yo ya no creo que haya vida eterna del cuerpo y mucho menos del espíritu. Pero sí sé que hay otra inmortalidad y está aquí, en estas palabras que escribo y que quisiera que siguieran su flujo ininterrumpido."
- " ... había comprendido a la fuerza que los afectos son frágiles y que el amor es también producto de la suerte."
- "El virus no sabe de propósitos ni le importa si su infectado es un héroe filántropo, un mártir o un banquero."
Hace rato terminé esta novela y quería recomendarla pero no encontraba la forma de expresar lo que me encantó. Ayer releí partes que tengo subrayadas y páginas dobladas y me volvió a conmover como si la estuviera leyendo por primera vez. El movimiento en la crisálida es un gran golpe en el pecho que duele pero reconforta. Gracias Catalina por esta historia, por Pedro y por sus crisálidas 🤍
“Yo apunté, corté y pegué para que tú leas, para que me encuentres cuando yo ya no esté. Porque uno se niega la inmortalidad cuando pierde la memoria, y es ahí donde te encuentro. Espérame en el recuerdo, Adelaida, que esa es la inmortalidad que nos corresponde.”
Leí este libro en la incomodidad —fisica y emocional— de la cama de acompañantes de una habitación hospitalaria. El haberlo disfrutado profundamente y en múltiples niveles, desde el sensorial hasta el narrativo, a pesar de las circunstancias, sin duda habla bien de la novela. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ No es nada fácil abordar la pandemia del SIDA en los 80's sin caer en la "porno-miseria". Tampoco lo es describir los conflictos de una familia "medio pobre" sin caer en los manidos imaginarios de las telenovelas con las que crecimos. Y sin duda no lo es escribir sobre la exclusión del migrante sin repetir lastimeros o heroicos clichés. Pero la autora no cae en ninguno de estos pecados narrativos. Ella, con un hábil uso de la primera persona en forma de testimonio, casi de memorias postumas, se las ingenia para hablar de estos temas de una forma fluida y natural, la manera en que lo hablaría la persona que los está padeciendo pero que por eso mismo no tiene tiempo para sobredimensionarlos, sobreexplicarlos o volverlos existenciales. ¡Es simplemente la vida misma, como le tocó vivirla! ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Lo narrativo y lo visual se unen en esta novela, una en la que una serie de imágenes –collage de fotos familiares— complementan el texto y viceversa, creando una atmósfera única en la que el lector —este lector, por lo menos— siente que no solo está escuchando la historia del protagonista sino que, mientras lo hace, está indagando en sus recuerdos y secretos, no como un lector omnisciente y todopoderoso sino como una visita, una a la que le sacan el álbum familiar mientras le cuentan la vida, las partes insulsas (aquel viaje a la playa) y las pronfundas (la vergüenza del "cáncer gay").
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Con Catalina decidí hacer una excepción, un alto en el camino si se quiere, en mi ruta por la literatura asiática. No fue planeado. Un día después de escucharla en el lanzamiento de su más reciente novela, mientras buscaba un libro que me hiciera compañía en lo que serían tres noches hospitalarias acompañando a mi viejo y a su enfermedad ("Té para tres"), recordé que ella se refirió a su libro como una historia sobre la búsqueda de la identidad, la inminencia de la muerte y la redefinición de los vínculos familiares. Sonó brutalmente apropiado. ⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀⠀ Con Catalina, como autora, me pasa algo especial: habiendo leído su primera novela recién se publicó, y habiendo tertuliado en alguna ocasión con ella sobre otro de sus textos, la siento "propia", no en el sentido posesivo de la palabra sino en su acepción menos ortodoxa de compañía, una suerte de cercanía escritora - lector que me hace particularmente conciente de su estilo y evolución. Recuerdo aquellos viejos prólogos de mis clásicos favoritos, en los que se rescatan las cartas de alguno de los primeros lectores de Dostoievski o de Bulgakov y cuentan como desde la primera vez que lo leyeron les impactó y se maravillaron de ver como ellos, los por entonces nacientes escritores, mejoraban a pasos agigantados publicación tras publicación. Un privilegio similar es el que siento con ella, con Catalina, el privilegio de haber sido testigo de sus cambios y arrojos literarios entre una y otra novela.
Es un libro hermoso. Las palabras combinadas con los collage de fotografías hablan de toda una experiencia de vida. Desde el no lugar, el no existir, lo no humano, lo no querido y creo que hace el relato del personaje sea tan poderoso.
Es tan hermoso este libro que en 24 horas se puede leer.
Una bonita edición que mezcla palabras y collages. Una historia ya antes muy contada, y a la que en este caso le pueden sobrar algunos apartes. Un libro que toma un muy buen tono hacia el final.
Por: Juan Camilo Rincón. Escritor, periodista e investigador cultural
La escritora colombiana Catalina Navas presentará en Popayán Ciudad Libro 2022 su segunda novela El movimiento en la crisálida, un collage de recuerdos, imágenes y preguntas sobre la familia y lo que nos dejan quienes se van.
¿Por qué escogiste el collage para contar una parte de la historia de El movimiento en la crisálida?
Este libro está montado en un archivo de verdad. Mi tío murió en el 92 a causa de complicaciones asociadas al sida, y la historia de él no se ha contado porque nosotros también somos víctimas de la vergüenza y del tabú. Mi familia es más o menos tradicional y creo que a todos le daba pena decir la palabra en voz alta. La primera vez que se mencionó el VIH fue cuando yo decidí escribir la novela. Pero una de las cosas que sí estaba ahí era ese bellísimo archivo fotográfico creado por una persona con una conciencia narrativa impresionante y una conciencia de estar creando un personaje a través de esas fotos. Son imágenes bellas y también muy tristes que cuentan primero su felicidad de vivir por fuera y luego el declive, el deterioro de su cuerpo por la enfermedad. Durante la pandemia me encontré con este archivo fotográfico y aunque no tengo ninguna habilidad artística plástica encontré que con el collage podía hacer algo. Luego, la editora, Carolina López, me dijo que quería publicarlo y que esos collages debían ir ahí pues, tal y como estaban, hacen parte de la creación literaria.
Cuéntanos cómo fue el proceso de la creación de memoria en la novela.
Este personaje es muy católico y su relato superior es el de la vida eterna de Jesús, pero su recorrido de vida es decepcionarse de Dios y de la religión por la gran pregunta: ¿por qué me pasa esto a mí?, ¿por qué Dios no me responde? Él vive un viaje de decepción de su fe, y estaba el contrarrelato de la vida eterna. Él empieza el libro diciendo que quiere registrar su vida porque se está yendo y no va a quedar nada de él, porque él no es Jesús. Hay una necesidad de fijar la memoria en un documento porque la vida es efímera. Aunque él sí va a morir, su relato quedará para la posteridad para que otros lo recuerden.
¿Tú también vives ese relato permanente del recuerdo?
Absolutamente. Yo trato de hacer un registro no solamente textual, que son los diarios, sino también gráfico de lo que pasa en mi vida. A veces me gusta ver mis diarios del 2012 y ver la persona tan diferente que yo era; qué chéveres las cosas que quería hacer y que he hecho; lo que quería ser y que ha pasado o no. Me obsesiona ese registro del pasado y volver al pasado a través de los registros que uno o que otros hacen. En mi casa tengo un baúl como con ciento cincuenta cuadernos desde el 2012. Ahora con la novela volví a ellos para ver cuándo pensé por primera vez en escribirla.
Pedro trata de ordenar el pasado para darle sentido al recuerdo y crear una narrativa al respecto…
Sí, Pedro sabe que no está haciendo un registro de la vida real. Tenemos en nuestra cabeza una narrativa visual que tratamos de representar. Él es consciente de estar adaptándose a una narrativa: la del hombre que logró el sueño americano, la libertad de salir de su casa, pero también sabe que es un personaje y en alguna parte del libro lo dice: lo que yo conté aquí son ficciones y eso no corresponde a lo que de verdad pasó. Muchos lectores me han preguntado por qué el libro no cuenta cómo se contagió de VIH; les explico que el personaje está tomando el poder de su propia narrativa y eso es algo que no le interesa contar. Mucha gente está esperando una narración cruda, que es la que durante mucho tiempo hemos estado leyendo, donde aparecen el amarillismo de la homosexualidad promiscua y ese tipo de cosas.
También se evidencia la intención de mostrar una sociedad colombiana excluyente y controladora.
Yo tenía mucho miedo porque es un tema difícil que hay que tratar con cuidado y respeto, entonces hice una investigación profunda sobre la gente que lleva mucho tiempo haciendo activismo. Encontré un colectivo de personas con VIH que vivían en los noventa en Denver, y decían que para ellos la disputa no solo estaba en las calles y contra las farmacéuticas, sino que también se da en el lenguaje. Es que la narrativa sobre el sida ha sido muy violenta, especialmente con los hombres gais. De hecho, uno de los primeros nombres de la enfermedad fue “cáncer gay”. Las primeras novelas que se escribieron sobre el tema eran un horror, con un mensaje de: la vida disoluta conduce a la muerte y la vida familiar conduce a la salud. Yo no quería eso.
En las dos novelas encontramos una forma narrativa muy tuya…
… que también va a estar presente en la tercera novela. Estos libros no se tienen que leer secuencialmente porque se trata de personajes y épocas distintas, pero mi apuesta sí es por tres novelas que tienen algo en común. En Colombia se ha narrado la memoria del conflicto y de la violencia, pero aunque están mucho en el discurso, hay muchas historias que han sido silenciadas por un sistema patriarcal; no necesariamente las historias de mujeres. De hecho, este es un libro muy masculino, no en el sentido varonil, sino porque hay pocas voces de mujeres y eso pasa porque el personaje no las ve. Son narraciones silenciadas por un sistema que dice que la familia tiene que ser productiva, que tiene que ser entre un hombre y una mujer, que las mujeres debemos cumplir con ciertos roles de cuidado, todas esas imposiciones del patriarcado que han silenciado muchas historias. A mí me interesa devolverles una suerte de dignidad narrativa y eso es lo que atraviesa este proyecto de las tres novelas.
La vida se despliega dentro de la crisálida, siempre está latente el deseo de volar, pues ella nos va empujando hacia afuera poco a poco. Las páginas escritas son la lucha contra el olvido y quedan para recordar lo que fue y no será más. Una existencia que se extingue por la enfermedad, como una vela que se apaga demasiado pronto sin haberse consumido lo suficiente, como un amor que no alcanzó a impregnar todas las cosas bellas del mundo.
Crisálida: f. Zool. En los insectos con metamorfosis completa, estado quiescente previo al de adulto.
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Pedro se pasa la vida luchando contra la no pertenencia. Sabe quién es y quién quiere ser, y no acepta ni se rinde a ser quien otros quieren que sea. Es valiente para amar y más valiente para dejar ir. La suya es una historia sobre la búsqueda constante de identidad y su creación en los recuerdos. ¿Somos lo que nos contamos y lo que le contamos a los otros? Es una historia sobre lucha y resiliencia, y sobre todo es una historia de amor, de la importancia de familia y del amor de y por los amigos.
"Entendí, sin necesidad de hablar de eso con nadie, que la niña había comprendido a la fuerza que los afectos son frágiles y que el amor es también producto de la suerte"
Si sos de lágrima fácil te dejo una recomendación: no cometas la estupidez que yo hice de leerlo en transporte público.
Creo que jamás había leído un libro que me hiciera llorar tanto en mi vida… Si bien mi libro favorito (que también logra ese efecto) seguirá eternamente en esa posición, esta historia llegó a sacudirle ese puesto.
Siento que mi llanto está más asociado a un ejercicio de identificación con el protagonista de la historia, con quien, guardando las proporciones, encuentro múltiples paralelismos entre su vida y la mía. A pesar de ello, no doy mis privilegios por hecho y agradezco y honro a diario las vidas de personas como Pedro quienes vivieron, sufrieron y gozaron para que mis contemporáneos y yo podamos vivir en un mundo un poco menos hostil.
El libro está hermosamente escrito, tiene una prosa fluida, poética, cotidiana y de fácil entendimiento, lo cual no resta en lo absoluto a su riqueza narrativa. Sus figuras literarias son excelentes.
Como las mariposas, no debemos temer a la transformación, sin embargo, el momento de volar siempre llega, y la inmortalidad que nos corresponde está justamente en los recuerdos que construimos con las acciones revolucionarias de nuestras vidas y al lado de quienes amamos y nos cuidan.
Los libros son una forma de reencontrarnos con los que ya no están.
"Adelaida, esta es nuestra victoria ínfima: la de este montón de imágenes trozadas, pegadas y vueltas a acomodar. La de las palabras que les completan el sentido. Yo apunté, corté y pegué para que tú leas, para que me encuentres cuando yo ya no esté. [...] Espérame en el recuerdo."
Quise quedarme a vivir en este libro. Mirar cada collage siempre con ojos nuevos, percatarme del detalle de figuras, de palabras recortadas y reinsertadas, de espacios vacíos y rellenados. Quise leer hasta que mi cuerpo dijera "Basta, guarda algo para el día de mañana." Que alegría cuando un texto le habla a uno al oído y uno se siente un poco diferente una vez lo deja de lado un rato (siempre un rato...) porque es un libro al que uno desea siempre regresar.
Hermosísimo este libro. Recomendado. Me encanto el amor de Pedro por las mariposas, y como con esto, se va contando todo su proceso de transformación. Me movió el alma la forma en cómo se habla del SIDA, desde los ojos de quien lo padece, y cómo está sociedad a pesar del tiempo sigue siendo igual de injusta con la otra pandemia que ya habíamos vivido. Me quedo con el quinto momento del libro, me quedo con el amor profundo que no necesita mayor descripción entre Adelaida y Pedro. Deleitante.
Un libro muy inteligente! La autora construye figuras, símbolos y conceptos sobre lo domestico en Bogotá. La analogía de la casa pequeña y la casa grande refleja de manera astuta y sencilla un fenómeno social generalizado en Colombia al cual me costaba encontrarle palabras. Lo leí en dos días. Me encantó su escritura, ya que encapsula lo complejo en códigos simples y de fácil acceso. Muy recomendado!
Un libro que me recordó que el cuerpo también es tránsito: que enfermarse o perder no siempre es un final, sino una forma distinta de transformarse. La vida no se mide por cuánto dura, sino por cuánta atención le damos mientras sucede.
“Recordar los rincones es volver habitar en ellos” Catalina a través de su escritura entreteje capítulo a capítulo la historia de su tío Pedro que fue víctima de una pandemia que siempre fue vista con malos ojos: el VIH. Sin ir al detalle de la enfermedad de su tío, nos lleva entre sus letras a sentir la transformación de la vida a la muerte. Hace un paralelo con un animal que su tío amaba, las mariposas y entreteje la metamorfosis de este animal con la vida de Pedro Caballero. Nacer en una familia “oculta”, irse a otro país para liberarse de prejuicios, amar sin ocultar y saber que el resguardo más grande a la final es la familia. Un libro que conecta y hace que sea una lectura amena.
Una grata sorpresa. Leí este libro “obligado” y sin muchas expectativas. Sin embargo, desde la primera vez me atrapo. Catalina Navas construye en Pedro un protagonista que se siente real: pese a estar basado en un familiar suyo, no cae en los lugares comunes de este tipo de novelas que idealizan o victimizan a sus protagonistas. Por el contrario, es creíble y genera empatía. Al terminarlo, llegué a lamentar que fuera un libro tan corto, pero luego entendí que no podía ser de otra forma, pues la vida de su protagonista tampoco había sido muy extensa.
Es una historia que se lee rápido. Combina la apreciación por la naturaleza animal con el relato de una vida en el margen. Una marginalidad impuesta y luego otra qué se busca, siempre en la frontera. Pedro es un niño hijo de la segunda familia, gay, biólogo y luego inmigrante. El protagonista siempre camina en el borde y de ahí parece no poder salirse. La clave está en la transformación y la deformación qué parecen ser líneas qué siempre están juntas.
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Es una historia interesante, bien llevada, bien narrada, pero resulta plana, sin fondo sin sangre, sin emoción, no plantea nada nuevo, todo resulta a la final rutinario. La vida de Pedro es una de tantas mas que no sobresale.
Un bello libro acerca de la vida y la transformación.
“Pronto […] iba a empezar a ser un recuerdo pulido por el tiempo, como un pedazo de vidrio que alguien tira al mar y después de muchos años termina convertido en piedra opaca y ya no sirve para cortar.”
"Yo apunté, corté y pegué para que tú leas, para que me encuentres cuanto yo ya no esté. Porque uno se niega la inmortalidad cuando pierde la memoria, y es ahí donde te encuentro. Espérame en el recuerdo, Adelaida, que esa es la inmortalidad que nos corresponde." ❤️🩹
Es un libro increíblemente bello, poético. En la realidad nos muestra la alternativa, el vivir, recordar, porque es lo único que nos mantiene vivos incluso cuando morimos.