Me gusta el mapa que dibujan estos cuentos. Son mapas a través de la vida de mujeres, Nueva York, Montevideo, Buenos Aires, un pequeño pueblo de verano en Francia. Así como traza hitos geográficos, hay trazos de experiencias. La muerte, el abandono, el amor, las mudanzas, la renuncia, el padre, las amigas, el trabajo, las despedidas.
Aparecen imágenes constantes de metros, trenes, vías, carreteras, desplazamientos.
Ese ritmo geográfico marca un pulso de pérdida, de no pertenencia, errancia, oportunidad de equívocos, bares, estacionamientos, enfermos, viejos.
Me ha interesado este libro por su transparencia. No quiere impresionar, es lo que es, la vida misma que pasa, la vida sobre un tren quizás a ninguna parte.