A través de múltiples voces se reconstruyen las vivencias de un joven enviado a la Guerra de Malvinas, donde encuentra la muerte. Testimonio de un drama compartido con muchos de su generación. Treinta y una son las voces que se entrelazan para crear una fina malla que se propone retener algo de lo que fue el Negro, un joven soldado en el servicio militar arbitrariamente enviado a luchar a la Guerra de Malvinas, donde encuentra la muerte. El padre, los amigos, el intendente del pueblo, la madre, los compañeros de trinchera, una enfermera, el soldado que se salvó de ir a la guerra, una maestra que enseña castellano en las islas, la novia, un periodista, una adolescente kelper, la antropóloga forense, un par de militares ingleses, las rocas... Esas y otras voces vuelven al pasado para encontrar los ecos de lo que el Negro alguna vez fue, y de lo que también fueron ellos y ellas. Porque ir a buscar al otro es también ir a buscarse, porque entender ese territorio de los muertos podría quizás arrojar algo de luz sobre el de los vivos.
Creo que el autor logra muy bien dos cosas con este libro: 1. Con múltiples relatos muy variados va dando una idea de lo que fue la guerra para la sociedad. Quienes participaron directamente como soldados, enfermeras y otros a indirectos como maestras, alumnas, vecinos etc. 2. Hace un verdadero homenaje al soldado desconocido. A través de distintos relatos cortos sobre un soldado caído (El Negro) nos da una idea de que hubo muchos negros en la guerra, muchos que todavía no fueron identificados, pero que allí están en la isla hoy y que tenían una vida completa antes de partir.
No soy contemporáneo de la guerra, así que verdaderamente me pareció un gran relato para entender un poco más.