¿Puede nuestra opinión cambiar tras las segundas experiencias? Naturalmente que sí.
Las relecturas son un tema de polémica frecuente entre los millones de lectores del mundo. Hay quienes apoyan la idea de que los libros no se deben releer porque nuestro tiempo de vida es muy corto, por lo que debemos aprovechar para brindarle la oportunidad a sinfín de obras desconocidas que pueden gustarnos mucho y enseñarnos sobre la vida en general. Esa filosofía podría describirse como «entre más, mejor». Por otra parte, están los que cada cierto tiempo releen sus historias favoritas; a veces son criticados, e incluso son catalogados como «intensos». Pero como en el fondo cada quien es libre de leer lo que quiera —de hecho lo realmente importante es precisamente leer—, entonces esas personas se defienden con frases como esta: « ¿por qué debería negarme el placer de disfrutar, nuevamente, de esta historia que me encanta?» Ambas posturas son comprensibles. Por una parte podemos observar a un grupo de lectores que siempre están sedientos de historias nuevas, y por el otro lado, a un grupo de lectores que viven en el romance de repetir indefinidamente aquello que los ha marcado de por vida. Unos adictos a lo nuevo, otros apegados al pasado. En mi opinión, lo más recomendable es olvidar el tema, restarle importancia a las «clasificaciones», dejar de catalogarnos, y vivir una lectura al límite pero con flexibilidad. Una vida lectora en la que a veces recurramos a nuestras raíces para recordar de dónde venimos, pero también en la que seamos capaces de salir de nuestra zona de confort y explorar un infinito mundo literario. En mi opinión, lo mejor es disfrutar de ambas facetas, experimentar, jugar con ellas, y evitar entrar en ese mundo de repetición y monotonía que resulta echando a perder muchas de nuestras aficiones; aficiones que hoy en día hemos olvidado para siempre.
Empiezo esta reseña con esta breve reflexión, ya que justamente el tema de la relectura es importante para esta ocasión. Leí este libro en 2020, quizás esperaba más acción, pero en el fondo me gustó, por lo que en ese tiempo lo describí como «El libro informativo de la saga». En aquella vieja reseña expresé mi insatisfacción por la baja cantidad de adrenalina respecto a Escuadrón, que fue una completa locura en ese aspecto. Pero, como en esta ocasión he omitido la lectura del primer volumen —solo leyendo directamente el segundo, he descubierto que Estelar no tiene una intensidad tan baja como lo percibí previamente, y que también tiene aspectos muy interesantes para destacar. Para no alargarme demasiado con la comparación de dichas sensaciones, lo resumiré así: La primera vez tomé este libro y me atraganté con sus palabras, olvidando que masticar es necesario para disfrutar de los sabores; estaba tan excitado con lo mucho que me gustó Escuadrón, que dejé de disfrutar «el aquí, y el ahora». En esta segunda ocasión me enfoqué en prepararme para la lectura del siguiente volumen, repasando y recordando personajes, escenas, informaciones, batallas, etc. Como resultado, me vi forzado involuntariamente a masticar, permitiéndome disfrutar del libro incluso más que la primera vez.
Brandon Sanderson, en este volumen, se ha dedicado a expandir su propio cosmos, su propio universo creado. Su historia requería traspasar nuevos horizontes, presentar especies alienígenas, otorgar respuestas, dar innovaciones respecto a la tecnología, y todo eso es lo que ha realizado en este volumen. Es un argumento donde la naturaleza agresiva de Spensa, causada por el permanente riesgo de extinción, se ve contrastada por la forma pacífica de vivir de otras especies en el universo. Estos detalles combinados crean una atmósfera excelente y agradable para el lector; atmósfera, que como los buenos libros de ciencia ficción, te dejan con la sensación de querer vivir una aventura en ese mundo desconocido, como si fueras el protagonista. Es una ambientación que, basada naturalmente en la experiencia de los turistas que tienen problemas para adaptarse en un país extranjero, logra hacernos sentir mucha empatía hacia Spensa; y más, teniendo en cuenta, el rol espía que tiene que desarrollar en prácticamente toda la historia. No es fácil ser un espía, y más cuando debemos ser tan atentos para no cometer fallos en situaciones cotidianas como ir al baño, comer, hablar, etc. Asimismo, tenemos la posibilidad de observar desde una perspectiva diferente los enemigos de la raza humana; perspectiva que nos invita a comprender -o por lo menos intentar- a las personas con las que no nos llevamos bien. ¿Por qué cierta persona siente apatía por nosotros? Si nos encontráramos con una persona como nosotros mismos, ¿cómo sería nuestra reacción? Un bonito mensaje que nos deja el autor de no juzgar sin conocer. En verdad, la ambientación creada por Brandon Sanderson es uno de los mejores aspectos del libro.
De los personajes no tengo nada negativo que mencionar. Si bien es verdad que el 99% de los personajes del primer tomo han pasado a tener un rol secundario, eso no llega a convertirse en una molestia debido a que los nuevos personajes también tienen sus singularidades, y de una u otra manera no te hacen extrañar los del primer volumen. De los nuevos personajes quiero hacer una mención especial a, Morriumur, porque me parece muy interesante, no solo por las peculiaridades de su especie dione, sino también por su historia, su no-nacimiento a pesar de estar vivo, etc. Obviamente los personajes más agradables son su protagonista, Spensa, y su gran compañero, un robot llamado M-Bot. Ellos dos tienen una relación de amistad entre humana-robot tan bonita que no les niego que me da envidia. Ambos se acompañan, se escuchan, se preocupan por el otro, es tan genial como lo que muchos deseamos: un ser que te escuche cuando lo necesites, no solo en tus días de triunfo, sino en los que te sientes destrozado por la vida. Sus conversaciones son graciosas, ambos tienen un toque irónico que me encanta, y lo mejor es que se entienden tan bien que cada vez que llegas a una sección donde cruzan palabras ambos personajes, sabes que te vas a divertir pase lo que pase. Adicionalmente, sobre M-Bot, debo declarar que fue bastante inesperado leer a un robot con dilemas morales, con sueños, queriendo reproducirse, deseando decir mentiras, anhelando sentirse vivo. La verdad fue muy gracioso, aunque en el fondo te causa ternura: son muy nobles y bonitas sus pretensiones.
En lo relacionado a su prosa poco también se le puede criticar a este gran autor, aunque al inicio —quizás fue error mío— leí a una velocidad no concordante con el ritmo de la historia. Al inicio sentí muchas pausas, muchos signos, y me vi obligado a frenar en varios momentos; pero, el segundo día que leí eso no me sucedió, por lo que he quedado con la gran duda de si el inicio fue escrito con muchas pausas, o realmente fue error mío de no leer bien. No obstante, el resto de libro se lee rapidísimo, y más sus últimas 100 o 150 páginas. En ellas el argumento entra en un estado vertiginoso de adrenalina, de respuestas, de planes arriesgados a los que la protagonista se ve obligada a recurrir porque son la única esperanza de la humanidad, etc. Sí, en las demás páginas también hay escenas de acción, vuelos, y demás, pero lo mejor de esta saga siempre ha sido la adrenalina; la adrenalina de sentir que la próxima batalla puede ser la última. Como Brandon aprovecha muy bien su don de manipular las escenas para que sean extremas, obliga completamente a que la incertidumbre sea el común denominador. No hay planes, no hay tiempo para premeditar, no hay tiempo para descansar, es todo o nada, es aquí y ahora. Es una genialidad la forma como Brandon va reproduciendo su historia. Además, los capítulos tienen una duración precisa, por lo que ayuda bastante para que la lectura cada vez sea más ligera: Entre más nos sumergimos en la imaginación de Brandon Sanderson, más fácil es leer sus historias y más gratificante se vuelve nuestra experiencia.
El desenlace ha estado bien, quizás siento que en «la batalla final» todo se ha resuelto un poco fácil, por lo que me hubiera gustado la existencia de una dificultad adicional para la protagonista; no obstante, el libro te deja con el apetito suficiente para que tomes inmediatamente el siguiente volumen y te lo engullas como si nunca hubieras comido: Acción que justamente voy a realizar inmediatamente concluya esta reseña.
Siento que al final ha sido una muy buena elección realizar esta relectura porque no me acordaba siquiera del 10% del argumento principal. Suelo hacer anotaciones para refrescar mi memoria en este tipo de casos, pero ni siquiera mis anotaciones me hubieran ayudado en esta ocasión. Realmente, fue una gran decisión realizar esta relectura.
En resumen, un volumen con un nivel de adrenalina menor que su predecesor, pero que posee el valor agregado de ayudar a expandir el cosmos creado por Sanderson. Claramente, el autor pudo atiborrarnos de datos, detalles y demás, pero él prefirió pensar en sus lectores y ofrecer unas pequeñas dosis de adrenalina, suficientes para dejarnos antojados de su tercer volumen. Gran ambientación, muy buena prosa, personajes interesantes con preocupaciones y dilemas emocionales, anhelo permanente de seguir leyendo: una buena combinación de varios aspectos que me encantan de un libro. Previamente había otorgado esta historia con tres estrellas, hoy subo esa puntuación a cuatro estrellas. Buen libro.
Próximo destino, Citónica.