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130 pages, Paperback
First published March 30, 2022
A Eduardo, porque la vida sin inventarlo sería muy triste.
Mi papá es una foto
Para Eduardo
CUÁNTOS MUERTOS, PAPÁ
Cuántas nuevas mamás como la abuela
que escuchaba tu nombre y lloraba.
Cuántos niños sin papá
que van a cargar un muerto en la mitad
en un hueco que no se quita
en un abrazo que no cierra.
Bienvenidos, les digo,
los recibimos en este mundo
en el que de noche
les hablamos a los muertos
los aprendemos a querer aunque no estén
hacemos sonreír las fotos
les pedimos consejo para lavar los platos
nos enojamos porque no entendemos
si la puerta que se mueve es la respuesta
los sentamos en la silla del carro para que nos cuiden
los regañamos por haberse ido.
Perdonamos al que disparó,
también al que mandó disparar.
Nos levantamos cada día
estudiamos, trabajamos, seguimos.
Vivimos, papá.
Y, sin embargo, cuántos muertos
que podrían estar en casa.
Vos, por ejemplo.
TE MATARON UN DÍA
Cuando yo no sabía aún que la gente se moría.
No entendí la muerte ese sábado
aunque lloré toda la noche
como si hubiera sabido de tu conversión temprana:
desde las cinco eras un muerto
tal vez antes o un poco después.
Nadie se acuerda de la hora exacta
y menos yo
que entonces no sabía de horas.
Comenzaste tu vida muerto esa tarde
y yo mi vida de huérfana ese día.
Lloramos una vez en un sueño
la única vez.
Hablamos toda la noche
y regresaste a ese lugar donde vives ahora
que no es mi casa.
Te he liberado varias veces
por un consejo repetido de los amigos:
vete, sé un muerto tranquilo
Adiós.
Y siempre has sido ese espacio vacío
en un lugar de mí que no sé donde ubicar.
Nos mataron un sábado en la tarde
tal vez a las cinco, papá.
HAY NOCHES
Eduardo
en que busco
desesperadamente
su nombre entre mis cobijas.
Hay días en que voy detrás de usted
en algún sueño
como esa vez
en que apareció de sorpresa.
Tenía nueve años.
Hay noches
y días
y horas
Eduardo
en que quisiera
saber de usted.
Hola, le digo a la foto.
Y espero.