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Contacto: Un collage de los gestos perdidos

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El beso es la sinécdoque de la vida, la parte por el todo, nos recuerda Edgardo Scott en este precioso y beckettiano libro sobre el contacto, cuyo recorrido empieza por el beso pero le siguen las manos, las caricias, las salivas que se mezclan, los abrazos, incluso la palabra, que solo existe realmente —como el beso— si se completa en el que escucha. Escrito en pleno aislamiento sanitario, Contacto nos guía por las diferentes figuras de esas experiencias-interfaz que se saltean el histrionismo de la mediumnidad, las que van directo a la presencia, y que —nos susurra el autor de manera un poco sombría— se están desvaneciendo irremediablemente. No por la pandemia, sino por nuestro profundo miedo a la exposición, a todo riesgo.
Dispuesto a recuperar lo que parece perdido, como ya hizo Odiseo en la isla de Calipso (pero con Internet), Scott echa mano a lo que tienen todos los sus imágenes mentales, sus recuerdos, sus asociaciones. Emma Bovary y la serie Viajeros, Alfonsina Storni y la pareja que se besa con escafandra en la tapa del disco de Blur, un dibujo del graffitero Banksy, quien no dejó de debatirse, temor y ¿es correcto contribuir al capitalismo musical? Ante la Ley. Un tuit "Todos somos pinturas de Hopper", y también Pavese, y Carlos Correas y Winona Ryder.
Todo lo que aparece en Contacto es lo opuesto a un archivo —útil pero todo aquí es atractivo, de todo quisiéramos acordarnos nosotros también. ¿No es esa, precisamente, la magia material, hormonal incluso, de ese misterioso contacto a distancia —en el espacio pero, sobre todo, en el tiempo— que llamamos literatura, poesía, pensamiento?

126 pages, Kindle Edition

Published November 28, 2021

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About the author

Edgardo Scott

18 books12 followers
Edgardo Scott nació en Lanús, provincia de Buenos Aires, en 1978. Fue fundador e integrante del Grupo Alejandría, que en 2005 inició en Buenos Aires el movimiento de lecturas y ciclos literarios en narrativa. Publicó No basta que mires, no basta que creas (nouvelle, 2008), Los refugios (cuentos, 2010), El exceso (novela, 2012), y Caminantes. Flâneurs, paseantes, vagabundos, peregrinos (ensayo, 2017). Es traductor y editor de Clubcinco editores. Colabora con artículos de crítica literaria en el diario La Nación, el blog de Eterna cadencia, y las revistas Otra parte e Inrockuptibles. Actualmente vive en Francia.

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Profile Image for Cuando Leo.
74 reviews2 followers
July 8, 2024
Un collage de los gestos perdidos: los besos, las manos, la saliva, los abrazos, el cuerpo a cuerpo, el aliento, la palabra...

Escritura escrita para el propio escritor y, quizás, para algunas de las personas que encuentren estas páginas por casualidad.

Sobres los besos...
"La experiencia es real, densa, compleja, pero la imagen de la experiencia es siempre montaje. La imagen de la experiencia es siempre teatral (p.14) Los besos los dan los labios, las bocas, las lenguas, pero, en verdad, el beso lo da el aliento. El interior del cuerpo. Se besa con todo el cuerpo... (p.18)"

Sobre las manos...
"La caricia está en los dedos, pero fatalmente siempre estará en la boca, en las palabras. La caricia también es una palabra, por supuesto. Dos notables poetas argentinas fijándose en las caricias. ¿Pero no es acaso la poesía la caricia mayor de la lengua? (p.32) La mano vibra, la palabra arde. (p.35)"

Sobre la saliva...
"...la sexualidad ya no ocupa ese lugar amenazante; todo lo contrario, es una variable clave y adaptada del consumo mainstream. Los fluidos que hoy importan son los flujos de capitales, los flujos bancarios, las transferencias, adónde va la plata o, ahora, de qué estarán hechas todas las criptomonedas globales. Y sin embargo, yo recuerdo la almohadilla humedecida y gastada donde el cajero del banco apoyaba la yema de los dedos para contar el efectivo sin equivocarse... yo me pregunto adónde habrían ido a parar esas almohadillas bancarias que hoy nos generarían entre horror y repugnancia. (p.46) Hay una pintura de Molina Campos donde se ve la ronda del mate. Un grupo de siete comparte la saliva sin darse cuenta, sin que eso importe- o porque justamente eso es compartir-; comparten la saliva con todos los de la ronda (pero la verdad es que nadie pensaba entonces que compartía la saliva). ¿Qué va a ser del mate si viene la asepsia generalizada? La asepsia ya vino, me respondo. Nuestra guerra no es más contra la desigualdad o la injusticia social sino contra los microbios, las bacterias y todo lo que no sea biodegradable. (p.51) Lo cierto es que el mate y la saliva pueden compartirse, pero la sombra no. (p.52)"

Sobre el cuerpo a cuerpo...
"...la pornografía le ha arrebatado el cuerpo a la sexualidad y al erotismo. Porque el placer está atado a la imagen; una imagen que se puede detener, retroceser, adelantar, y sobre todo repetir y repetir. El cuerpo reducido a su imagen, expropiado de su condición 3D, expropiado de su violencia y magnetismo. (p.70)"

Sobre el aliento...
"Pero, como dice Bernhard, en verdad -morimos a partir del instante en que nacemos-... (p.83) ¡Qué gran misterio el de un vidrio empañado! (p.87)

Sobre la palabra...
"La palabra no es el discurso, la palabra es puntual, es esa y no otra, ese giro y no otro, esa emoción y no otra, esa experiencia y no otra. Y, además, la palabra se completa en el otro, la palabra completa solo puede existir en la región del contacto. Ni de un lado ni del otro, los psicoanalistas dirían: en transferencia. Por eso, la palabra y el contacto son sinónimos. Porque: -La palabra es mitad de quien la pronuncia, mitad de quien la escucha-. (pp.91-92) ...el dueño de las palabras es el dueño de las cosas... El dueño de las cosas es el dueño del discurso; el que ordena las cosas ordena el discurso. Y eso es violento. Eso es la violencia, y llegar a modificarlo no puede ser de otro modo que con otra dosis de violencia... (p.99) La única manera de que la palabra sea lúcida y conserve su poder es que pueda mutar constantemente, o, mejor dicho, cuando haga falta. (p.102) No hay libertad sin libertad del lenguaje. No hay libertad soberana sin ejercicio de la palabra. Pero no cualquier palabra, la palabra que se escapa y enfrenta al silencio opresor, a lo que no se puede o no conviene decir, a lo que se debe callar por la fuerza. De un lado, la palabra; del otro, el silencio, sí, pero no el silencio musical, el silencio de la noche o del desierto, el silencio del miedo. La palabra se opone a ese silencio. Al miedo a decir o a escribir porque habrá sanción, porque habrá consecuencias, porque habrá castigo. (p.103)"
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