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Tierra vieja

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Se han contado los relatos de los reyes, de los nobles, de las batallas y de los grandes guerreros, pero quienes repoblaron la tierra yerma fueron hombres y mujeres que, con una mano en la estiba del arado y con la otra en una lanza, arriesgaron sus vidas por repoblar las tierras perdidas. Entonces, cuando una peligrosa tropa acechaba -y junto a ella la muerte- ellos dibujaron las fronteras que hoy heredamos.

En esta novela, Antonio Pérez Henares nos traslada, gracias a una prosa evocadora y a un exhaustivo rigor histórico a galope entre el siglo XII y el XIII, a las fronteras de la extremadura castellana por las sierras, las alcarrias, el Tajo y el Guadiana.

A través de sus personajes -cristianos y musulmanes, campesinos y pastores, señores y caballeros-, nos muestra la historia de los que sembraban y segaban, de los que levantaron las ermitas e hicieron brotar pasiones, amistades, rencores, pueblos y vivencias. Aquellos que dieron humanidad a la tierra y se convirtieron en la semilla de nuestra nación.

704 pages, Hardcover

Published January 1, 2022

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About the author

Antonio Pérez Henares

50 books22 followers

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5 stars
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4 stars
16 (32%)
3 stars
14 (28%)
2 stars
4 (8%)
1 star
1 (2%)
Displaying 1 - 9 of 9 reviews
Profile Image for Alejandra Coindreau.
8 reviews3 followers
November 5, 2022
Excelente narración te transporta a la época , excelente investigación , libro histórico algo denso
Profile Image for Gemma entre lecturas.
817 reviews59 followers
October 9, 2022
Me encanta la Edad Media, no sería uno de mi destino si alguien inventase la máquina del tiempo, pero me encanta leer sobre ella. Esta obra narra la España rural de esa época.
                He acudido a conferencias ofrecidas por Antonio Pérez Henares en el Ateneo de Madrid en varias ocasiones, es un placer escucharle y aprender de él, es un magnifico orador. Como escritor, esta es mi primera novela, un estilo singular, su prosa nos recuerda a los escritos del pasado, y al principio me costó centrarme, luego valoras la riqueza léxica y la armonía de la voz al leer en alto.
                Nos adentra en un pueblo que no conocía, Bujalaro, tengo que visitarlo, una tierra abandonada que poco a poco será repoblada. Nos narrará muchas vidas, ninguna sencilla, todas con matices que describen una época, política y socialmente. ¿Eran antes las personas más solidarias y vecinales que ahora?
Creo que hay mucha nostalgia en la obra y amor a las raíces, respeto a la historia rural que se diluye, con el paso de los años y con la desidia de mirar hacia dentro,  siempre anhelando lo que viene de fuera.
399 reviews21 followers
August 8, 2023
Es el segundo libro que leo de Antonio Pérez Hernández y hay que reconocer que tiene un estilo de escritura que te engancha desde el principio. La acción se desarrolla en terrenos de la provincia de Guadalajara y Cuenca a finales del siglo XII y principios del XIII . Hay muchas novelas históricas que se desarrollan en esta época, pero esta es algo distinta de las demás que he leído. En las otras, los protagonistas son los reyes y a lo mejor, de forma accidental sale algún campesino. Este es todo lo contrario: los protagonistas son los campesinos y sus formas de vida, así como lo dura que era la vida en las fronteras y sólo de manera marginal salen los reyes o nobles. Me parece que me he enganchado a este autor
Profile Image for Justo Martiañez.
575 reviews250 followers
November 18, 2024
4.5/5 Estrellas

Pues estoy empezando a dejar de ser imparcial con este autor. Cada vez me gusta mas.

Partiendo de los personajes de su obra anterior "El rey pequeño", el autor nos sumerge en los avatares de la Historia con "mayúsculas", todos los sucesos que ocurren en el reino de Castilla durante los siglos XII y XIII, sobre todo en la vertiente del conflicto fronterizo con los territorios musulmanes peninsulares, almorávides, almohades, reinos de taifas, sin olvidar los endémicos conflictos entre los distintos reinos cristianos peninsulares o los nobiliarios durante las minorías de edad de Alfonso VIII, de Enrique I o de Fernando III, luego llamado el Santo.

Pero el libro no se llevaría las 5 estrellas si sólo contara esto. Hay libros mejores, como la Trilogía Almohade de Sebastian Roa, sobre este periodo. El libro se lleva las 5 estrellas, porque nos mete de lleno en la tierra, en sus habitantes, en la historia con "minúsculas", pero la nuestra, la verdadera, la de nuestros antepasados.

Nos cuenta como a partir de las Comunidades de Villa y Tierra de la Extremadura Castellana, sobre todo en su vertiente sur, la Transierra: Atienza, Medinaceli, Guadalajara, Hita, Brihuega, Zorita, Madrid, Alcalá de Henares, Buitrago, Molina, Plasencia, y muchos otros pueblos, hoy en día en gran parte despoblados, se consigue asentar población en estos territorios. La concesión por parte de los reyes de tierras a los nuevos colonos y de fueros a las poblaciones, permiten desarrollar un sentido de la pertenencia y un espíritu de lucha frente a las continuas amenazas externas. Estas poblaciones desarrollarán una conciencia social e identitaria muy particular y solo deberán obediencia al Rey. Los continuos flujos y reflujos de la reconquista acercan o alejan la amenaza musulmana. Tras la derrota de Alarcos, la línea del Guadiana cae y las razzias almohades acosan el reino de Toledo y la frontera del Tajo, y llegan hasta la mayoría de los pueblos de la vertiente sur del Sistema Central, salvándose solamente los castillos y fortalezas donde la gente y el ganado se protegen como pueden. Pero la gente resiste, porque está defendiendo su tierra, no la tierra de los nobles, o de los obispos o de los abades. Es suya y quieren permanecer allí para siempre.

Es en esta poblaciones y sus milicias concejiles, mitad ganaderos y agricultores y mitad soldados, junto con las órdenes militares, en los que en gran medida los reyes de Castilla se apoyan para mantener su esfuerzo bélico de reconquista. Con diversa suerte, con terribles derrotas y grandes victorias, pero siempre teniendo detrás esa "tierra vieja" y sus habitantes, aquella que había sido roturada muchas veces, desbrozada y sembrada, para luego ser talada y quemada al albur de las sucesivas guerras, conquistas y reconquistas y vuelta a cultivar. Esa es nuestra tierra, la tierra de Castilla.

Me han llegado las pequeñas historias de los pueblos, las historias de supervivencia, la forma de cultivar y de manejar el ganado, que se han mantenido de forma secular en este territorio hasta bien entrado el siglo XX. Las rencillas, que siempre existen y existirán, magnificadas hasta el extremo y transmitidas de generación en generación. La cooperación entre los distintos individuos de una comunidad, que es clave en su supervivencia en situaciones de extrema necesidad.

El escritor es de Bujalaro, en Guadalajara y centra su historia por estos predios, pero la he sentido como mía, y eso no tiene precio.
Profile Image for JOSÉ FERNÁNDEZ ÁLVAREZ.
20 reviews4 followers
November 8, 2022
“Sin tierra el alma está vacía, pero sin relatos la tierra está muda”. Esta acertada afirmación de la escritora y profesora de filosofía francesa Muriel Barbery es muy significativa en razón a un intento de reseñar la última novela de Antonio Pérez Henares, TIERRA VIEJA, en tanto que se trata de una novela intrahistórica como diría Unamuno pues momentos de la Historia de España tan emocionantes y que habrían de cobrar especial trascendencia, jamás fueron tan atinadamente contados desde la óptica, desde los sueños, desde los sentimientos, desde las ambiciones, desde los surcos, desde los montes junto a los rebaños, desde la lucha diaria por sobrevivir y salir adelante de aquellos que también hicieron y fueron historia, desde los repobladores, los labradores y pastores, los colonos y habitantes anónimos que poblaron aquella Extremadura castellana de la edad media, de los siglos XII y XIII que acudieron a repoblarla en busca de una oportunidad.
El autor, en un ejercicio de nostalgia no melosa, pero sí con ternura y con el rigor del conocimiento por conexiones muy afines y sobrados lazos de familiaridad, va colocando a los personajes y por ende al lector en aquella tierra abandonada, en aquella localidad guadalajareña de Bujalaro, que poco a poco va a ser repoblada por gentes de ámbito rural, cuya subsistencia va a depender grandemente de sus manos, de sembrar “de sementera a sementera”, de cuidar el rebaño, de la solidaridad entre los vecinos, del amor a la tierra.
Pero aquella tierra, aquella zona de la Extremadura no estaba exenta del peligro de la época, de aquellos convulsos tiempos donde no se daba precisamente la armonía entre cristianos y musulmanes. Se estaba escribiendo la historia de la futura España y ahí la gente de a pie de la frontera en los pueblos vaciados de personas, llegaron con su carga de ilusión de ser hombres libres ya que los reyes les daban tierras que cultivar en propiedad, tierras repartidas en base a los fueros que les fueron concedidos a muchos pueblos y concejos de aquella franja. En contrapartida cada concejo contaría con su propia mesnada al servicio del rey. No cabe duda por otra parte, en atención a lo expresado por el filósofo y poeta estadounidense Ralph Waldo Emerson que “toda relación con la tierra, el hábito de labrarla, de trabajar sus minas o simplemente de cazar en ella, engendra el sentimiento de patriotismo”. Y ello en base a sostener que los que iban a la guerra acudían además en defensa de sus cosechas, de sus casas restauradas, de sus molinos de pan, de sus preciados arroyos, de su ganado, de sus mulos y animales de compañía, de su “tierra de pan llevar”, de su “tierra de sembradura”, de su “tierra de promisión”, y aún de su “tierra campa”, porque aquella era su vieja, pero nueva tierra, aquella era su nueva vida, su nueva patria.
Allí, en la Extremadura castellana, en el extremo duro, es decir más allá del Duero, Antonio Pérez Henares, por ser su tierra de nacencia, donde sus raíces, en fin, por ser “de la tierra” se mueve con total solvencia en la descripción de los “paisajes a los que gusta de darle un enorme protagonismo, como si tuvieran alma”, de los cultivos, de las plantas, y aún del paisanaje de la época de la novela, pues aún transcurridos algunos siglos, hasta casi anteayer, o al menos hasta mediados del siglo pasado, antes de la mecanización, de la siembra hasta la recolección, ciertamente poca evolución se verificó. Lo mismo puede decirse del pastoreo.
Poco a poco, con el transcurrir del tiempo y avanzando páginas de TIERRA VIEJA, nos vamos familiarizando no solo con los nuevos colonos y repobladores que van sumando familias y grupos y nombran alcaldes y construyen iglesias, también sabremos que participarán en las acciones contra los moros y así, batalla a batalla, desde la de Uclés, hasta la de las Navas de Tolosa, pasando por la gran derrota de los cristianos en Alarcos, y otros muchos aconteceres políticos así como varios reinados (Alfonso VI, Urraca I, Alfonso VII el Emperador, Sancho III, Alfonso VIII, Enrique I y Fernando III) a sabiendas de que “la guerra asola la tierra” (frase de Guerra y Paz), el campesino, el labrador, abre nuevos surcos, se empecina, y con fatigas y tesón estaba a lo que había que estar y “a lo que había que estar era a la sementera” y “cuando se acababa la una había ya, sin casi que empezar la siguiente”, porque “la vida del labrador era eso, un acabar para empezar” ya que “entre alzar y binar la barbechera se iba la primavera entera”.
Hay historia en la novela, qué duda cabe tratándose de Antonio Pérez Henares y de una novela histórica. Pero es mucho más lo que se lee y de lo que va TIERRA VIEJA. Dado ese antes mencionado amor a la tierra, no la convierte en una novela de amor, pero se vislumbra grandemente el amor que el autor ha puesto en cada renglón, en cada párrafo, en cada capítulo, especialmente en determinados capítulos (14, 16, 28 o 42), donde la prosa corriente, la de contar, la de narrar hechos o circunstancias se convierte en poesía dictada desde el corazón en homenaje a la memoria de sus ancestros, de nuestros ancestros, un homenaje a la tierra, una deuda que salda con los suyos, con lo suyo, con la tierra alcarreña. Una obra escrita desde la entraña. Su obra más personal.
No me gusta ni uso de ello apuntar en una reseña el consabido: “me enganchó desde la primera página”. Digo que no me gusta no que no sea este el caso y ello porque desde la dedicatoria hasta el epílogo donde “el Antonio” corrige “al Jesús” con una verdadera sentencia para enmarcar, en relación con nuestra pertenencia a la tierra, las 633 páginas que engloban los 45 capítulos de que consta TIERRA VIEJA me transportaron a mi infancia, a la era de una hacienda hoy reconvertida en casa rural, donde de la mano de mi padre conocí todo lo que en relación con las labores del campo describe Antonio Pérez Henares. También me fue muy fácil retrotraerme a aquellos tiempos en que en mi casa se hacía “la matanza del cochino” como la narra el autor y vivida con toda la familia reunida. Y en lo referente a los hechos históricos, aún sabidos, también participé casi activamente al tiempo que los ojos se deslizaban por los renglones escritos, ciertamente derechos y sin fisuras.
FRASES QUE ME IMPACTARON
• Has de aprender a que las cosas se cuenten como es debido y por sus pasos. Sobre todo, cuando los recuerdos son dolorosos y hay mucha lágrima en ellos.
• Con una mano en la estiba del arado y la otra en la empuñadura de una lanza.
• Esta es una tierra vieja y buena, Julián. Estaba pidiendo a gritos que se la volviera a labrar.
• Por eso, porque el Rey se las daba, venían ellos a poblarlas a lugar tan peligroso y se agarraban al terruño como suyo y que podían, además, luego transmitir a sus descendientes.
• La vida del labrador era eso, un acabar para empezar.
• En casi todo aquello que podía pasar, el hombre no podía hacer nada. Excepto mirar al cielo y por eso de tanto mirarlo estaba tan alto. (Homenaje del autor a su maestro Delibes).
• Por los campos (el Manquillo) solo aparecía montado a caballo a ver cómo iban las labores y poner faltas.
• La envidia prefiere siempre que aborte la oveja del vecino a que la propia para mellizos.
• Había llovido la noche anterior y aún olía el campo a los olores que despierta la lluvia.
• Nos la hemos ganado, Antonio. Nuestros abuelos, nuestros padres y nosotros. Es nuestra tierra. Nos pertenece. … No Jesús. Somos nosotros quienes le pertenecemos a ella.
• Era una tierra vieja. Desde luego que lo era. Había sido roturada ya antes. Pero, aun así, algo había quedado en ella, algo que siempre pugnaba por rebrotar.
Profile Image for Vicent Molla.
12 reviews1 follower
July 4, 2023
Me ha costado mucho terminarlo.
Muy largo, pesado y difícil de leer, demasiados datos históricos que te desvían de la trama de la novela, que más parece un tratado de historia que una novela.
Hay partes que están muy bien e interesantes pero no tardan en aparecer de nuevo los personajes históricos, que al igual que los de la novela, se pierden generación tras generación.
13 reviews
June 10, 2025
Un bodrio como una catedral. Lo dejé en la página 147 porque no soportaba más el soporífero continuar del libro. Personajes inconexos, prosa leeeeeeenta, aburrido en ocasiones. No supe conectar con el libro.
Profile Image for Tere.
19 reviews
April 19, 2024
Aburrido, demasiado complicado, se pierden varios hilos a lo largo de la novela.
Displaying 1 - 9 of 9 reviews

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