Me pareció un romance muy puro y solemne, muy dulce en muchos sentidos. Una profunda empatía creció de mi para este monje pecador desde el principio, desde su primer encuentro con Benedicta. La inocencia siempre me ha parecido una cualidad que hay que admirar, pero creo que esta vez terminó jugando en contra de la historia entera. Me hallé deseando con fervor que algo aconteciera para que Ambrose tuviese valor, rebeldía o simplemente algo menos de miedo al infierno como para hacer algo. ¡Algo! Algo real, carajo, no solo orar. Algo menos que detenerse a auto flagelarse, privarse de alimentos y del contacto del resto de la humanidad por una emoción tan buena y pura como la que le inundaba su mente llena de telarañas de iglesia.
A veces uno desea entrar en los libros y darle de cachetadas (o chanclazos, lo que se le ocurra en el momento a uno y sea más efectivo) al protagonista, aunque este te tome por un espíritu maligno, con tal de hacerlo espabilar y que las cosas no discurran por esos derroteros que tú ya sientes venir.
Me recordó al libro "De Amor y otros demonios" donde un clérigo y una chiquilla salvaje tienen una historia de amor tan... iba a decir pura y bonita, pero esos no son los adjetivos que se debería usar en cuanto a García Márquez. El hecho es que no pude evitar trazar un paralelismo entre ambas obras y pensar que existen múltiples similitudes dolorosas entre ambas historias, como sus finales, por ejemplo.
El final, que yo ya venteaba desde mediados de la obra, me ha dejado altamente descolocada y meditabunda. Es una obra prodigiosa, de eso no cabe la menor ni más mínima duda, salvo que siento que no se le ha hecho justicia en esta obra a los personajes de Ambrose y Benedicta, pero que se los ha dotado de un desarrollo increíble. El hecho de poder adentrarse en los pensamientos tan atronadores del monje, me ha parecido una locura. Ahora que lo pienso, luego de terminada la obra, pienso que era más susceptible de lo que imaginaba en un principio. Cómo si su final verdaderamente no fuese un arrebato de su autor (como lo califiqué inmediatamente lo acabé) y se hubieran plantado cuidadosamente guiños aquí y allá que entreveían que esta no era una historia blanca como ala de inmaculada paloma de campanario, sino pálida y mortecina como la faz de un cadáver en el patíbulo.
Fuera de todo eso, porque sino me detengo seguiré dándole vueltas al mismo tema, los escenarios son lo mejor del libro. Esas montañas, riscos traicioneros, el lago, la niebla, la nieve, la luna, el pueblo en lo alto con las personas felices. Su autor me ha embriagado de la helada paz que se respiraba en esos sitios y he disfrutado mucho durante su lectura. La idea simbólica de las Edelweiss, sin aroma pero de infinita y delicada belleza, eso también me ha parecido muy interesante... ojalá todo hubiera tenido un final diferente.
En La Gárgola se hablaba de que la esquizofrenia podía ser la razón de los éxtasis de los monjes de antaño. Delirio antes que verdadera revelación. Y quien sabe, porque si se leen algunas de estas visiones (no todas) se puede ver que hay cosas que pudieron llevar a la hoguera a muchos y al manicomio a muchos ahora.
Pues quien sabe, pero aquí, el delirio por las privaciones y emociones fuertes bien podría ser una razón para considerar muy concienzudamente.
Creo que esta obra me dejará pensando mucho, largo y tendido, por algunas días más.