Entre las rejas de una unidad residencial se entrelazan las voces de niños que juegan a ser diablos y a ser hombres. Al protagonista de este libro se le va abriendo el mundo con las palabras dulces de un otorrino que le avisa que las explosiones lo dejarán sordo. El gemelo del Tigre Castillo recuerda su infancia mientras lleva a su hermano, encerrado en un baúl, al estadio. Un copropietario trata de subir el cadáver del hombre más pesado del mundo a la funeraria del quinto piso. Cada relato de este libro es una ventana que refracta la ternura del habla y la cotidianidad que arde; en Salsipuedes la muerte es vecina de todos.
"En Salsipuedes, HaroldMuñoz ha imaginado su mundo con precisión y talento. Aquí hay oficio de escritor y una mirada generosa. Un debut extraordinario."
“Con el tiempo yo aprendería la utilidad del sufrimiento, le diría al Cavernario. Con el tiempo, luego de agarrar cancha en la correccional, de que me volviera lo que soy, yo aprendería a ponerles cara a los que trataran de verme la cara. Una cara de verdad. A darle personalidad a una cara sin cara, que antes no habrías notado en la calle. Una cara después de conocerme, chorreada. Una cara incongruente. Una cara blanqueada, le diría al Cavernario, y por eso mismo escandalosa.”
“La gente necesita de inicios para convencerse de que las cosas pasan, y yo hace rato que no celebro nada.”
Aunque solo he estado una vez en mi vida en Cali, pude imaginarme todo, leer en el acento caleño que los caracteriza, recorrer cada escenario presentado, los niños, la unidad residencial, ese pedazo de Colombia que ha sido cruel, caluroso, lleno de sangre y una historia tan convulsa pero es Cali, es Colombia, es el Valle, como dice la canción: “esta es mi tierra bonita, mi tierra preciosa, mi Valle del Cauca”, olvidada por todos, olvidada por el Estado, olvidada como el Chocó pero es Colombia, ahí está, por geografía existe y parece otro mundo, otras reglas, otros mandatos, otra ley del ojo por ojo.
Agradezco al profe Harold habernos compartido este texto, me ha entretenido, a ratos me ha hecho reír o y en otros momentos, me ha encogido el corazón porque no podemos olvidar que a este lodazal nos ata una indiferencia, una guerra, una ciudad y un campo, una urbanidad y una ruralidad.
No me enganchó. Son relatos distintos que se entrecruzan por varios personajes y elementos: el mismo vecino traqueto del bloque C, la piscina, la unidad, una prima que salta de un relato a otro desde otra perspectiva. Pero, eso que suena tan bonito, me perdió por momentos en la lectura. Quizás porque no sentí diferentes voces narrativas claras y, si bien como lectora podía suponer que cosas que no se dicen ocurrían, algunas me parecieron que quedaron sin continuidad. La radiografía de ese Cali, referenciado en el libro como Salsipuedes, es magnífica. Se siente el calor, el miedo, la música, las bombas, el poder y sumisión de una ciudad en manos del narcotráfico.
Frases que subrayé:
- A determinada escala no hay muerte.
- El pasado al igual que el futuro, es un escenario, una posibilidad que será comprobada o refutada con el devenir del tiempo.
- Si te fijás, la oscuridad es la promesa de un muro, de una pared adelante. Siempre adelante. La oscuridad nos espera, nos contiene.
Sin duda el autor escribe bien. Su escritura brinda imágenes que perduran en la mente del lector, lo cual es importante. Sin embargo, la mayoría de los cuentos que conforman el libro resultan algo reiterativos en su contenido, en su tratamiento. Pienso que tal vez es debido al tono casi melodramático que se percibe en la mayoría de las historias. O tal vez sea por el abuso del recurso del monólogo. O quizá sencillamente fue porque Salsipuedes me pareció un universo poco llamativo, incompleto. Estos son los cuentos (en los que aparecen y desparecen los mismos personajes) de los que querré hablar a quien quiera saber mi opinión del libro: "Aleta", "Un espacio artificial", "Cogollos".
La prosa de Muñoz excava, escondidita, agujeros en la cabeza de una, cadenitas conectadas como las de nuestros oídos. Crea una ciudad peligrosa, ríos de agua y de sangre, pero sobre todo de voces que se escuchan y se hacen eco, que se entienden. Salsipuedes es coral. Como un guiso caliente burbujea lenta, llena de delicias que pelean por salir a la superficie, que chocan, se encuentran o se funden. Salsipuedes huele a un picante que sobrepasa, que te lleva consigo mientras arde y un mango dulce que enfría y asienta todo lo que, seguro, no olvidarás después de haber leído esta novela.
Salsipuedes está escrito con una sensibilidad que retrata aspectos de la realidad colombiana de manera bella y a la vez chocante. En cada capítulo explora un estilo de narración diferente y juega con el tiempo y los personajes, lo cual hace su lectura muy dinámica. Esto también nos pone el reto como lectores de soltar la manera usual de concebir el pasar de los acontecimientos y simplemente disfrutar de las historias.
«Nosotros habíamos nacido iguales y nos habíamos prometido serlo de por vida, que nada nos distanciara. Esa promesa era lo único que teníamos en aquel entonces. Éramos nadie, nada, pero éramos el otro».
Al principio me entusiasmó mucho el estilo y la coherencia entre los cuentos, pero llegó un momento en que me cansé de tener todo el tiempo una sensación muy parecida y acabó haciéndoseme un poco pesado :( pero me lo pasé muy bien leyendo los primeros dos tercios!
Me enganchó. La forma en la que el autor narra a detalle las situaciones, pensamientos, ansiedades y temores de los personajes es hipnotizante. Lo recomiendo.