Entendedme: vengo de experiencias tan mediocres como Chainsaw Man, orange y Metamorphosis. Encontrarme de repente con una obra tan llena de carisma, originalidad y cariño me llena de una alegría bastante intensa, incluso si no todo lo que intenta sale bien.
Moto Hagio es de esas autoras que tenía en el radar desde hace bastante. ¿Una autora de manga? ¿Una promotora del LGBT manga en los setenta? ¿Una escritora de ciencia ficción insertada en el género shôjo? Vosotros diréis, pero a mí me huele a pepino. Y, efectivamente, me he encontrado una ensalada muy bien aliñada.
He señalado antes algunas etiquetas asociadas a este manga, pero no me parece justo considerarlas parte de este volumen. Si bien obras como orange se rinden al estilo shôjo y Metamorphosis es indudablemente hentai, ¿Quién es el 11º pasajero? se desmarca por completo de estas preconcepciones con tal de ofrecer una experiencia única. Es, ante todo, una historia muy elaborada de ciencia ficción dura que, además de un plantel abrumador de personajes, desborda ingenio en su worldbuilding y situación sociopolítica. El título lleva a engaño: tan solo la primera parte del volumen se dedica a la historia homónima, mientras que la segunda es otra muy distinta tanto en tono como en ritmo. Por ello, dividiré esta minireseña en dos partes y después realizaré una valoración general.
¿Quién es el 11º pasajero? es la historia más entretenida, aunque puede que la menos elaborada. Que no se me malinterprete: cuando digo "menos elaborada", no niego la imaginación desbordante de Moto Hagio; tan solo que la segunda parte excede en ese ámbito. La autora maneja con muy buena mano la tensión argumental y, aunque la resolución llega antes de lo que esperaba, tampoco puedo decir que me haya decepcionado. Es una lástima que, de todos los pasajeros de la nave, apenas conozcamos a la mitad, pero también entiendo las limitaciones del medio. Una reducción del reparto habría afectado enormemente a la escala de la prueba, de modo que esta parece la única solución. Hay dos puntos a destacar en esta parte: Frol y el worldbuilding.
Sobre la primera, en esta parte del tomo es realmente interesante: como hermafrodita (no emplearé la terminología "intersexo" porque, siendo una especie distinta, me creo su hermafroditismo), Hagio inserta una trama de disforia de género que funciona bastante bien, especialmente sabiendo que el manga data de 1975. La comedia general aligera el tono y nunca llega a tratarse del todo el conflicto, pero es un paso adelante que agradezco. Sobre el worldbuilding, me fascina la manera en que la autora crea un mundo vivo, lleno de seres, planetas, culturas distintas y reglas orbitales que se salen de nuestro alcance. Bombardea con mucha información, pero más por el hecho de que todos los personajes ven su mundo como natural que por caer en el infodump. Muchas especies son mencionadas de pasada y los nombres suenan lejanos a nuestra actualidad. Bastante interesante, vaya.
El conflicto es, como he dicho, entretenido y tenso en varias ocasiones. Ver a los personajes dudando del resto y colaborando a partes iguales hace que nunca se sepa muy bien lo que va a pasar. Incluso se revela al undécimo pasajero como al primer tercio de la historia, así que las sorpresas están servidas. Entre el guion, bastante bien llevado y cerrado de forma lógica, y varios personajes, cuesta no leer con gusto esta parte del tomo.
La segunda parte, por el contrario, cuesta de leer. Ya todos han señalado la clara superioridad de la primera historia por encima de esta, pero es lo que hay. Me entristece un poco que todo lo que cimenta ¿Quién es el 11º pasajero? se pierda en esta mitad: Frol resuelve su disforia de manera heteronormativa (normal para la época, pero me habría gustado que Hagio jugara la carta de la ambigüedad y, así, de la intersexualidad), los personajes desaparecen de la historia para poner al frente a Tada, Frol y el nuevo rey, y la tensión deja de mezclarse con la ciencia ficción de maneras creativas. No es en absoluto un desastre, todo sea dicho. La autora vira hacia el conflicto sociopolítico y prioriza una trama de conflictos bélicos a punto de estallar. Personalmente, veía esta historia como la potencialmente más provechosa, pero no puedo negar cierta decepción al saber cómo lo ha planteado Hagio. El worldbuilding sigue siendo genial (no me imagino el esfuerzo que habrá llevado plantearse siquiera los ciclos orbitales de ambos planetas) y el carisma de los personajes está ahí, pero la trama da demasiadas vueltas sobre sí misma para llegar a un punto bastante predecible. Si en la primera parte ya había en ocasiones un exceso de bocadillos, aquí Hagio los convierte en el pilar central de su narración. Y ya sabéis, en un medio visual "muestra, no cuentes". Me gusta el tono de space opera que adquiere esta segunda parte contrapuesta al estilo de supervivencia de la primera, pero se queda pequeño para un universo tan vasto como el que plantea Hagio. Por desgracia, no es el capítulo de una serie larga, sino el último momento de la autora para aprovechar su mundo. Al menos la relación Tada/Frol se desarrolla correctamente, lástima de la heteronormatividad.
Como puede verse, tengo mis problemas con ambas historias, pero el baremo final es bastante positivo. No tanto como me obliga Goodreads, eso seguro. En todo caso, este tomo ha sido todo un descubrimiento de una autora que, en apenas 300 páginas, hila una historia mucho más compleja e intrigante que la mayoría de obras del medio simplemente tirando de originalidad, cariño y mucha, muchísima imaginación. Veremos cómo sigue este viaje; tan solo espero que Tomodomo continúe apostando por semejante mangaka. Sin duda, tanto la edición como la increíble traducción de Ana María Caro (¡marca hasta los dialectos!) están a la altura.