Una vez leí que los melancólicos podrían superar sus crisis si se les privara de dormir noches y noches (...)”
Distingue Handke entre un mal cansancio (como cuando cuenta que lleva meses escribiendo y sale ya por la tarde a pasear a las calles de la ciudad y se sentía “como alguien que ya no pertenece al gran número de los que hay allí”) y un cansancio casi místico, de comunión con el todo, como el que me recuerda mucho al relato ‘El paseo repentino’ de Kafka y que experimentó aquella vez que voló desde Alaska a Nueva York con diversas escalas y transbordos y al llegar al hotel quiso “ponerse a dormir, como enfermo -separado del mundo-, después de una noche en blanco, aire y movimiento. Pero vi las calles que pasaban junto al Central Park (...), en el que, me parecía, la gente paseaba como si fuera un día de fiesta y, con la sensación de que aquellos momentos, en la habitación, me estaba perdiendo algo, salí para estar con ellos. Me senté en la terraza de un café, al sol, cerca del estruendo y de los vapores de gasolina, todavía aturdido”. Y luego viene una especie de epifanía, “la transformación (...) cuando en aquel momento la tribulación dio paso al cansancio. Este cansancio tiene algo de curación”. Y es entonces como, si de un ejercicio de yoga se tratara, pasa el día sentando observando a la gente que pasa, pura descripción de hechos que acaban teniendo una especie de armonía y de sentido, y, lo que es más maravilloso, es observado en su cansancio por algunos transeúntes, especialmente, dice, por mujeres bellas, por viejos y por niños.
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He llegado a casa un poco cansado de la caminata y de no haber dormido lo suficiente anoche pero he leído este librazo de 86 páginas en tiempo que dura una siesta larga y creo que me he levantado igual de casado pero mucho más ligero. Y he pensado en todas esas ocasiones, sobre todo de viaje, en un hotel, encerrado en un avión , en una casa ajena, en las que he leído cansado y en cómo a veces han sido las experiencias de lectura más intensas y absorbentes que he tenido en mi vida.