Este libro me tomó muchísimo en terminar, pero jamás pensé en abandonarlo. Es un libro un poco técnico y - a pesar de mi capacidad de entender ideas complejas - está lleno de jerga legal que no la hace una lectura "suave" y fácil, si no una que pide mucha atención (y creo yo que bien merecida).
Por otro lado, este libro también me ha pedido más tiempo dado a que el tema que toca - a pesar de ser desde un lente socio-legal; o sea, académico, práctico y ameno (léase: no es intencionalmente escrito para estar lleno de ethos y ser emocional) - es uno que me toca de cerca y necesitaba respirar. Me toca unas fibras emocionales latentes.
Con todo esto dicho, creo que este libro es una lectura obligada - en mi opinión muyyyy personal - para aquellas personas que no queremos entender nuestros problemas como país de una manera mecánica, reduccionista, rígida y ahistórica. Este libro es para quienes queremos entender cómo se entrelazan las dinámicas sociales, económicas, políticas y legales en la creación de nuestra débil capacidad de proveer una vivienda digna, en especial a nuestras poblaciones VULNERABILIZADAS (no, no quería decir marginadas. están marginadas - o sea, al margen de la sociedad - porque las vulnerabilizaron. sí, sé que la palabra tal vez no la tiene la rae aceptada. aquí somos rebeldes con una agenda de justicia social en todos los frentes y con el lenguaje no es con lo que vamos a ser puristas.) Es un libro para quienes queremos entender nuestros problemas como país desde la compasión y el amor por esta isla y el caribe. Es una lectura que pone la humanidad de todas las personas que pertenecemos en este archipiélago-mundo en su corazón y lógica y, por eso, para mi, necesita ser leído por quienes soñamos e imaginamos futuros más justos; desde la justicia social.
No es un libro relax. No es una lectura rápida, suave y fácil. ¡Pero! Es una lectura donde una va a (des)aprender y (des)prender(se).