Flores que se abren de noche ejerce una influencia singular. Como un tenue cambio de luz, modifica las coordenadas del tiempo y del espacio y nos traslada a una realidad paralela solo en apariencia familiar.¿Qué ocurre entre los dos jóvenes primos que viven en el Delta y un día descubren que no son primos? ¿Un CET puede enseñarnos a ser mejores personas? ¿Qué haríamos si pudiéramos revivir a un hijo muerto? ¿Los seres humanos podemos ser mascotas? En este libro no hay respuestas, hay relatos que también son pequeñas novelas que nos llevan a hacernos preguntas trascendentes, a descubrir que lo que define un tiempo y un lugar no es lo que vemos, ni lo que sabemos.En Flores que se abren de noche, su esperado tercer libro, Tomás Downey activa su gran imaginación con un estilo elocuente y preciso que vuelve a este conjunto de relatos una obra magnética.
Tomás Downey (Buenos Aires, 1984) es guionista, egresado de la ENERC, y autor de una novela aún inédita. Actualmente, trabaja en un nuevo libro de relatos. Acá el tiempo es otra cosa es la obra ganadora del Primer Premio en género cuento del Fondo Nacional de las Artes, edición 2013. El jurado estuvo integrado por José María Brindisi, Mariana Enriquez y Guillermo Saccomanno.
Lo primero que leo de Downey y quedé encantado con su estilo que toma lo cotidiano pero haciendo guiños a lo sobrenatural y la ciencia ficción. Esos guiños que hace y que no desarrolla me parecieron fascinantes y me dejaron con ganas de más. Muy buenos los 4 relatos.
Downey nunca decepciona, sus cuentos siempre te dejan sin aliento y con ganas de llegar hasta el final.
En Flores que se abren de noche se nos presentan 4 cuentos largos o nouvelles.
1) Flores que se abren de noche: dos primos que se enteran que son otra cosa. Parece una historia realista pero el narrador va colocando algunos objetos que indicarían lo contrario. Me impactó mucho esta historia.
2) CET: unas criaturas llegan a la tierra en meteoritos, son amables y juguetonas por lo que la gente los adopta como mascotas. Me gustó mucho este cuento, diría que fue mi favorito.
3) La paciencia: muertos que vuelven a la vida mediante un procedimiento médico. ¿Volveríamos igual después de la muerte? Muy interesante lo que se plantea en esta historia, me gustó mucho.
4) Hombrecito: humanos diminutos que se convierten en mascotas. Acá la crueldad y la ingenuidad son protagonistas. Este cuento me encantó
Cuatro cuentos largos de ciencia ficción que tienen el foco puesto en lo humano y que se desarrollan en varios niveles. La prosa de Downey es directa y visual, y sus historias están armadas con la precisión de quien domina su oficio.
“Flores que se abren de noche” es la historia incestuosa de dos primos que descubren que quizás no lo son. Es un coming of age marcado por el aislamiento y una violencia creciente. Sus elementos de ciencia ficción aparecen de manera tan gradual y en segundo plano que toma un tiempo comprender que no es un cuento realista.
En “CET”, una lluvia de meteoritos imprevista da lugar a la llegada de unas criaturas extraterrestres de apariencia tan misteriosa como su comportamiento. La pareja de protagonistas verá su vida cambiar cuando uno de ellos decide adoptar a la criatura que cae en su casa mientras el otro intenta deshacerse de ella.
En “Paciencia”, reanimar a los muertos es una posibilidad tan real que ya está marcada por la burocracia. Pero cuando una madre decide recuperar a su hijo va a descubrir que los reanimados no son lo que fueron y que aceptarlos es una tarea difícil, pero no tanto para la sociedad como para sus seres queridos.
En “Hombrecito”, una chica recibe el regalo que tanto esperaba: un hombre en miniatura que habla e interactúa con ella. Ahora que tiene el suyo, puede sumarse a sus amigos. El problema es que los chicos pueden ser violentos, al igual que sus formas de divertirse con eso que algunos consideran muñecos. Pero los muñecos no sangran.
Son los mejores cuentos que leí este año. Ni siquiera iba por la mitad del libro y ya tenía decido leer todo lo que haya escrito Downey.
"Entonces me doy cuenta del olor, no es como antes. Aunque no pueda describirlo, sé que de sentir su olor lo reconocería en menos de un segundo. Ahora no huele a nada."
(Del cuento 'La paciencia')
"Porque un hombrecito es lo que mas quería en el mundo, y ahora, de repente, siente que obtener lo que uno mas quiere puede ser muy triste, quizás porque lo que uno mas quiere es siempre otra cosa. Es una sensación fugaz, que percibe con claridad pero a la vez no sabría explicar".
(Del cuento 'Hombrecito')
Wow... tengo que reconocer abiertamente que el libro no es PARA NADA lo que esperaba, pero no deja de ser una obra fascinante. Los cuatro cuentos tienen su magia, son cortos pero me hicieron sentir que estaba dentro de una historia sin fin, o al menos yo no quería que terminaran. La prosa es tan argentina que me hace querer leer mas literatura de mi país, y es que ciertas palabras o expresiones hacen que la distancia entre libro y lector se acorten. Cada cuento tuvo ese algo que me cautivó, al punto de leer y llorar, leer y reir, leer y decir en voz alta WTF?!, y precisamente por eso me lo terminé en dos dias. Son ese tipo de historias que rompen con lo cliché, al punto en que me permitieron sorprenderme con ciertos detalles, pero sobre todo con los finales... el que mas me sorprendió fue el de "Hombrecito" 👀👀👀 Amé. Si tuviera que elegir uno como favorito seria el del "CET" porque me armé TODO el escenario en la cabeza, y me encantaria verlo en la pantalla... pero de todas formas, los cuatro cuentos, individualmente, se ganaron el sustento para que el libro en su plenitud tenga un lugar especial en mi cabeza (sigo procesandolo). Quizás el único detalle que no me gustó del todo es la crudeza con la que relata ciertas situaciones, pero puede que sea porque no estoy acostumbrada... En fin, bien hecho Tomás, sos un kpo! 👏🏼
"flores que se abren de noche" (el primer cuento) y "hombrecito" (el último cuento) son buenísimos. "cet" no me gustó nada, mucho texto al pedo, y "paciencia", estuvo bien.
Me gusto mucho el libro, seguramente lea toda la obra del autor.
Me gusto mucho el juego en uno de los cuentos en como se vive el tiempo/progreso/futuro de manera diferente por capa social y como olvidamos eso, ahora mismo hay gente en casas inteligentes en california y gente sin siquiera agua potable al mismo tiempo.
El cuento de trolos me encanto, muy bien logrado y refrescante. Zombies muy cool, juguetes copado.
Descontando el primer cuento que es el único que no trae el elemento sobrenatural o fantástico lo que se repite aquí es un conflicto que precede la llegada de lo infamiliar -el CET del segundo cuento, el retornado del tercero o el hombrecito del cuarto- y que, en la medida que se desarrolla, va moderando la expectativa de ciencia ficción que uno tiene. Uno, o sea, yo, que si estoy leyendo que salen unos bichos de unos meteoritos y la gente los adopta espero un poco más de caos, violencia, telequinesis, body snatchers, algo. Pero este no es el caso y está bien, se acepta en tanto cumple sus propias reglas y, sobre todo, asumiendo que el autor ofrece una tensión que el lector obligadamente va rellenando, esperando siempre lo peor, cosa que casi nunca ocurre, probablemente porque aquí el elemento sobrenatural se resuelve mayormente desde la vida común y su tristeza. Imaginando esas cosas que ponen en las solapas, estos cuentos serían como capítulos de Black mirror pero con finales escritos por Carver, o su editor. Nota aparte para la resolución del último cuento: tiene todo lo que no tienen los otros finales y es casi como si, retroactivamente, toda la pasividad acumulada en los cuentos anteriores tuviera su venganza, su día de furia.
¡Qué experiencia impactante descubrir a Tomás Downey con este libro! Cuatro relatos largos que inquietan y nos ponen de cara a cuestionar nuestras propias concepciones de la realidad. ¡Librazo! 🖤
Dos mil veintitrés fue el año de la editorial Fiordo… para mi biblioteca. Muchas de las grandes lecturas que hice el año pasado pertenecen a esa editorial argentina. Creo que la frutillita de la torta, la joya máxima que descubrí entre sus títulos, fue este libro. «Flores que se abren de noche», del también argentino Tomás Downey, es un libro de cuentos. Bueno, aquí se reúnen cuatro cuentos al menos, que también podrían pasar por nouvelles, pues están tan bien construidos, craneados y desarrollados que resultan todos ellos en un absoluto placer. Y lo más increíble es que son todos tan distintos unos de otros que no hay modo de prever nada, ni de imaginarse que puede ocurrir a continuación. No puedo explicarles la maravilla que me pareció este libro. Sencillamente aluciné con él. Primero con el tono poético del que abre el libro y le da nombre, un cuento que pronto deja a la vista mucha de la turbiedad que hay bajo ese río en torno al que viven sus protagonistas. Es la historia de Anahí, criada por su tía luego de que su madre muriera y su padre se marchara. Anahí solo conoce lo salvaje, que es su refugio y su mundo, y el desprecio de su tía Te tiene con el corazón en la boca todo el tiempo. El siguiente cuento es CET. Una noche como cualquier otra una extraña lluvia de meteoritos sorprende a Pedro y a su pareja en medio del sueño. De cada múltiple impacto salen unas extrañas y curiosas criaturas que los científicos llaman CET. Pedro desconfía de ellos y siente repugnancia por el CET que decide adoptar Lucas, su pareja. El CET, con su silenciosa presencia, se convierte en el núcleo de sus discusiones y desavenencias. Después de todo, ¿qué son esos bichos? La paciencia es el tercer cuento y se me eriza la piel solo de recordarlo. Es brillante, brillante, es todo lo que diré 🫣 Cierra con Hombrecito, un cuento tierno y hasta gracioso… hasta que de nuevo sale a la luz la naturaleza humana. Porque estos cuentos hablan de la humanidad, de esos lados grises y oscuros que todos llevamos dentro. Los expone sin piedad y así, sencillamente, se conforma este increíble libro perfecto 🙌
El último cuento es una locura, igual que el primero, pero los cuatro son excelentes. Podrían ser historias para una novela, pero se agradece que sean así, cortos, intensos, terribles.
Una prosa sencilla y contundente, que siempre oculta más de lo que revela. Es justo esa opacidad, esa penumbra, la que encandila, y la que vuelve más insólita cada travesía en este libro, que de por sí ya despega de la ficción especulativa 👾
El incesto de niños en la Argentina futura, inundada y desperdigada en islas, donde no falta el asesinato, la premonición de la santería, el descenso al crimen y la tragedia. Después de una estrepitosa caída de meteoritos, unas misteriosas criaturas llamadas CET invaden miles de hogares con la vulnerabilidad, astucia y peligrosa adorabilidad de cualquier mascota. No obstante, el CET protagonista ejemplifica el abismo creciente entre Lucas y Pedro.
En el tercer cuento, una madre prepara el papeleo para revivir a su hijo, quien falleció frágicamente un par de semanas antes. El trámite burocrático no es el principal problema, cuando evaluamos las repercusiones éticas de traer a la vida a un ser que ha trascendido y vuelve a una condición apenas humana.
El cuento que cierra el volumen retoma estos temas que fascinan a Downey: lo diminuto, la humanidad repensada, los contextos futurísticos que son telones de fondo para las inquietudes y tensiones humanas. Los juguetes/mascotas son pequeños hombrecitos de los cuales disfrutan los niños, y son sujetos a la misma crueldad. Estas peleas de hombrecitos enmascaran más implicaciones éticas terribles, fascinantes. En las que querría indagar más.
Monstruos diminutos, situaciones que se van construyendo en suspenso e inminencia hasta finalmente derrumbarse, mundos distantes pero vínculos humanos más cercanos que nunca. Downey es un cuentista minucioso, cuyos finales dicen lo suficiente sin perder el misterio, y cuyas tramas apuestan por lo maravilloso y extraordinario sin dejar de ser crudas e incisivas.
Hay imágenes muy creativas aquí, y sé que estos cuentos seguirán siendo memorables. Downey escribe como remedio para la rutina y como reto a la posteridad.
📢 "Escupí adentro, dice Liliana. Escupo y le paso la jarra, ella toma un sorbo. Ay nena, la de líos. Contame. No, ¿para qué?, mejor que ni sepas. [...] Decile al Migue que deje de adueñarse de lo ajeno. Ya sé que no te va a hacer caso, pero vos decile. Quién sabe. ¿Por qué? ¿Qué va a pasar?"
Este es el esperado (por lo menos por mí) tercer libro de Tomas Downey. Sus dos libros anteriores fueron premiados y, en mi humilde opinion, contienen algunos de los mejores cuentos de la literatura argentina de los últimos años.
Lo podría describir como un nexo entre Samanta Schweblin y Mariana Enriquez. Maneja, como la primera, el clima calml enrarecido a la perfección y, como Mariana, no le teme al género. Igualmente no es casualidad que en la contratapa haya un texto de Luciano Lamberti. Creo que Tomas se acercó mucho a su estilo en estos cuentos.
El libro esta compuesto por 4 cuentos. Todos tienen, aproximadamente, 50 paginas. Creo que el riesgo tomado por Tomas fue salir de la estructura cuento rígido clasico, donde la introducción, el conflicto y la resolucion aparecen manera mas concisa y donde se tiende siempre a dejar más "redonda" la historia. Si bien los cuentos estan hermanados por un tinte futurista (muy cercano), no estan conectados.
Mientras que en los dos primeros leo una intención de relacionarse a clásicos como Quiroga (nadie que escriba sobre un delta argentino escapa a esa relación) y Bioy Casares (una cotidianeidad que sobrepasa lo extraordinario); en los dos últimos aparece el verdadero Downey. Si les gustó el tercero, para mi una vuelta de tuerca a la decisión salomónica, vayan a leer "Los cuerpos del Verano" de M. F. Castagnet. El cuarto utiliza, la siempre difícil, crueldad de los niños con un ritmo y suspenso increíbles mostrando que siempre es el amor lo que nos lleva a los extremos.
Tomás Downey es uno de los mejores cuentistas argentinos contemporáneos y lo ratifica en cada nuevo libro que publica. Aquí se despacha con 4 cuentos largos (o nouvelles) en donde en 3 le da rienda suelta a algo que ya venía sugiriendo en sus dos libros anteriores (también muy buenos) pero acá lo potenció: la ciencia ficción enmarcada en cierta pátina naturalista al estilo Philip Dick, la serie Black Mirror o la película Children of men. 4 relatos ominosos en donde Downey va más allá de su formación como guionista (algo que se nota, para bien, cuando escribe) e intenta hacer vibrar ciertas cuerdas más sutiles (la autoreflexión, el monólogo interno, el narrador seco y parco alla norteamericana y el misterio de lo no dicho). En un contexto de pandemia que suma un halo aún más perturbador a la lectura de este libro, se vuelve una pregunta sobre el futuro inquietante y, a la vez, bellísima sobre la cual vale la pena detenerse.
EN este libro encontré historias, atrapantes por su trama, pero también profundas en sus posibles lecturas e interpretaciones. La escritura es bella y en la superficie está todo lo necesario para disfrutar de cada una de ella. Sin embargo, como si eso no fuese suficiente como razón para leer el libro, el sentir humano y la perturbadora realidad que se asoma detrás de las y los protagonistas y lo que les pasa, son riquísimos. Recontra recomendado, me encantó.
Son cuentos del futuro, muy sencillos en el sentido más noble dela palabra, su ritmo uniforme, sereno, sin drama, crea una atmósfera ambivalente de calma y tensión, por que algo tiene que ocurrir ¿no?, irremediablemente algo va a pasar, entonces la sencillez se vuelve desconcertante.
Espectacular, cada nouvelle se va superando, una mejor que otra. La escritura, el estilo, lo macabro. Cada uno de los relatos te deja reflexionando y maquinando. Pensando en la poca distancia social que hay entre la realidad y la ficción, entre la ciencia ficción y lo actual. Increíble.
La expectativa me jugó en contra con este libro. Quería disfrutarlo tanto como El lugar donde mueren los pájaros, una obra que me voló la cabeza el año pasado. Si "Flores que se abren de noche" fuese de otro autor, quizá me hubiera parecido formidable. El tema es que es de Tomás Downey y, de él, esperaba una conmoción similar a la que me provocó su segunda publicación.
En "Flores que se abren de noche" es notorio que, esta vez, el argentino se decantó por la ciencia ficción ¿realista? —si es que puede existir este término—. Ya se notaba esa vena CF en sus otros dos libros (y, aunque yo sea un fanático de la ciencia ficción, los cuentos que menos me gustaron en ese entonces fueron los que, justamente, abordaban el género). En este caso, todos se van por ese camino (siendo menos palpable en el primer cuento, el que le da título al libro). Son historias a lo "Black Mirror", donde las relaciones humanas están en el centro de la tensión. Amenas todas, sin duda; generan cuestionamientos intensos, muchos; nada más que, a mi parecer, no terminan de explotar como sucede en otros cuentos de Downey.
Me recomendaron mucho este libro y ahora se los recomiendo mucho, mucho yo. Son 4 cuentos largos, de unas 50 páginas cada uno, que no van a poder soltar. El libro abre con Flores que se Abren de Noche. Dos adolescentes viven en el Delta con una tía enojada, rencorosa, dolida y violenta. Ellos creen que son primos, pero no lo son, y su relación deviene en lo que ellos pueden y necesitan ser. Sus vidas están condicionadas por el pasado, el futuro incierto y el río, con el agua que se mete en todos lados, y limpia y destruye por igual. En CET, aparece el componente más distópico que llega para quedarse hasta el final del libro. Pedro y Lucas viven juntos, pero su pareja está al borde del abismo. Un día, meteoritos caen sobre la ciudad y de ellos aparecen CETS, seres "opaco(s), de forma tubular, y de una textura como de goma", sin "ojos, ni boca, ni ninguna abertura visible". Ellos observan desde su irrompibilidad cómo todo se desmorona y se reconstruye. En La Paciencia, una madre perdió a su hijo en un accidente de auto dos meses atrás. Pero existe la posibilidad de que ella sea requirente y su hijo un reanimado. Es decir, que lo revivan. Sin embargo, ¿es la persona la misma luego de haber estado muerta? ¿Quién está en ese cuerpo? En Hombrecito, una adolescente recibe como regalo de cumpleaños un Hombrecito, un juguete vivo que está dispuesto a dar su vida por ella. Muy onda Kentukis de Samanta Schweblin. Flores que se Abren de Noche es un libro que no vas a poder soltar; cuando te quieras dar cuenta, vas a llevar unos segundos reteniendo la respiración. Muy vibra Black Mirror, muy cinematográfico, mucha energía de acuario y escorpio, muy, muy bueno.
Una preciosa colección de 4 cuentos o nouvelles alrededor de lo extraño, lo siniestro. Me encantó cómo Downey maneja la noción de tiempo y espacio, cómo desdobla la narración de ciencia ficción y horror para mostrar la fragilidad, soledad e infinita melancolía que invade a sus personajes. Es un quiebre o una vuelta de tuerca sobre el cuento con dejos lejanos de Carver, lejanos del último Cortázar y extrañamente cercanos a Chejov.
Si el cuento homónimo se sitúa en el espacio del delta del Tigre, es solo para mostrarnos un inicio marginal, de frontera. Ahí se desdibuja el espacio cognoscible de lo unheimlich, lo siniestro. Pero, entiéndase que cuando menciono esta terminología alemana no lo hago pensando en Hoffman y su Hombre de arena, sino en la narración soviética de ciencia ficción (Aka. Solaris).
Y esto se debe a que, traspasada la frontera del primer cuento, los otros tres nos regresan a un espacio cognoscible (Buenos Aires o Argentina), pero desde futuros inciertos en los que conviven extraterrestres con humanos, cuerpos revividos, y muñecos vivos.
Ninguno de estos cuatro cuentos deja indiferente, todos en algún mpunto carcomen la melancolía del lector y lo desnudan, lo dejan expuesto a sentimientos que tal vez estén ocultos o circulando tímidamente en sí mismos. Creo que en ese sentido es revelador y poético (¿Acaso no es reveladora la buena poesía?) el título: Flores que se abren de noche, una belleza que despunta cuando nadie puede verla.
"Flores que se abren de noche" es el segundo libro que leo de Tomás Downey. Lo conocí por su traducción de "Un hombre con suerte" de Jamel Brinkley, publicada por Chai, una de mis editoriales favoritas. Después leí "El lugar donde mueren los pájaros", que también me gustó mucho.
Esta colección incluye cuatro cuentos que tocan temas como el coming of age, la familia, las relaciones, la maternidad y la infancia, entre otros. Lo interesante es cómo el autor introduce elementos fantásticos (criaturas extraterrestres, procedimientos médicos que reviven muertos, hombres miniatura) y los trata con total naturalidad, lo que permite explorar emociones muy humanas desde situaciones raras, pero creíbles.
Algo que valoro mucho es que, aunque los cuentos son largos (40–50 páginas), nunca se sienten pesados. Downey sabe mantener la tensión y el interés hasta el final.
Mi cuento favorito fue el que da nombre al libro, "Flores que se abren de noche". Curiosamente, es el único que no tiene ningún elemento fantástico, lo que hace que se sienta un poco fuera de tono con el resto, pero aun así, es uno de los mejores cuentos que he leído este año.
Con este libro confirmo que Tomás Downey es una de las voces más potentes del cuento latinoamericano actual. Quiero seguir leyéndolo.
Cuando uno escucha un disco nuevo de Taylor Swift, en el fondo está esperando encontrar un "All too well" o un "You belong with me". Pero a veces no hay nada de eso, pero sí te encontrás un "Seven" o un "You're on your own, kid".
Me pasa eso con Tomás Downey. Downey escribió el cuento más terrorífico y atroz que recuerdo haber leído, "La quinta". Y probablemente no vuelva a escribir otro cuento así de terrible.
Pero los cuentos de este libro están bien igual. Todos están atravesados por la misma tensión argumental: un elemento fantástico o de ciencia ficción, que irrumpe en la vida de los personajes y saca lo que todos tenían enterrado en lo profundo.
Me gustaron mucho estos cuentos; quizás mi preferido es el de la mina con el hijo muerto. Y sí, ya sé, ninguno es "La quinta". Pero no importa.