Los diarios inéditos de una de las fotógrafas chilenas más importantes.
Este libro reúne los diarios que Julia Toro escribió desde 1983 hasta el estallido social de 2019, y en ellos repasa los hitos de su vida y del ambiente artístico en los años ochenta, noventa y dos mil. Con una mirada sensible y aguda, da cuenta de sus aspiraciones y obsesiones, su visión de la fotografía, su vida como artista, sus frustraciones y su visión sobre la vejez, entre otros grandes temas.
En estos textos, íntimos y dispersos, acompañados de una serie de fotografías, la autora retrata momentos iluminadores con un ojo preciso que se fija tanto en la cotidianidad como en momentos claves de su biografía.
Me adentré a este libro esperando leer las reflexiones de una de las fotógrafas más importantes de este país, entender sobre su proceso creativo o encontrar alguna anécdota relacionada a su trabajo como fotógrafa. En cambio me encontré un texto de una profunda vulnerabilidad, donde la autora se muestra débil, insegura, herida y desde ese lugar utiliza el cuaderno como refugio.
Si bien mis expectativas no se cumplieron estos textos me dejan una lección muy importante y es pensar que las personas que admiro también se han sentido insuficientes, también dudaron de su trabajo y muchas veces no se sintieron valorados, muchas veces sintieron que su trabajo no estaba a la altura o sufrieron porque no les generaba ingresos. Este texto desde la vulnerabilidad reafirma uno de los rasgos más importantes de la obra de Julia Toro: es importante ser humano, sentir, conmoverse para poder hacer arte.
Adentrarse en la intimidad de una persona, conocer sus dudas y alegrías. Encontrarme con una lectura muy atenta, que entre sus comentarios sobre el hogar, los amores y su economía anota reseñas de los textos que leyó y las impresiones que estos dejaban en ella. Joyce, Pizarnik, Bolaño, Sontag van apareciendo como compañeros en el cotidiano. Y pienso en lo terapéutico que debió ser volcar sus emociones en papel, a veces me dan ganas de escribir un diario para tener esa autenticidad.
Y al final, me encuentro en sus reflexiones fragmentos con los que comparto: "Descubrí que para entender algo tienes que encontrar el ritmo de la escritura", "El fotógrafo tiene la misma función del poeta: eternizar el momento que pasa" y me voy convenciendo cada vez más de que el ejercicio literario y el fotográfico son hermanos, en cierta manera.
Diarios muy íntimos donde prácticamente se puede entrar en la mente de la fotógrafa Julia Toro. Después de leerlos uno comprende más lo difícil que es dedicarse al arte y también cómo una persona como Julia logro crear una de las obras más prolíficas de la fotografía chilena.